<b>Varela Zarranz</b>, una viña en crecimiento

    Ricardo Varela, uno de los dueños de viña Varela Zarranz, contó a El Espectador los pormenores de la historia de la bodega hasta llegar al éxito actual.

    Antiguos toneles de roble utilizados para almacenar el vino que datan de principios del siglo XX.

    Los vinos que distinguen a Varela Zarranz se dividen en dos líneas: los Vudu de mesa, de precio más accesible que constituyen casi el 95% de las ventas y los vinos de calidad preferente, con la marca Varela Zarranz, el nombre de la segunda generación de los dueños de la bodega.

    De entre los vinos de calidad preferente se destaca el Tannat de la cosecha 2004, que obtuvo la gran medalla de oro en el concurso mundial de Bruselas de este año. Es la máxima distinción que el concurso otorga y la obtienen aquellos vinos que superan el puntaje de 96 puntos sobre 100. De 4.660 vinos de todo el mundo que se presentaron, sólo 44 obtuvieron la gran medalla. “Esto, además de llenarnos de orgullo, nos muestra que estamos en buen camino”, comentó Ricardo Varela, uno de los dueños de la viña Varela Zarranz.

    Ricardo Varela, uno de los dueños de viña Varela Zarranz.

    Este tipo de estímulo ha llevado a Varela Zarranz a proponerse la conquista de los mercados externos, un camino en el que ya están hace algunos años y que los ha llevado a marcar presencia en Europa, Estados Unidos, Canadá y Japón.

    Varela destacó sobre todo la calidad genética de las plantas con que trabajan. Son plantas seleccionadas, de un material vegetal de una calidad excelente. Es muy importante el trabajo particular que se le da a cada cosecha y el matiz que las vicisitudes le dan a cada una. "La calidad del vino viene desde la materia prima, no se crea en la bodega", aseguró.

    Varela Zarranz se encuentra entre las diez bodegas más grandes del Uruguay. Tienen una plantilla de personal fija de 70 personas, número que se doble con el contrato zafral de febrero y marzo, el momento de la cosecha.

    Antiguos toneles de roble
    La bodega cuenta con unos antiguos toneles de roble utilizados para almacenar el vino y datan de principios del siglo XX. Tienen muchas particularidades y le dan a la bodega un curioso aire europeo.

    Fueron traídos desde Francia desarmados por lo que cada una de sus piezas, denominadas duelas, cada uno está sellado y las duelas tienen grabado el año que fueron construidas junto a  la firma de su fabricante y una marca que permite volver a unirlas. Hoy se utilizan casi 40 de estos toneles en la bodega.

    El camino de olivos, una de las bellezas del lugar.

    Tesoros de valor histórico
    En sus comienzos, el fundador de Varela Zarranz plantó muchísimos olivos, de los cuales hoy quedan algunos ejemplares de más de 100 años. Se mantiene un camino de olivos que flanquea el acceso, de alrededor de 400 metros.

    Otros de los tesoros que fueron conservados hasta la actualidad, es un diario escrito con tinta, por su propio fundador, donde narra día a día desde que compró las tierras, cómo comenzó a plantar los viñedos, a construir la casa, la bodega, los primeros vinos que se hicieron allí, etcétera. Este diario contiene varios años de historia y llega hasta principios del siglo XX.

    Un poco de historia
    La bodega Varela Zarranz existe como establecimiento vitivinícola desde 1888. El señor Diego Pons comienza en ese año la plantación de los primeros viñedos. Este emprendimiento es contemporáneo a otros, pioneros en la explotación de la vitivinicultura de forma comercial en Uruguay. Hasta entonces, existían viñedos en pequeña escala y el vino era realizado, por parte de inmigrantes europeos que ocupaban esa zona, de manera artesanal y sólo para consumo familiar.

    Pocos años después de adquirir estas tierras, Pons comenzó a construir la bodega, estructura que todavía hoy se conserva. El sótano, en particular, fue cuidadosamente mantenido casi como en su primera época.

    Los Varela se hacen propietarios de la viña
    En 1944, cuando Pons tenía ya 80 años, la familia Varela compra la bodega. Dado que no tenía nadie de su familia interesado en continuar con la actividad vitivinícola, este señor quiso vender su establecimiento a alguien que valorara y continuara esta actividad. La familia Varela ya estaba en ese entonces dedicada a la explotación vitivinícola y buscaba expandirse.

    Muchas cosas se mantienen desde la fundación de este establecimiento. Hoy una tercera generación de la familia Varela están a cargo de llevar adelante esta empresa y se encargan como lo han hecho sus antecesores de mantener cuidado todo este patrimonio histórico.