El año de la desconfianza

El año de la desconfianza

    La última encuesta del año de la consultora Opción sobre la percepción de los uruguayos acerca de la corrupción, reflejó la preocupación de los ciudadanos sobre el tema, y el modo en que el mismo se ha instalado en la agenda pública de nuestro país.

    El 66 por ciento de los consultados cree que existen prácticas corruptas en los partidos políticos y el 61 por ciento en el gobierno.

    Esas creencias se incrementan entre la gente joven. Son cifras altas y preocupantes que marcan un cambio negativo en las ideas de la población sobre el sistema político, en un proceso que constituye una amenaza para la democracia.

    Es decir, como dice el estudio, que si bien Uruguay ha tenido ventajas históricas en relación a otros países del continente, “hechos vinculados a la ética en el manejo de los recursos públicos representaron sucesos de elevada sensibilidad para la opinión pública uruguaya, afectando atributos centrales en una democracia representativa, como lo son la imagen de confianza y credibilidad de los partidos políticos y el gobierno”.

    Alguien poco informado podría preguntarse, qué ha pasado para que los uruguayos expresen hoy tal nivel de preocupación por la corrupción y la ética pública.

    Pero para el común de la gente la respuesta es sencilla: el encadenamiento de denuncias y hechos que invollucraron durante el año a protagonistas de primera línea de los tres principales partidos, ha generado una conmoción en la sociedad.

    El abanderado, por supuesto, fue el ex vicepresidente Raúl Sendic, quien en un hecho sin precedentes se vio obligado a renunciar luego de una serie asombrosa de acontecimientos que lo involucraron: desde el uso político de un título profesional falso, a la serie de engaños para defender lo indefendible, el uso y abuso de las tarjetas corporativas y su cuestionada actuación en ANCAP, con decisiones que involucraron multimillonarias pérdidas y son investigadas por la Justicia.

    Todo esto instaló la desconfianza y el rechazo en amplios sectores de la sociedad, incluyendo a votantes de izquierda. La desconfianza política se potenció por la actitud de organismos como el Plenario que llegaron a respaldar a Sendic lanzando virulentos ataques sobre presuntos conspiradores.

    Sin embargo fue el Tribunal de Conducta Política de la propia coalición que puso las cosas en su lugar y emitió un fallo contundente sobre Sendic y de algún modo salvó al Frente Amplio y le hizo cambiar el rumbo. El dictamen de la Junta de Transparencia y Etica Pública (JUTEP) añadió elementos demoledores.

    La renuncia de Sendic, determinó que no hubiera sanciones concretas de parte del oficialismo, hecho criticado desde la oposición.

    Pero el asunto de la corrupción había empezado temprano en 2017 y en otras tiendas, las del Partido Colorado.

    El escándalo desatado por el cierre del cambio Nelson, que determinó la prisión del diputado Francisco Sanabria, cayó como una bomba entre los colorados.

    Sanabria había financiado parte de la campaña electoral de Vamos Uruguay en las últimas elecciones y es hijo del fallecido Wilson Sanabria, un muy importante dirigente colorado, muy vinculado a círculos de poder. El Partido Colorado no demoró en su reacción y lo expulsó de sus filas.

    El último caso tiene que ver con el Partido Nacional y ha sido mal resuelto por los blancos.

    Se trata de las denuncias que involucran al intendente de Soriano, Agustín Bascou, favorecido por la recarga de combustibles de vehículos municipales en sus propias estaciones de servicio.

    Dados los antecedentes mencionados, el Partido Nacional debió haber tomado alguna medida contundente desde el comienzo.

    Tal fue el reclamo del senador Luis Lacalle Pou. Sin embargo la Comisión de Etica partidaria emitio un tibio fallo que sólo amonestó al intendente.

    Pero luego sobrevino el duro fallo de la JUTEP, frente a lo cual se reunió el Directorio y el caso volvió a la Comisión de Ética que incomprensiblemente sostuvo que la intervención de ese organismo no había incluido elementos nuevos que determinaron un cambio en la situación.

    Cuando muchos esperaban la suspensión temporal como forma de salida, se mantuvo la amonestación.

    Este episodio no ha hecho más que aumentar las tensiones dentro del Partido Nacional y el viernes pasado en La Mañana de El Espectador, el presidente del Directorio blanco, Luis Alberto Heber, fue contundente: quien divide al partido, sotuvo, es el intendente Bascou con sus actitudes.

    Estos tres episodios, muy diferentes entre si y de diferente nivel de gravedad, han tenido sin embargo el común denominador de crear en la gente una sensación que se refleja en la mencionada encuesta y que constituye una señal de alarma para todos los partidos, respecto a la necesidad de ser los primeros en autopurgarse; por ellos, y por un sistema democrático, que sigue mostrando fortalezas, en particular cuando se lo compara con lo ocurrido en la región.

    El año 2018, de todos modos, seguirá deparando novedades.