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Cataluña: no todo es como parece

España atraviesa una importante crisis política luego del referéndum del pasado domingo en Cataluña. El gobierno catalán anunció que en pocos días declarará su independencia.

Pero detrás de las razones que tienen millones de catalanes, podrían esconderse otras que sirven a los intereses de su oligarquía. 

El principado de Andorra es un pequeño estado ubicado en la frontera de Lérida, a 40 minutos en auto desde Barcelona. Ubicación ideal para un paraíso fiscal como lo era ese principado hasta diciembre del 2016, cuando su gobierno decidió liquidar el secreto bancario para cumplir con las normas fiscales de la Unión Europea. 

Según fuentes oficiales, los bancos de Andorra guardan unos 30.000 millones de euros (casi la deuda externa uruguaya) provenientes de depósitos no declarados de políticos, empresarios y funcionarios catalanes. Extraoficialmente la cifra sería muy superior. 

El próximo 1º de enero, las autoridades fiscales españolas estarán habilitadas a requerir esa información a los Bancos del principado, siempre y cuando, Cataluña continúe perteneciendo a España. Pero si fuera un país independiente y con destino incierto en la Unión Europea, quedará fuera del alcance de esas normas antilavado. Una buena razón de los poderosos para alentar las ansias independentistas. Mientras tanto, los catalanes agitan sus banderas y lo mismo hacen los españoles.

A propósito de banderas, la escritora española Almuneda Grandes, columnista habitual de El País de España y autodefinida como “votante de Izquierda Unida”, escribió el pasado lunes:

“Es la hora del patriotismo, el momento de arremangarse, de trabajar por el país, por el bienestar y el progreso de sus ciudadanos. Porque, más allá del múltiple desastre de ayer, lo que nos angustiaba y preocupaba hace unos meses, sigue estando ahí.

Las banderas han tapado los procesos por corrupción, los asesinatos machistas, la explotación de los trabajadores precarios, la amenaza yihadista, la degradación de las inversiones públicas, las carencias que entorpecen la labor de la justicia, la falta de inversión en la educación pública, las consecuencias de los recortes en Sanidad, los catastróficos efectos del cambio climático, las penurias de una multitud de trabajadores que cobran tan poco que su salario no les permite salir de la pobreza, la tragedia de todos esos miles de refugiados que, de la noche a la mañana, han dejado de existir para quienes han decidido envolverse en su bandera, rojigualda o estelada, lo mismo da porque, al cabo, todas son iguales.

Todas han sido fabricadas en China por los mismos desgraciados, que han cobrado la misma miseria por confeccionarlas. El proceso independentista catalán ha incrementado la cifra de negocio de los bazares orientales en todo el territorio español pero ahora, al otro lado del 1-O, ha llegado la hora del patriotismo, y por eso me dirijo a sus clientes para pedirles que descuelguen sus banderas de los balcones y se comporten como patriotas de una vez.

Si detrás de cada fachada engalanada vivieran personas comprometidas de corazón con el progreso de su nación y la felicidad de sus gentes, no estaríamos a la merced de políticos corruptos, ineptos e irresponsables, como los que nos gobiernan gracias a los votos de tantos millones de aficionados a las banderas”.

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