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Transparencia: entre Pablo Mieres y Byung Chul-Han

Transparencia: entre Pablo Mieres y Byung Chul-Han

Esta tarde la bancada Parlamentaria del Partido Independiente será recibida por el presidente Tabaré Vázquez a quién entregarán un documento con 9 medidas para fortalecer la transparencia del Estado. Los liderados por Mieres proponen fortalecer a organismos como el Tribunal de Cuentas y la Jutep; eliminar el uso de las tarjetas corporativas en el Estado; ampliar la obligación de hacer públicas las declaraciones juradas para legisladores, ministros, subsecretarios, directores generales de los Ministerios, intendentes Departamentales y directores de los Entes Autónomos y de los Servicios Descentralizados, asi como “extender la prohibición de los Directores de Entes Autónomos y Servicios Descentralizados para ser candidatos a todo el período de gobierno, para evitar la tentación del uso del cargo para promover una candidatura a cargos electorales”, entre otros aspectos.

En julio de 2014 Pedro Bordaberry, entonces candidato a la presidencia por el Partido Colorado, envió una carta a todos los candidatos proponiendo la suscripción de un Pacto Nacional y Declaración contra la corrupción y en favor de la transparencia, que abarcaba otros aspectos y en algunos casos eran más amplios que los que ahora propone el Partido Independiente.

Bordaberry adjuntaba a su carta una propuesta de 14 puntos que el definió “como a favor de la transparencia” que incluían asuntos muy interesantes como: aumentar el control ciudadano sobre el funcionamiento y resultados de la gestión de las entidades públicas; legislar en materia de enriquecimiento ilícito, tipificando dicho delito; impedir la prescripción de los delitos de corrupción en el ejercicio de la función pública; dotar de más poder a las Comisiones Investigadoras del Parlamento; fortalecer el Tribunal de Cuentas de la República; reformular la ley de acceso a la información pública N° 18.381 limitando la posibilidad de declarar confidencial o reservado los asuntos a consideración de las entidades públicas. Además proponía otras medidas que luego fueron puestas en marcha o están en proceso como: reformar la ley de financiamiento de los partidos; disponer que los Servicios de Inteligencia estén controlados por el Parlamento; independizar y jerarquizar a los fiscales separándolos del Poder Ejecutivo; reformar el Proceso Penal.

En el período pos dictadura han sido muchas las oportunidades en que la corrupción de sucesivos gobiernos estuvo a consideración pública y dio origen a decenas de procesamientos de jerarcas. 

Pero en los últimos tiempos, a partir de la gestión de Raúl Sendic en Ancap, su falso título y el uso que dio a la tarjeta corporativa, que terminó provocando su renuncia a la vicepresidencia de la República; el caso Cambio Nelson y los hechos de corrupción gestados por su fundador, Wilson Sanabria, que terminaron con el procesamiento y prisión de su hijo Francisco, también dirigente colorado y diputado suplente, o el caso del intendente de Soriano Agustín Bascou, que usó su cargo en beneficio propio, el tema corrupción quedó instalado en la agenda diaria.

Por eso nos parece interesante detenernos a analizar algunos aspectos filosóficos y políticos de la lucha por la transparencia.

Byung Chul-Han, uno de los filósofos más interesantes de este siglo, apunta en su ensayo “Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder” lo siguiente: "La reivindicación de la transparencia presupone la posición de un espectador que se escandaliza. No es la reivindicación de un ciudadano con iniciativa, sino la de un espectador pasivo. La participación tiene lugar en forma de reclamación y queja. La sociedad de la transparencia, que está poblada de espectadores y consumidores, funda una democracia de espectadores.

La sociedad de la transparencia no tiene ningún color. Los colores no se admiten como ideologías, sino como opiniones exentas de ideología, carentes de consecuencias. Por eso se puede cambiar de opinión sin problemas. Un día digo digo, al día siguiente digo Diego, y al tercero ni digo, ni Diego, sino Pedro. Desde la democracia digital de consumo por twitter y facebook se habla de generaciones amortizadas y desechables. Bajo este contexto, surgen partidos políticos que huyen de cualquier vínculo con las derechas o las izquierdas. Sus nombres son ambiguos y gelatinosos. Suelen referenciar actitudes alusivas al esfuerzo individual, a la suma de voluntades. Hay que ser positivos. En la mayoría de los casos son partidos "atrapalotodo". Tienen un punto de unión: su obsesión por la transparencia”.

Por su parte el sociólogo y analista político chileno Marcos Roitman afirma que: “desde hace algún tiempo, partidos políticos, instituciones y personalidades públicas reclaman transparencia, como si fuese la respuesta a todos los males de la política actual y supusiera el fin de la corrupción. Igualmente, la relación entre partidos políticos y democracia parece unívoca. La existencia de muchos partidos se interpreta como un síntoma del buen funcionamiento democrático. Un juego entre partidos que se disputan cargos públicos para gestionar fondos y controlar las decisiones del día a día en el marco de las estructuras de poder”.

Agrega que “a medida que el neoliberalismo ha ido asentándose cultural y socialmente, la política ha perdido su centralidad, reduciendo sus contenidos a una gestión y alternancia. Los proyectos, las alternativas y la creación de horizonte histórico desaparecen. El objetivo de los partidos y de sus representantes parece centrarse hoy en rendir cuentas de en qué, cómo, para y a quiénes se destinan los fondos que se manejan y, de paso, mostrar la desnudez económica bajo la fórmula de sueldos, salarios y declaraciones de la renta. El partido y sus dirigentes deben ser transparentes.

Fondos propios, donaciones, sueldos, pagos a terceros y gastos. Todo cae bajo esta denominación, declamando cuando se les acusa: "¡Soy transparente! ¡Acá esta mi declaración de la renta!". Para algo existen los asesores financieros: para hacer transparente lo opaco. Las sociedades interpuestas, las donaciones, las asociaciones sin fin de lucro y las fundaciones. Todas son legales y transparentes. Esta obsesión por la transparencia ha terminado por arrinconar la acción política y el papel de los partidos a rendir cuentas sobre sus fondos y pagos”.

“No pongo en tela de juicio la necesidad de rendir cuentas económicas” dice Roitman, “para eso los jesuitas inventaron los modernos libros de cuentas hace más de cinco siglos: debes y haberes. Por tanto, sean partidos políticos, bancos, universidades o comunidades de vecinos, todos deben tener su libros en orden. Podremos hablar de cajas B, de fondos reservados, de financiación ilegal, de mala administración, corrupción, apropiación indebida, desfalco, etc. Pero la función de los partidos políticos no es administrar fondos. Bajo este principio, un partido político sería democrático y transparente si su contabilidad está saneada, sin importar que patrocine golpes de Estado, designe a dedo sus candidatos, confeccione listas cerradas para sus direcciones y la democracia interna brille por su ausencia.

No todos los partidos políticos son democráticos, ni sus dirigentes se caracterizan por tener valores éticos acordes con una práctica democrática, donde se controle sus actos, se asuman responsabilidades y dimitan”.

“Bajo la bandera de la transparencia se oculta una gran mentira”, sostiene Roitman. “Una nueva generación reclama el traspaso de poderes y se proyecta como la élite política del recambio y la regeneración. Se definen como jóvenes dotados de cualidades hasta ahora desconocidas. Se consideran los aristócratas del saber y los elegidos por méritos. Currículum brillante que incluye doctorados, políglotas, emprendedores, expertos en redes sociales y el mundo digital. Se autodenominan la generación de "los mejor formados" de la historia. El poder les pertenece, se transforman en adalides de la lucha contra la corrupción y practican la política de la transparencia. La reclaman para desnudar las prácticas de los considerados políticos de la guerra fría”.

Algo de eso ocurre hoy en Brasil como lo reseñó en su edición dominical El País de España. “Con su desenfado juvenil y su aire pop, los chicos del Movimento Brasil Livre (MBL) parecían representar la cara de un país nuevo que rechazaba la corrupción y abogaba por el liberalismo económico, luchando a favor de la destitución de Dilma Rousseff. De la noche a la mañana se convirtieron en figuras nacionales. En poco más de un año su rostro ha mutado por completo. Lo que se presentaba como un movimiento de regeneración democrática es ahora una potente maquinaria que explota su habilidad en las redes para difundir campañas contra artistas, hostigar a periodistas y profesores señalados como de extrema izquierda o defender la venta de armas. Además de una legión de internautas, cuentan con poderosos apoyos como los alcaldes de São Paulo y Porto Alegre”.

Pablo Ortellado, profesor de Gestión de Política Públicas en la Universidad de São Paulo dijo: "Este tipo de guerras culturales está ocurriendo en todo el mundo, sobre todo en EEUU, aunque aquí tienen colores propios. Se aprovecharon los canales de comunicación organizados durante las movilizaciones por la destitución de Rousseff. Surfeando esa ola, se ha creado un nuevo movimiento conservador con un discurso antisistema y muy oportunista, porque que ni ellos mismos creen muchas cosas de las que dicen. Pero es extremadamente preocupante”.

El sociólogo Roitman sostiene que “la transparencia no guarda vínculo directo con la práctica democrática. Quienes se rasgan las vestiduras exigiendo transparencia y se vanaglorian de serlo no reclaman transparencia cuando se trata de explicar con quién se reunieron, qué acordaron, quienes deciden la agenda y cuál fue el proceso de negociación para nombrar cargos. Hablamos de la llamada "cocina política", del poder, cuyo cartel en la puerta es claro: "Reservado el derecho de admisión".

Así, reclamar la transparencia del dinero a través de preguntas como ¿cuánto gana un político? ¿cuál es su estado de cuentas bancario? ¿qué propiedades posee? ¿dónde pasa las vacaciones? o ¿qué compra?, no hace democracia, ni genera una sociedad más libre y participativa. Simplemente explota la transparencia obscena del capital como relación social. Más transparencia del capital conlleva menos democracia participativa. Su reivindicación nada tiene que ver con un proyecto afincado en la participación, la mediación, el dialogo, la coacción, el conflicto, la negociación y la representación”.

Que de eso, efectivamente, trata la democracia.

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