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Ancap: cuando sobraba la plata

Ancap: cuando sobraba la plata
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En un día clave para la megacausa Ancap, Carlos Peláez repasa los detalles de la historia que terminó en la Justicia.

Breve historia previa

El contador Alberto Praino, el Beto, es un tipo singular. Lo conocí en 1983, era un joven batllista que enfrentaba a la dictadura en la calle. El tiempo nos hizo amigos. Fue director de Hacienda durante el gobierno del intendente colorado  Benito Stern (1985-1989) y cada vez que lo veo nos reímos de lo mismo: llegó a la intendencia en un Fiat 600 y se fue en el mismo auto cuatro años después.

Luego Stern lo llevó como director de Secretaría al Ministerio de Turismo. Y renunció harto del manejo arbitrario del dinero público que hacían algunos jerarcas de su propio partido.

Años más tarde asumió como intendente Oscar De los Santos, otro a quién conocí al final de la dictadura como dirigente sindical. Llegó a la intendencia en un viejo Chevette, al que años después tuvo que cambiar por otro usado modelo 90, porque era común verlo empujando su coche por la carretera camino a la misma casa de San Carlos donde vive hoy.

A veces las diferencias políticas impiden ver estos pequeños detalles que hacen también a la concepción republicana de un gobernante y de los que hay, por suerte, muchos ejemplos en todos los partidos políticos.

Lo pongo en blanco y negro, porque el caso Ancap nos muestra todo lo contrario. Allí en nombre de imprescindibles transformaciones algunos jerarcas actuaron con impudicia en el manejo de dineros públicos.

Se sintieron dueños y señores manejando esos dineros sin ningún criterio de austeridad en un país donde cada peso es imprescindible. Hicieron cuestionables negocios y favorecieron especialmente a sus correligionarios.

Y lo peor, el gobierno tuvo que hacer un ajuste fiscal para enfrentar el déficit que dejaron y aún hoy tenemos un combustible caro que sirve para equilibrar las finanzas de la empresa pública.

Pero no sólo eso. Cambiaron sus autos por modelos alta gama; viajaron por el mundo entero sin que sepamos la importancia de cada destino; reventaron sus tarjetas corporativas comiendo en restaurantes a los que no irían si tuvieran que pagarlos ellos; se alojaron en los mejores hoteles.

Es decir no cambiaron al sistema, el sistema los cambió a ellos.

O como escribió hoy un dirigente de FANCAP: van a cargar toda su vida con la responsabilidad de crear las condiciones para que se cumplan los sueños neoliberales.

 

La radio de Quebracho

El ex presidente de Ancap José Coya insistió ayer en responsabilizar a Pablo Bernengo, Gerente de Relaciones Institucionales, por la adjudicación de 5.000 dólares de publicidad a la radio comunitaria La Propia.

“Todas las resoluciones tomadas por el directorio, fueron tomadas con los informes correspondientes del área técnica”, dijo Coya.

Pero Bernengo había declarado en el mismo juzgado que “Presidencia nos envió un mail diciendo que arregláramos con la radio Quebracho para tener un espacio preponderante por US$ 5.000 en la programación de la radio. Nosotros hicimos la resolución del directorio formal que se hace siempre, eso llegó al directorio, la presentaron y la votó todo el directorio”. Y su abogada presentó una copia del mail como prueba.

Coya negó conocer a alguien de la radio.

Sin embargo el asunto es más grave que los 5.000 dólares. Primero porque Ancap no solía comprar publicidad en radios comunitarias. La Propia es dirigida por un integrante del Partido Comunista que fue candidato a Alcalde de Quebracho y que transmitía con equipos artesanales. Pidieron ese dinero para comprar equipos nuevos y el 29 de mayo del 2014 Ancap se lo adjudicó.

Hubo solo dos radios comunitarias que recibieron publicidad de Ancap, aunque en todo el país funcionan legalmente algo más de 80. El otro caso es el de una radio de La Teja y estaría justificado. Pero el caso de La Propia revela lo que claramente constituye tráfico de influencias. Le dieron dinero a un correligionario y candidato, para que comprara equipos nuevos. Con nadie más hicieron eso.

En esos años las radios comerciales del interior habían hecho un planteo público porque Ancap, entre otros entes, adjudican toda la publicidad a radios montevideanas.

 

El negocio de la cal

Este debe ser el peor de los ejemplos. Un empresario brasileño, que tenía excelentes vínculos políticos con el director de Eletrobrás, investigado por corrupción  en Petrobras,  le trae a Ancap un negocio nuevo en el que nunca había incursionado: vender cal.

Pero se trataba de un proyecto a largo plazo con el objetivo de  mitigar los efectos que generaba la lluvia ácida de Candiota. Ancap se lo deriva a Cementos del Plata pero en su razón social  no figuraba esa posibilidad por lo que operaron ilegalmente durante 5 años.

Mientras se construían las plantas tuvieron que salir a comprar  cal a competidores uruguayos. Pero como no era de la calidad requerida, Ancap fue multada en algo más de 9 millones de dólares que nunca cobró a sus proveedores.

La inversión total en dos plantas llegó a casi 150 millones de dólares. Pero la semana pasada el ex director Juan Gómez sostuvo que los análisis financieros estimaban una ganancia anual de 2 millones de dólares. O sea que con suerte en 75 años Ancap recuperaría la inversión. Además de ser cautiva de un solo cliente.

El mismo empresario brasileño logra que sin licitación se contrate a su propia empresa, Pleno Verde, para toda la logística de transporte. Pero no tenía camiones y para eso subcontrató a la empresa brasileña Thema.

Como la construcción de la planta se demoró y el negocio no tenía el volumen comprometido, Pleno Verde le pidió a Cementos del Plata un adelanto de 2.500.000 de dólares para seguir operando y Coya lo avaló y justificó ayer señalando que “El proyecto de la cal tenía como principal fundamento el de valorizar especialmente las materias primas de piedra caliza en abundancia que existían en Treinta y Tres. Ese fundamento es importante porque deviene en que un proyecto de esa naturaleza, acordado bajo la lógica de un cliente preferencial y de largo plazo, como la venta de cal a Brasil, requería que todos sus elementos principales como el funcionamiento de la logística, no se cayeran, de otra forma el riesgo del buen desarrollo del proyecto podía ser crítico”.

Este relato, extraído de las actas de las declaraciones en Crimen Organizado, muestra que la improvisación fue el eje central del denominado Plan Estratégico. Improvisación que se llevó parte de  los dineros públicos, que por entonces fluían a raudales gracias al convenio firmado con PDVESA como ya explicamos la semana pasada.

Tanto que el incremento de costos en la construcción de las plantas, fue justificado por algunos jerarcas en que “desconocían las normas ambientales reclamadas por DINAMA”. 

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