Nuevo libro sobre Susana Soca la retrata como una "humanista" que "puso su fortuna al servicio de la cultura"

Nuevo libro sobre Susana Soca la retrata como una "humanista" que "puso su fortuna al servicio de la cultura"

    En su último libro, titulado "Rara Avis. Vida y obra de Susana Soca", la escritora Claudia Amengual ahonda en la figura de esta poeta y ensayista a veces poco recordada por la historia. Entrevistada por En Perspectiva, Amengual aseguró que si bien el libro parte de una investigación histórica, Susana Soca "es un personaje de novela". Hija del doctor Francisco Soca y de Luisa Blanco Acevedo, Susana se crió en un ambiente de alta alcurnia que le "cobró peaje" a la hora de incluirla entre los grandes escritores uruguayos. Amengual la describió como una "niña rica" que "pudo haber utilizado su dinero y sus vínculos sociales para vivir de viaje en viaje" y sin embargo "fue una humanista". "Prefirió volcar esa enorme fortuna" en "hacer el bien desde el punto de vista cultural", sostuvo. "Vivió de una manera tan delicada y con un perfil tan bajo que uno va tras ella y siempre se escurre", comentó la autora, "pero una vez que se la conoce, es de una contundencia imposible de olvidar", añadió.


    (emitido a las 9.00 Hs.)

    ROSARIO CASTELLANOS:
    Hoy en nuestra entrevista central vamos a hablar de una mujer, una poeta silenciosa, invisible, una mujer culta y refinada, una viajera incansable, rebelde y resistente, pero muy poco recordada. Estos son algunos adjetivos que describen a Susana Soca.

    ¿Quién fue Susana Soca? Hoy nos proponemos adentrarnos en su mundo y descubrir qué significó la figura de esta mujer para la vida cultural en nuestro país y fuera de él.

    Para eso, vamos a conversar con la escritora Claudia Amengual, autora del libro “Rara Avis. Vida y otra de Susana Soca”.

    ***

    RC - Empiezo preguntándote: ¿cómo clasificas este libro? Yo hasta ahora había leído novelas tuyas, tú te habías dedicado a la ficción, pero me da la impresión de que en este caso te saliste de ella y te transformaste en una verdadera investigadora de esta autora, de este personaje nacional del cual muy poco se sabe.

    CLAUDIA AMENGUAL:
    Sigo siendo novelista. De hecho, mientras trabajaba en esta biografía de Susana Soca me sentía como dentro de un chaleco de fuerza, porque la condición de novelista permite la creatividad, sobre todo lo que decía el poeta chileno [Vicente] Huidobro: “ser un pequeño dios, crear mundos de la nada”. Y aquí uno tiene que ceñirse a la realidad, a los documentos. Fui investigadora por un ratito, por unos años, pero ahora ya vuelta a la ficción con mucha felicidad. Esto fue obligado por una tesis de maestría de la Facultad de Humanidades.

    RC - De cualquier modo, elegiste un personaje de novela.

    CA – Es un personaje de novela. Si no fuera porque tengo un poquito de recelo por la historia novelada o la novela histórica, porque me cuesta esa imprecisión de los límites entre la realidad y la ficción, diría que con esto se podría haber hecho una novela fantástica, y ¿por qué no?, ¿quién sabe?, aún alguien lo puede hacer.

    RC - Comencemos contando quién fue Susana Soca, esta figura principal de “Rara Avis”.

    CA - Todo el mundo va a preguntar: “¿Qué será del Soca de la calle?”. Es la hija del doctor Francisco Soca, y también hija de Luisa Blanco Acevedo. Es muy interesante hablar de este origen, que yo digo de “mestizaje social”, porque si bien el doctor Francisco Soca era un hombre de gran fortuna ya a principios del siglo XX, su origen es muy humilde.

    RC - En Cerrillos.

    CA - Exactamente, por la zona de Mosquitos, donde ahora está el pueblo Soca. Este hombre, que fue el cuarto médico en egresar de nuestra universidad y luego hizo toda la carrera en París nuevamente y terminó siendo miembro de la Academia de Medicina de París, es ejemplo de un Uruguay que permitía la promoción social mediante la educación.

    RC - Un Uruguay además en el que estas personalidades de la medicina eran amos y señores.

    CA - Eran prohombres, realmente.

    RC - La prueba está en que tuvo también una vinculación con la política muy importante.

    CA - Claro, se puso bajo la sombra de don José Batlle y Ordóñez, llegó a ser presidente del Senado, y tenía ambiciones de ser presidente de la República, pero la sombra de don José Batlle y Ordóñez era muy grande y a veces no dejaba crecer. Eso fue lo que pasó con Francisco. Y Francisco se casó con una señorita de sociedad que sí tenía la alcurnia de sus apellidos: Blanco y Acevedo. De esa unión nació Susana.

    RC - En definitiva, también una solución bastante frecuente en la época de la cual que estamos hablando, el siglo XIX: buscar lo que le falta a la persona para seguir su carrera trepando en la escala social.

    CA - Don Pedro Figari es otro caso típico. No les resta ningún mérito, porque tanto el doctor Soca como el doctor Figari fueron hombres brillantes, pero es muy cierto que sus respectivos matrimonios –el de Figari con María de Castro– les permitieron un ascenso social, y de esa manera de insertarse en una sociedad que de alguna manera podía castigar a hombres que venían de abajo.

    RC - En definitiva, estos dos señores que por distintos motivos ya figuraron en nuestra sociedad en ese siglo XIX tuvieron una única hija, que además perdió a su padre relativamente joven.

    CA - Sí; Susana nació en 1906 y el doctor Soca murió en 1922.

    RC - ¿Estás segura de que nació en el 1906? Ese es otro de los datos que permanentemente están en duda, si 1906, 1907, 1908…

    CA - Me encanta que preguntes esto. Sobre Susana Soca ya se había escrito, de hecho el investigador Fernando Loustaunau tenía un artículo, Valentina Litvan, Juan Álvarez Márquez había escrito un par de libros. Cuando uno iba a buscar información encontraba estas incoherencias, que no hacen mucho a la cosa, era una variante de uno o dos años, pero mi intención con este libro era apoyarme en los textos de estos investigadores y luego tratar de ir a las fuentes, investigar. Así que tengo la partida de nacimiento de Susana y puedo asegurar que nació el 19 de julio de 1906; luego, en Notre-Dame de París –adonde fui el año pasado para cerrar la investigación– conseguí la partida de bautismo, en la que se certifica que nació en 1906, pero curiosamente el bautismo fue dos años después.

    RC - Para llegar a Notre-Dame de París.

    CA - Exactamente, había que estar en lista de espera, pero la señorita tuvo su bautismo de princesa.

    RC - Creo que esto que podría ser un detalle menor no lo es, porque de alguna forma sella lo que luego será la característica de esta persona, una persona que se movió en ámbitos culturales importantes, pero también tuvo una vida social. “Pobre niña rica”, a veces se me ocurre pensar, porque de alguna forma pagó ese origen de vinculación a las altas esferas sociales con un cierto descrédito de la intelectualidad uruguaya.

    CA - El Uruguay era y es aún duro, cuando una persona proviene de hogar de alcurnia o de dinero se le cobra un peaje o se le exige que demuestre. Se castiga de alguna manera, se penaliza. Susana vivió eso, de hecho jamás está en el canon, cuando se nombra a los autores uruguayos es muy raro que se la rescate. Carlos Real de Azúa la incluyó en su “Antología del ensayo contemporáneo”, pero es una excepción. Eso tiene que ver también con que se desconfiaba un poco de esa niña rica que parecía, como dice Onetti en un texto precioso, “una esnob millonaria que no sabía ya qué hacer con su dinero”. Todo lo contrario.

    RC - Hablemos de quién fue Susana Soca.

    CA - Susana Soca fue, en primer lugar, como decíamos, una niña rica de nuestra sociedad, que pudo haber utilizado su dinero y sus vínculos sociales para vivir de viaje en viaje, quizás de desfile en desfile, y fue una humanista. Ella prefirió invertir, volcar esa enorme fortuna que le había dejado su padre en hacer el bien desde el punto de vista cultural. Fue una humanista en el sentido renacentista de la palabra. Fue mecenas, fue poeta, fue ensayista –para mi gusto, y el libro incluye un análisis crítico, mejor ensayista que poeta–, fue una gestora cultural, un nombre que en aquella época no existía pero que ahora está muy en boga.

    Fue mecenas de hombres como Felisberto Hernández, a quien recibió en París cuando este obtuvo su beca, lo ayudó e incluso le financió un viaje a Londres para que pudiera abrirse camino. Además fundó una revista que se llamó “La Licorne” en París y “Entregas de La Licorne” en Montevideo, en la que escribieron personas como el gran Pasternak, Premio Nobel en 1958, Borges, Bioy Casares, Onetti… Susana pagaba esas contribuciones. Eso no me parece menor, era una mujer que realmente ponía su fortuna al servicio de la cultura.

    RC -“Susana fue una mujer buena, enigmática, excepcional, una rara. Como bien la definió Emil Cioran, ella no era de aquí, su vida parece de película y esta fascinación ha colocado en segundo plano su obra, no menos interesante. La vida de Susana y las leyendas construidas en torno a ella les han robado protagonismo a una creación literaria y a una gestión cultural que merecen ser destacadas. Una buena porción de este trabajo está dedicada a su análisis. Se trata de una mirada, la mía, y no es por supuesto la única posible. Finalmente, debo admitir que me simpatiza Susana Soca. Es algo que solo puedo decir ahora, al poner el punto final.”

    En definitiva te metiste con Susana Soca antes de pensar que además te iba a simpatizar.

    CA - Sí, porque Susana era una mujer tan discreta, tan elegante en su forma de actuar que parecía que no dejaba huella, pero de hecho sí la dejaba. Comparada, por ejemplo, con Victoria Ocampo, que era esa especie de locomotora cultural que arrasaba con todo, iba por la vida de una manera muy efervescente, Susana fue un personaje casi invisible. Sin embargo, cuando uno se acerca a su vida entiende que de ninguna manera una mujer con poco carácter pudo haber hecho esa inmensa obra cultural que hizo, o atreverse, por ejemplo, a viajar a la Unión Soviética en el 56 con el único objetivo de conocer a Boris Pasternak.

    RC - Que por entonces todavía no era Premio Nobel.

    CA - No, faltaban dos años, pero ya estaba muy perseguido.

    RC - De alguna forma ella lo valoró antes del premio, cosa que también es un mérito personal.

    CA - Sí, Susana se había acercado a los rusos a través de Tolstoi, había aprendido ruso, entonces quiso ir a conocer a Pasternak. Hay toda una historia preciosa, que está narrada en el libro, acerca de si realmente fue Susana quien trajo a Occidente los manuscritos de “Doctor Zhivago”. Aquí paro, e invito a los lectores a que busquen en el libro, porque es una historia realmente de novela.

    RC - ¿Qué te llamó la atención para meterte en el personaje antes de esta simpatía que finalmente te despertó?

    CA - Me interesan mucho los descatalogados, me interesa muchísimo eso que el canon deja por fuera. Estando dentro de este asunto que es la escritura o la cultura, me doy cuenta de cómo a veces los que llegan o los que sobresalen no necesariamente tienen talento; a veces tienen vínculos, saben hacer sus movimientos, a veces tienen habilidad, a veces se venden muy bien. Entonces me gusta buscar a aquellos que quizás no sobresalen tanto, pero probablemente tengan igual cantidad de valores. Este fue un caso.

    Cuesta mucho llegar a Susana, porque ella vivió de una manera tan delicada y con un perfil tan bajo que uno va tras ella y siempre se escurre. El doctor Maggi me dijo en un momento: “Era fácil de olvidar, pasaba como si nada”. Y esa es la sensación que pueden tener los que no la conocen, pero una vez que uno la conoce, es de una contundencia imposible de olvidar.

    RC - A partir de los testimonios que fuiste recogiendo –hay muchos en el libro–, ¿cuál es tu impresión de esa humildad? ¿Es auténticamente un rasgo de carácter o es una manera achicada de verse a sí misma?

    CA - Tras haber entrevistado sobre todo a gente que la conoció y a algunos familiares y amigos, tengo la sensación de que Susana era de una tremenda inseguridad social. Creo que también venía de ese origen mestizo, criada navegando entre esas dos aguas, con un origen humilde por un lado y un origen patricio por otro. Creo también que, por su matriz católica, vivía con cierta culpa esa enorme fortuna que tenía. Hay un texto bellísimo que escribió sobre san Francisco de Asís y santa Clara en el que ensalza lo que significa desprenderse de la fortuna. Creo que también se sentía todavía insegura desde el punto de vista estilístico y técnico, su poesía no la tenía totalmente convencida; pensemos que murió habiendo publicado prácticamente nada y los tres libros que existen son póstumos. Era una gran ensalada de inseguridades y un poquito de elegancia. Había algo de estilo, de distinción también, que tenía que ver con una clase; pero no estoy hablando de una clase aristocrática, sino de una clase espiritual, una mujer que no necesitaba ir por la vida gritando.

    RC - Hay quien atribuye estas características a un aspecto dominante de su madre. ¿Llegaste a esa conclusión?

    CA - Mucho se había dicho de doña Luisa, y yo le dedico el primer capítulo a Luisa Blanco Acevedo.

    RC - Que de alguna forma logró retenerla junto a ella, y después tuvo la terrible situación de sobrevivirla.

    CA - Exacto, 10 años, me han contado que fue casi como una muerta en vida. Una mujer que sobrevivió a su hija en su casona de la calle San José 822, una casa que todavía está, que existe. Aprovecho para decir que el intendente Marcos Carámbula comunicó hace unos meses que está en tratativas con el ministro [de Educación y Cultura, Ricardo] Ehrlich para que esa casa pase a ser la Casa de Residentes de Canelones, que sería una manera de recuperarla y de restaurarla.

    Creo que la historia ha sido un poco injusta con doña Luisa, hay un par de reseñas que la dejan como una matrona absorbente, y es posible que madre e hija hayan hecho una simbiosis y se hayan absorbido una a la otra. Pero también recogí testimonios que hablaban de una mujer absolutamente refinada espiritualmente, que fue quien estimuló a Susana a abrir sus alas hacia el mundo.

    RC - Una de las condiciones curiosas es que ambas se encontraban en Europa, en París, donde vivieron 10 años, cuando estalló la segunda guerra mundial. ¿Cómo analizaste ese período? Porque también en ese sentido hay versiones contradictorias: si de alguna forma se acomodó a la situación o de alguna manera estuvo vinculada a las personalidades resistentes. ¿Cuál pensás que fue la actitud de Susana en ese París ocupado?

    CA - La razón de mi viaje a París el año pasado fue básicamente contestar esa pregunta: ¿por qué dos uruguayas decidieron quedarse en París cuando todo el mundo huía? Y si bien falta una respuesta definitiva, porque no hay textos escritos al respecto, mi conclusión es, en primer lugar, que la guerra las atrapó en París como a tantísimos parisinos que no podían concebir, porque París tiene esa cosa mágica de burbuja, que los nazis entraran. Y efectivamente, el 14 de junio del 40 tuvieron que presenciar ese desfile nefasto, el atravesar el Arco de Triunfo.

    Invito a los oyentes a que busquen imágenes de la entrada de los nazis a París. Van a ver algo fantástico, y es que muchos soldados, desfilando en perfecto orden, van mirando hacia arriba, embelesados con la ciudad. Encontré una foto preciosa también de unos oficiales nazis que estaban comprando postales de París en un quiosco. Era una especie de joya conquistar París.

    Creo que Susana y su madre pensaron que los nazis no iban a llegar. La gente en esa época se dividió, casi sin matices, entre colaboracionistas y resistentes, de hecho en las librerías y en las bibliotecas de París hay góndolas y estantes divididos entre resistencia y colaboracionismo. Y en esto quiero ser enfática: de ninguna manera Susana fue una colaboracionista. Tampoco fue esa resistente épica, de leyenda, que algunos han contado, que se arriesgaba a la hora del toque de queda y salía con su bicicleta a hacer vínculos entre los clandestinos. Creo que eso es demasiado, al menos no encontré pistas. Pero sin duda Susana tuvo muchos más vínculos con la resistencia, por ejemplo con Paul Éluard, y celebró la liberación de París en agosto de 1944.

    RC - Paul Éluard, que además era comunista declarado.

    CA - Exactamente.

    RC - Y ella no lo era, por lo tanto tuvo la amplitud suficiente como para hasta publicar sus trabajos y definirse muy amiga.

    CA - Sí, y de hecho sus vínculos con el Partido Comunista del Uruguay son muy grandes, fue una gran amiga de los Cáceres, de Gonzalo y Esther, dio una charla propiciada por Jesualdo Sosa en la sede del PCU. En ese sentido era una mujer muy amplia, no tenía un gran compromiso político, y creo que iba por encima de la ideología a la cuestión cultural. Eran también un comunismo y una intelectualidad que tenía nuestro país que creo que podía darse el lujo de pasar por encima.

    Para redondear, quiero dejar claro que no hubo colaboracionismo, pero que era muy difícil sobrevivir en esa ciudad si de alguna manera no se hacían unas ciertas concesiones. Yo imagino que en algún momento Susana habrá tenido que alternar en alguna recepción con algunos de estos oficiales. Hay una anécdota increíble de una estadounidense, Florence Gold, que hacía tertulias y no tenía más remedio que invitar a estos señores. [Hermann] Goering era uno de los que frecuentaban su casa, y muy amablemente cada tanto le decía “qué bonito cuadro”, se lo ponía abajo del brazo y se lo llevaba. Ese es el dominio del tirano que también asoló París.

    RC - Por otro lado, en estas vinculaciones de las altas esferas del arte y de la intelectualidad, tiene la condición curiosa de que hasta Picasso la pintó. No era una mujer linda.

    CA - No, era una mujer rara. Hay fotos, sobre todo las de su primera juventud, en las que es bella, tiene unos ojos muy grandotes.

    RC - Pero medio caídos. Tiene unas magníficas manos.

    CA - Unas manos maravillosas, que además están muy bien fotografiadas por Gisèle Freund. Era una mujer rara, delgada, alta, muy elegante, dicen que vestía muy bien, con sobriedad. Y en el 43 Picasso la retrató. Un retrato que se dijo que era una especie de agradecimiento a Susana.

    RC - ¿Dónde está ese retrato?

    CA - Está perdido, yo en todas partes adonde voy digo: quien lo tenga que no lo devuelva, pero que lo muestre, por lo menos. Es uno de los cientos de retratos que Picasso hizo en esa época para sobrevivir, porque también él estaba en la mira de los nazis. Así que supongo que, más que un regalo a Susana, fue un retrato que Susana le pagó, lo que es muy válido. Es magnifico, los oyentes podrán encontrarlo en internet fácilmente.

    ***

    RC - Romina está pendiente de la participación de los oyentes a través de sus correos. ¿Qué nos dicen?

    ROMINA ANDRIOLI:
    Julia, por ejemplo, dice: “Leí la vida de Susana Soca y me fascinó. Cada vez que paso por su casa me detengo. Me alegra que hagan conocer su historia”.

    Estela comenta: “Interesantísima nota”, y felicita a Claudia.

    María Luisa, por otro lado, dice: “Pregúntenle si habrá película”.

    CA - Ojalá, ojalá un director y un productor se interesen.

    RC - Sí, dijimos que era un personaje de novela, pero también es un personaje como para hacer una película.

    ***

    RC - Estamos hablando esta mañana con Claudia Amengual, autora del libro “Rara Avis. Vida y obra de Susana Soca”, lo que en definitiva nos llevó a hablar del personaje al que ella hace referencia y sobre el cual ha hecho una exhaustiva investigación.

    Investigación que te llevó no solamente a Montevideo, sino también a otros lugares; hablabas de París, o sea que viajaste siguiéndole la pista a Susana.

    CA - Sí, a París, a Buenos Aires, porque también había que ver los vínculos con Victoria, con Borges, la intelectualidad argentina.

    RC - Victoria Ocampo, a quien algunos consideran su alter ego, pero no está muy claro si fueron rivales o amigas.

    CA - Creo que fueron compinches, ellas tenían sus territorios bien delimitados, se disputaban a veces, cuando Albert Camus estuvo en Montevideo o Federico García Lorca, tironeaban a ver quién lo recibía primero. Pero no es menos cierto que cuando Victoria venía a Montevideo se iban las dos a pasear. Eso lo cuenta Victoria, y yo invito a los lectores a ir a un texto que Victoria Ocampo escribe después de la muerte de Susana.

    RC - Pero una vez más, ese es otro detalle bastante injusto. Creo que son mucho más generosos los textos post mórtem que los anteriores, porque la propia Victoria algún desaire le hizo también.

    CA - Sí, en la famosa calificación de “Jument vert”, la yegua verde, que está en una carta que Victoria le manda, más allá de que “Jument vert” es el título de un libro de la época. Pero yo no he leído mejor definición de Susana que ese texto que Victoria escribe póstumamente.

    La investigación en París, que era muy importante, me llevó sobre todo a la Biblioteca Nacional, a los archivos nacionales, para tratar de encontrar rastros de Susana, que, debo decir, son muy esquivos. Pero sí encontré muchísimos rastros del doctor Francisco Soca, a quien también creo que le debemos una biografía.

    RC - “Contradictoria y fiel a sí misma, fiel a su signo, insegura y segura, indecisa y decidida, aparentemente distraída y atenta en lo hondo, extraña, generosa, inquieta. Escuchando lo que parecía no oír, viendo lo que parecía no mirar, observando el mundo al sesgo, sonriendo del mundo al sesgo, como para protegerse de temidos golpes frontales. Nunca hablaba solemnemente de sí misma. Estas líneas, como la última carta que le escribí, no le llegarán. Están escritas, sin embargo, para ella, para que sepa cómo la siento.”

    Esto es lo que escribió Ocampo en 1959. Una carta que la describe muy bien. Pero además, para completar esa historia diferente de mujer rara, el propio final de Susana Soca no viene a ser otra cosa que el final que parecía redondear la historia, trágico como fue, de alguna forma como uno se imagina pudo haber sido la vida de ella.

    CA - Y cargado de misterio.

    RC - Murió de regreso de un viaje a París en un mal aterrizaje en el aeropuerto del Galeão, que (el avión) terminó incendiándose.

    CA - Terminó incendiándose, murieron 36 de los 39 pasajeros. Yo estuve con el primo de Susana, el doctor Juan Carlos Blanco, lo entrevisté en Cárcel Central hace unos años; él fue el encargado de ir a buscar el cuerpo, era un jovencito en esa época, de 20 y pocos años. Y no vamos a entrar en detalles morbosos, pero imaginemos lo que le dieron.

    RC - Murió carbonizada.

    CA - El doctor necesitó muchos días en Río, porque había que comprobar que efectivamente ese cuerpo era de Susana. La repatrió y ahora está en un panteón en el Cementerio Central donde hay apenas una plaquita gris que la recuerda.

    RC - En una palabra, ¿no está en la capilla Soca?

    CA - No, en la capilla Soca no está.

    RC - No entremos a hablar de la capilla Soca y las leyendas que a partir de ellas se contaron. Una capilla que es notable en su arquitectura, yo tuve oportunidad de visitarla y describirla para nuestros oyentes; pertenece nada menos que al catalán Bonet, quien hizo entre otras cosas Portezuelo. Ella no llegó a conocerla.

    CA - No, de hecho ella la ideó con Bonet, cuando uno la visita ve que tiene ese toque vanguardista espectacular, vista desde el cielo es una cruz y vista desde la tierra son como cuatro pirámides, es muy particular. Y con ese techo vidriado, con vidriecitos de colores, cuando entra la luz del sol es un espectáculo casi de catedral medieval. Pero como lo consigna el arquitecto William Rey, los planos recién fueron hechos en 1962, así que Susana ya había muerto. Lo curioso es que esa capilla nunca fue consagrada, porque si bien la madre de Susana continuó la construcción, creo que, pobrecita, ya no tuvo fuerza para nada más. Y está cerrada.

    RC - Se abre el Día del Patrimonio.

    CA - Nada más, y poca gente llega, falta un guía especializado.

    RC - Porque está en pueblo Soca, ex-Mosquitos, un pueblo al que la mamá de Susana Soca propuso que se le diera el nombre de su marido.

    CA - Sí, en 1928.

    RC - Y donó mucha cosa, hay mucha cosa Soca en el pueblo Soca.

    CA - Sí, escuelas, liceos, en fin. Pero también el intendente Carámbula en dos presentaciones, concretamente en la primera que hicimos en octubre en la misma capilla –por eso lo digo, porque lo dijo públicamente, y es una manera de recordárselo–, se comprometió a hacer gestiones para que esa capilla volviera a dominio público. Y quizás, si no consagrarla, convertirla en un centro cultural, que seguramente atraería muchísimos visitantes uruguayos y extranjeros, porque además está a medio camino entre Montevideo y las playas del Este, y es de una enorme belleza. También ayudaría a recuperar un poco la vida de ese pueblo que supo tener mucho movimiento y que luego, por cambios en la infraestructura vial, se vio no diría abandonado, pero casi.

    RC - Está muy quieto, demasiado quieto.

    ¿Hay algún mensaje más, Romina?

    RA - Lauritus dice: “Claudia es una excelente creadora y un espíritu delicado”. Manda saludos, “muchas felicitaciones”.

    César de Colón: “Felicitaciones a Claudia Amengual. Me encanta tu manera de informar sobre Susana Soca, más que información, nos hiciste vivir momentos únicos de Susana”.

    Y otro oyente pregunta: “Recién me engancho, ¿cómo se llama el libro sobre Susana Soca?” Vamos a recordarlo: “Rara avis. Vida y obra de Susana Soca”.

    RC - Les adelanto que si se engancharon con estos minutos de conversación con Claudia, mucho más lo van a hacer si le dedican el tiempo correspondiente a un libro que agota los aspectos de la vida, hasta con fotografías de Susana Soca en la parte final. Es un libro extenso, pero que tiene detrás una información que resulta muy esclarecedora de una mujer de la cual se ha escrito, pero se ha escrito poco, y sobre todo, que la mayoría de los uruguayos desconocemos, a pesar de esta notoriedad que cobra cuando uno la estudia, porque ayudó a mucha gente.

    CA - A muchísima gente. Ahora nos vendría muy bien tener otras Susanas Soca en nuestro país.

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    Transcripción: María Lila Ltaif

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