Columna de Alfonso Lessa

Lula y "la única forma de gobernar Brasil"

Lula y "la única forma de gobernar Brasil"
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No por esperada, la condena del ex presidente Lula a nueve años y medio de prisión por corrupción, dejó de generar un enorme impacto en Brasil, con amplia repercusión regional e internacional.

La condena despertó las inmediatas y obvias reacciones de un lado y otro -algunas demasiado simples y ramplonas- entre quienes ven detrás de la resolución judicial una gran confabulación, y los que festejan la decisión de la Justicia.

El impacto local e internacional tiene que ver con la dimensión que alcanzó Lula, primero como opositor a la dictadura, y luego como líder político y presidente.

Lula surgió con fuerza durante fines de los setenta y los años ochenta cuando se le comparaba con Lech Walesa: eran dos figuras emergentes que desde sus respectivas sindicatos, enfrentaron dos dictaduras, aunque de signo contrario. 

Walesa contra el gobierno comunista de Polonia -fue incluso una figura clave en el proceso de derrumbe de todo lo que suponía el Muro- y Lula contra la dictadura militar brasileña. En aquellos años, por ejemplo, la revista Opción (clausurada por la dictadura uruguaya) hizo esa comparación en una de sus tapas, reiterando un paralelismo que se realizaba a nivel internacional.

 

LIDERAZGO DESTACADO

Lula demostró luego ser un hábil político: desde un discurso ético, de cambio y justicia social, edificó el Partido de los Trabajadores (PT), una tarea casi titánica en un país como Brasil con un débil sistema de partidos y el poder muy distribuido entre sus estados.

Así fue como logró llegar a la Presidencia en 2003 en medio de una gran expectativa de cambio por quienes le votaron y temores de otros sectores políticos y empresariales. Nunca llegó el caos que le anunciaban los agoreros y por el contrario condujo al Brasil por una senda de estabilidad incorporando a una masa muy importante de brasileños a niveles de vida que nunca habían conocido.

El autor de esta nota, estuvo en esos días invitado por el nuevo gobierno junto a un grupo de periodistas de varios países latinoamericanos, tanto en Brasilia como en otras ciudades. La visita incluyo entrevistas con ministros y otras autoridades.

La ilusión era muy grande. Y también la idea de lograr un vuelco ético y un cambio en ciertas costumbres de la muy compleja política brasileña. Pero allí, sin embargo, estuvo el paso en falso y el comienzo del tobogán que condujo a la actual situación: el PT, Lula y Dilma no pudieron escapar a un modo de gobernar que tiene a la corrupción incorporada hasta la médula.

Y, más allá de las eventuales responsabilidades penales, terminaron absolutamente metidos en ese mundo. Esa puede ser, para muchos brasileños, la gran desilusión.

 

SOCIOS Y NO ENEMIGOS

El procesamiento y la prisión de miembros del gobierno, funcionarios, dirigentes de distintos partidos y empresarios, demuestran la profundidad del fenómeno. Para empezar, el PT eligió como socio al PMDB, el partido por excelencia del poder, el mismo que estuvo asociado a todos los gobiernos desde el regreso a la democracia.

Era, de hecho, el partido que representaba por muchas de las cosas que criticaba duramente la izquierda brasileña.

Para ir a lo más reciente: no es que Temer fuera enemigo de Dilma: fueron socios, formaron parte de la misma fórmula presidencial, recorrieron abrazados el Brasil pidiendo el voto y la confianza de los brasileños.

Hoy, aquella sociedad se ha derrumbado afectando con esa caída, a la democracia y la institucionalidad del Brasil.

 

EL FUTURO

Lo que habrá de pasar en el futuro es una incógnita, incluso los eventuales efectos de estos hechos sobre Lula, si es que puede presentarse como candidato:  ¿Se verá perjudicado por la condena o favorecido desde una postura de víctima de una supuesta conspiración?

Es cierto que Lula encabeza las encuestas, pero por el momento no arrasa: tiene un 30 % de intención votos, seguido con 16 por ciento por el ultraderechista Jair Bolsonaro y otros candidatos con menor porcentaje. Pero además, no debe olvidarse que apenas se produjo la destitución de Dilma, el PT recibió una paliza en las elecciones municipales, en las cuales incluso perdió en San Pablo, feudo de Lula.

En medio de estas dudas, la periodista Marcia Carmo, que cubre la información de Brasil para varios medios prestigiosos, introdujo un elemento más para entender la situación: explicó en La Mañana de El Espectador, que existe un “lulismo” que va más allá del PT.

El caso plantea preguntas cruciales: La condena de Lula ¿es un golpe a la democracia? O por el contrario ¿constituye una demostración de salud democrática a través de la separación de poderes?

La Justicia y el futuro terminarán de demostrar el papel de Lula: Lo que si parece imposible, es que en medio de tanta corrupción, no supiera nada.

 

LA ÚNICA FORMA

En el libro “Una oveja negra al poder” de Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz, el ex presidente José Mujica se refirió directamente al tema. “Lula no es un corrupto como sí lo era Collor de Mello y otros ex presidentes brasileños”, señaló.

Mujica contó “que Lula vivió todo ese episodio con angustia y con un poco de culpa. El libro sigue: <“En este mundo he tenido que lidiar con muchas cosas inmorales, chantajes”, les dijo Lula apesadumbrado a Mujica y Astori, unas semanas antes de que asumieran el gobierno de Uruguay.

“Esa era la única forma de gobernar Brasil”, se justificó Lula. El ex presidente brasileño también les explicó el “mensaláo”, el pago de coimas a legisladores para aprobar determinadas leyes, lo que derivó en un escándalo y jerarcas en prisión.

Habían ido a visitarlo a Brasilia y Lula sintió la necesidad de aclarar la situación. “El mensaláo también es este país, todo es a lo grande”. Mujica se refirió a esas coimas.

“El mensaláo es más viejo que el agujero del mate”, opina Mujica. Grandes políticos de la Historia debieron recurrir a mecanismos similares. “A veces, ese es el precio infame de las grandes obras”…

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