25.04.2002






¿Qué fue de Mariana Zaffaroni Islas?

OJOS GRANDES

¿Se acuerdan de aquellos dos ojazos que de tan azules parecían negros y nos miraban desde carteles y afiches en las marchas por los desaparecidos?

Eran los ojos de Mariana Zaffaroni, una niña que fue secuestrada junto con sus progenitores en Buenos Aires el 27 de setiembre de 1976, cuando tenía 18 meses.

Sus padres, Jorge Zaffaroni y María Emilia Islas, integran la nómina de uruguayos desaparecidos en Argentina luego de haber sido enviados al tristemente célebre centro de tortura Automotores Orletti.

Desde el momento del secuestro, las dos abuelas de la niña organizaron la búsqueda de Mariana, respaldadas en la capital argentina por las Abuelas de Plaza de Mayo.

Tras una serie de peripecias, idas y venidas, Mariana fue ubicada 16 años después, en junio de 1992, y un fallo del juez federal de San Isidro, Roberto Marquevich, le restituyó su verdadera identidad.

Durante todo el tiempo en que Mariana estuvo desaparecida y viviendo bajo otro nombre, su caso fue emblemático para los familiares de los desaparecidos.

Tan emblemático como el caso de Simón Riquelo.

Por eso, el mes pasado, cuando se confirmó que había aparecido Simón y cuando, afortunadamente, el reencuentro con su madre resultó tan sereno y sencillo, muchos de ustedes deben haberse acordado de aquel otro emblema, de Mariana, cuya localización en Buenos Aires fuera tan traumática, incluyendo roces fuertes con su familia biológica.

Muchos de ustedes deben haberse preguntado: ¿Qué fue de la vida de Mariana Zafaroni?

Hace casi 10 años que no se informa sobre ella, pese a que, en su momento, Daniela -como insistía en seguir llamándose- fue objeto de una gran cobertura mediática; una cobertura quizás excesiva, en la que aquella niña, ahora ya una mujer, hizo lo imposible por escapar a la persecución de cámaras y micrófonos.

La historia

Los padres adoptivos de Mariana inscribieron a la niña como hija propia, con documentos falsos bajo el nombre de Daniela Romina Furci.

Las primeras denuncias públicas de la desaparición de Mariana fueron dadas a conocer en Buenos Aires en los diarios "Crónica" y "Buenos Aires Herald" en la semana del 8 al 15 de octubre de 1976.

En enero de 1983, el diario "O Estado de Sao Paulo" publicó una entrevista con un ex integrante de la argentina Secretaría de Informaciones del Estado (Side), quien declara que la hija de un matrimonio uruguayo -secuestrado en Argentina y trasladado con destino incierto- ha sido adoptada por un oficial argentino.

El 20 de marzo de 1983, el diario Clarín de Buenos Aires publicó un espacio contratado con la foto de Mariana en el que se pide información sobre el paradero de la niña.

Pasaron tres meses, y en junio de 1983 un anónimo denunció a Miguel Angel Furci, agente de la Side, como sospechoso de haberse apropiado de una niña cuyas características físicas son similares a las de la foto publicada en la solicitada de "Clarín".

Recién en enero de 1985 la Justicia, a través del juez federal Alberto Piotti, ordenó la realización de pruebas de sangre para probar la filiación de Mariana.

Pero a partir de junio de ese año Miguel Angel Furci y su esposa Adriana González de Furci logran evadir la requisitoria judicial, cambiando constantemente de domicilio y de identidad.

Un año y medio más tarde (a mediados de 1986) las Abuelas de Plaza de Mayo volvieron a ubicar a Furci, pero el ex agente logró eludirlas otra vez. Unas horas antes de que el juez llegara con la Policía a su casa, el matrimonio escapó a Asunción de Paraguay, donde se radicó con identidad falsa.

Cuatro años más tarde, en agosto de 1989, una de las abuelas biológicas de Mariana, María Esther Gatti, comenzó contactos privados con Furci para llegar a una solución sobre el caso, pero no lograron un acuerdo. Por aquella época, Furci seguía en Paraguay.

En 1991, las Abuelas de Plaza de Mayo recibieron el dato del retorno a Buenos Aires del matrimonio Furci; localizaron su domicilio y el colegio al cual concurría Mariana, ya entonces una adolescente con casi 17 años.

En junio de 1992, el juez Federal de San Isidro, doctor Roberto Marquevich, ordenó el arresto del matrimonio Furci - González en Buenos Aires. Fueron procesados y condenados a 7 y 4 años respectivamente "por apropiación de una menor, sustitución de su identidad y falsificación de documento público".

Es allí, en la propia sede judicial, donde Mariana toma contacto por primera vez con algunos integrantes de su familia biológica, entre ellos su abuela María Esther Gatti.

El fallo del juez Markevich restituyó a Mariana su verdadera identidad, pero quedó en manos de ella decidir sobre su futuro.

Un año más tarde, en marzo de 1993, Mariana solicitaría al presidente Carlos Menem el indulto a sus padres adoptivos. El pedido fue concedido, y el matrimonio Furci quedó en libertad.


¿Y ahora?

Mariana Zaffaroni cumplió 27 años el pasado 22 de marzo.

Sigue viviendo en Buenos Aires.

Sus familiares biológicos, en el marco de un perfil muy bajo que han adoptado como estrategia, están muy felices, pues de algún modo han podido recuperar a Mariana.

Ella, de todos modos, sigue prefiriendo que la llamen Daniela.

Desde hace un buen tiempo existe una comunicación muy fluida entre Mariana y su familia uruguaya. Se ven con frecuencia.

Esta situación es fruto de un largo proceso.

En un comienzo, ella estuvo muy reticente a asumir su historia, a que la llamaran Mariana, y a tener contacto con sus parientes biológicos (tíos, primos y abuelos).

Pero en realidad, si bien los contactos eran pocos, desde 1992 ese vínculo con la familia uruguaya nunca se rompió. Con el tiempo, y buscando eludir el acoso de los medios de comunicación, la relación ha terminado consolidándose como muy buena.

Mariana se casó y tiene una hija. Compartió con su familia uruguaya todos esos momentos importantes de su vida..

Luego que descubrió su verdadera identidad, la situación relativa a su verdadero nombre y fecha de nacimiento fue regularizada en lo formal.
En su documento de identidad dice Mariana Zaffaroni Islas, nacida el 22 de marzo de 1975.

De todos modos, ella está acostumbrada a llamarse Daniela.

Incluso en la Universidad le pedía a sus compañeros que la llamaran Daniela, por más que figurara como Mariana.

Como muestra de la buena relación que tiene con su familia biológica puede agregarse este dato singular: Mariana / Daniela recibe dos veces al año el saludo de feliz cumpleaños.








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