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Opiniones ajenas no tan ajenas

Opiniones ajenas no tan ajenas

Ayer lunes estallaron los comentarios de ciudadanos, periodistas y dirigentes políticos a propósito de la renuncia de Sendic y las declaraciones del doctor Tabaré Vázquez. Nos pareció interesante compartir algunas pocas de ellas, porque aportan un punto de vista de reflexión.

Vergüenza

Lo de Tabaré Vázquez es inaudito, ¿En que quedó aquello que proclamó de que iban a cortarle el brazo al que metiera la mano en la lata? ¿Se le olvidó lo que dijo? Me da verguenza comprobar cómo se ha ido deshilachando el Presidente de la República. Y ni que hablar de Mujica. Es tan o más grave que lo de Vázquez. Y lo peor de todo, es que si Mujica se presenta, muy probablemente sea electo nuevamente como Presidente. Aunque me gane enemigos, lo voy a decir claramente: antes que votar a blancos, colorados, rosaditos, etc, prefiero perder las manos. Pero tampoco voy a votar a los que defienden a los corruptos. Terminaré votando en blanco o al partido ecologista. Tabaré Vázquez hoy ha parido una nueva versión, pero más ampliada y repulsiva, de la embestida baguala de Lacalle, cuando defendió a Braga, a Cambón, a Ovalle, etc. Es exactamente lo mismo, pero desde el punto de vista ético es mucho peor, pues en los comienzos el Frente fue el campeón de la ética, de la honradez y de la moral. Y vean hoy en lo que terminamos. Verguenza hay que sentir, verguenza. Se me van las esperanzas de que alguien en el frente reaccione ante tanta corrupción e insensatez, y levante nuevamente los viejos valores que dieron nacimiento al viejo Frente Amplio, al que que queremos. Como dijo Don Quijote de la Mancha: cosas veredes Sancho. Y me estaba olvidando: que aquellosas que dijeron que si se iba Sendic se iban con él, cumplan con su palabra... si es que la tienen.


No aprendieron la lección

Recuerden que la URSS implotó y se derribó como un castillo de naipes. No la tiró USA, que sí complotaba para hacerlo. Ni la cantidad de millones que tenía la CIA para el mismo fin. No la hizo caer su enemigo, el capitalismo, que también existía y operaba en su contra. Nada de todo ello, que efectivamente existía, fue la causa. La destruyó el abismo que existía entre los sueños, las promesas y las realidades. La derrumbó la lejanía existencial de los dirigentes con los dirigidos. La hizo caer la lucha pornográfica entre los poderosos de un bando y los del otro. Lucha que un día la inmensa ciudadanía se preguntó qué tenía que ver son sus vidas cotidianas y descubrió que nada. La desaparición de la URSS es una gran lección de la que, al parecer, pocos aprendieron algo.

Cuando el dinero compra todo, hasta una banca

En Uruguay podés comprarte una banca en el poder legislativo, hacer carrera política, o política como si fuese una carrera, y no es necesario ser una Verónica Alonso o un Novick para hacerlo. Hace tiempo que lo puede hacer cualquiera en el partido de izquierda, el que gobierna. Porque entre las nuevas formas de hacer política que el FA asimiló, el dinero juega un papel fundamental en cada campaña. Ya no importan tus ideas o propuestas. Ya no es necesario tener un montón de compañeros organizados y discutiendo, militando, tratando de convencer al electorado. Muchos grupos ya no creen que la forma colectiva sea la más eficiente para ganar votos, y mucho menos, que esta forma tenga algún valor en sí misma o que aporte a la calidad de nuestra democracia. Solo precisas dinero para convertirte en un producto atractivo y bien exhibido en la góndola electoral. Y el analfabetismo político que se expande cada vez más por nuestro pueblo (quizá intencionalmente) prepara y nutre el terreno para que estos personajes lamentables crezcan fuertes y lozanos.

El caso más resonante es el de nuestro flamante exvicepresidente. Porque yo todavía militaba en el Frente cuando la 711 sorprendió con una cantidad increíble de votos en aquella interna, los votos que luego iban a respaldar a Sendic como posible integrante de la fórmula presidencial. Eso se logró con dinero. Con mucho dinero. Es que no se explica (o al menos no se explica sin el factor dinero) cómo una persona con las aptitudes (y actitudes) políticas similares a las de un niño de ocho años pudo generar tanto apoyo. La 711 movió platales en la calle. Hubo un despliegue impresionante, una mesita de cartonplast en cada esquina con un militante jornalero repartiendo "la lista de Sendic". Estos militantes paradójicamente son fáciles de conseguir entre el pobrerío que la izquierda no logra erradicar.

Con esa intensidad de presencia en la calle se veía venir una buena votación de la 711. Claro que llegado el día de las internas ninguno de estos miles de militantes a sueldo fue mandatado a colaborar en la estructura del movimiento frenteamplista. Su causa era Sendic persona, Sendic producto vendible y nada más. Dicen las malas lenguas que todo ese dinero provenía de "donaciones" de empresas muy "agradecidas" con Sendic por múltiples negocios provechosos concretados con ANCAP. Dicen. Es que no se explica cómo un bobo proverbial al que nunca vimos cómo se le caía una sola idea lograse tanto apoyo. Pero Sendic era el producto perfecto; era "joven", buen mozo, la aparente sencillez de sus declaraciones disimulaban bastante bien su falta de seso, no hablaba de ideología, esa cosa tan aburrida e innecesaria y tenía además el componente mítico y la vinculación con la historia de nuestra izquierda que le daba el apellido Sendic. Los muchachos de marketing y los colores del Frente se encargaron del resto. Nunca faltaron los avivados que sabían bien como explotar esa figura.

Fue más o menos así el ascenso de este tipo. Un compañero ideal y dócil para un Tabaré que prefiere siempre tener al tupamaraje lo más lejos posible. Nadie pensaba que aquel famoso "abrazo con las culebras" era el principio de la descomposición irreversible de los principios frenteamplistas y de una forma diferente de la cultura política dentro de la democracia burguesa. Los izquierdistas de Rolex pueden llegar en su Audi a ocupar altos cargos de gobierno así de fácil y con más derecho que organizaciones políticas formadas por miles de personas preocupadas por la discusión y transformación real de nuestra sociedad. O por lo menos con más derecho que muchos compañeros más capaces y con una ética bien diferente. El dinero da poder y esto no es noticia. Y en la vuelta andan varios Raul Sendic todavía. Más que andar asustando con el cuco de la vuelta de la derecha al gobierno, habría que fijarse las prácticas de derecha que se dan dentro del FA y ahí sí, asustarse. Porque da miedo.

En esa de que cualquier monedita sirve está la clave de la degradación de la expresión política de nuestro pueblo. No sé por qué preocupa tanto la vuelta de la derecha si en realidad lo preocupante es como está ganando terreno a buen ritmo en el partido que gobierna. Se puede obrar libremente como la derecha bajo la bandera del Frente y no pasa nada. Incluso se puede gobernar como la derecha y no pasa nada. Ya no se sabe bien cual es el proyecto a defender porque casi no hay trabajadores discutiéndolo. Y ahí es que se vuelve difícil imaginarse una ciudad construida y formada únicamente por cúpulas que se sostienen en aire. Es difícil pensar cómo se van a sostener más tiempo. Creo que va a hacer falta mucho dinero para el cartonplast y la mano de obra barata, y ese dinero va a aparecer porque muchos grandes empresarios ya se están avivando de cual es su partido.

ACLARACIONES: La derecha no va a ganar las próximas elecciones por las opiniones que acabo de compartir. Se los aseguro. No sean boludos. No soy nadie. Eviten sus reproches porque ni yo soy Yoko Ono ni el Frente Amplio son los Beatles. Solo quería recordar en voz alta esta historia, sin mencionar que la 2121 sigue a la cabeza en la tabla de procesados y que cada vez veo más gente viviendo en la calle. La unidad de la izquierda es una cosa muy linda pero con estos tránsfugas no se puede ir ni a la esquina, porque izquierda es otra cosa. Y digo todo esto sin antes preguntar si hoy en día es posible autoproclamarse de izquierda sin cuestionar el capitalismo.

La izquierda después de Sendic

El columnista de La Diaria, Fernando López D’Alesandro, también publicó hoy su opinión:

"José Mujica es el primer derrotado. Asombró su ligereza durante todo el proceso. Supuso que no iba a pasar nada, supuso que las bases del Frente Amplio (FA) pondrían paños fríos a lo que era una erupción volcánica. El expresidente no calibró ni la gravedad de los hechos ni el carácter de la militancia frentista. Al fin de cuentas, sabedor de que la estructura se conserva por ficciones y que sólo ofrece una sobrerrepresentación al Movimiento de Participación Popular y al Partido Comunista, Mujica supuso un alineamiento automático que salvaría a su delfín. Dos realidades golpearon a Pepe: una fue que primó el principio de realidad sobre la fuerza del dogma y de la autoridad; la otra, que Raúl Fernando cotizaba tan bajo que ni él podía levantarlo. Sucedió algo muy llamativo: el Tribunal de Conducta Política (TCP), por unos días, fue el FA. Su veredicto, contundente y unánime, no daba lugar a dudas. Así, el TCP fue el penúltimo dique de contención del frenteamplismo. Si no se lo acataba, si no se aceptaba su resolución, ¿para qué existía la institucionalidad del FA? El último dique fue la militancia de la estructura. Añosa, desgastada, envejecida en su vida y en sus concepciones, la gente de los comités de base tomó la realidad por el cuello y marchó con ella, generando una correntada de rechazo a Sendic y de apoyo al TCP tan asombrosa como inesperada. ¿Por qué? Angelo Panebianco sostiene que en los momentos de grave crisis política, cuando la base fundante de los partidos se ve cuestionada, las organizaciones tienden a volver a su pacto fundacional, a la búsqueda de su esencia primigenia. Los últimos 40 años están llenos de ejemplos, y la crisis de Sendic sintoniza con esta hipótesis".

El columnista agrega: "La ortodoxia tradicional hubiera barrido bajo la alfombra y apoyado al "compañero atacado, en las buenas y en las malas”, pero se optó por no negar y aceptar lo inevitable. Sin querer, la gente generó una nueva regla, que se podría expresar así: "No somos puros, pero nos diferencia la manera en que resolvemos los hechos de corrupción". Y al hacerlo, el FA se salvó a sí mismo. "Luis debe morir para que la nación viva", sentenció Robespierre al fundar su voto a favor de la ejecución del rey. Sería una exageración suponer una veta jacobina en la decisión de las bases, pero la tentación del símil es demasiado fuerte. Quien escribe escuchó en estos días a militantes decir una y otra vez: "Hay que salvar la herramienta".

Nada pudo hacer Mujica ante esta realidad que no vio ni previó. Cuando todo se caía, adelantó la posibilidad de su candidatura para 2019, como amenaza, como revancha, como chantaje o como una advertencia, en una suerte de foquismo electoral del siglo XXI. Ya ni siquiera esa posibilidad espanta, lo que profundiza aun más la derrota política del ex presidente. El domingo post mortem, su análisis no fue más allá de la preocupación por los votos que se podrían perder en el Parlamento si el grupo de su heredero frustrado entrara en rebeldía. Algo poco trascendente, teniendo en cuenta que su partido se salvó de un abismo sin retorno".

El golpe a Mujica es, también, un porrazo a un estilo, a una concepción de la política de izquierda. No sólo cayó la ligereza de los juicios, la superficialidad del análisis o la subestimación de la gente, la crisis de Sendic pone sobre la mesa una serie de cuestiones que la izquierda debería empezar a solucionar definitivamente.

La resolución del Plenario y la renuncia del vicepresidente fortalecieron al FA. Ese 20% que las encuestas mostraban alejado, potenciales votos en blanco, estaba a la espera de una decisión acorde con la esencia fundante del FA y de la izquierda. La señal del oficialismo, para adentro y para afuera, es altamente positiva: muestra a las claras que estamos en un sistema en el que gobiernan las reglas y no los hombres, en el que el peso del liderazgo tiene "el freno de la ley" que nos iguala y nos protege. Pero este hecho, al parecer tan simple, tiene grandes implicancias en el desarrollo de la izquierda y condensa cuestionamientos a la burocracia, a la ortodoxia, al caudillismo, a la militancia y a las "garantías del contrato".

El gobierno de leyes es un gran avance como herramienta de transformación social, y será desde ahí que se radicalizará la democracia en sus múltiples dimensiones. El caudillismo es un atraso que nos retrotrae a la tiranía, que es uno de los pilares del totalitarismo. La izquierda del siglo XXI no aspira a una sociedad militante, por imposible y porque las experiencias han sido nefastas. Y para no caer en esto, el mejor antídoto es concebir y apoyar una izquierda ciudadana, que asuma lo plural, lo diverso, lo alternativo y, principalmente, la legalidad como forma de gobierno. La representación debe ser más que la militancia. El peso de la gente decidiendo con su voto debe ser más importante que la permanencia en un local o la concurrencia a reuniones los jueves y a comisiones el resto de la semana. La crisis de Sendic refleja que triunfó la legalidad sobre la ortodoxia clásica, y que, al fin y al cabo, los frentistas no confunden compañero con cómplice".

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