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(emitido a las 7.40 Hs.)
JUAN ANDRÉS ELHORDOY:
Ayer, en la Torre Ejecutiva, 23 jubilados de la construcción recibieron diplomas para trabajar como docentes y de ese modo trasmitir sus conocimientos a personas de bajos recursos. Siendo jubilados, hasta ahora no lo podían hacer. Ahora se abre esta posibilidad, ya sea contratados por el
Instituto de Formación Profesional (Inefop) o por la
UTU.
La iniciativa fue promovida en conjunto por la
Cámara de la Construcción del Uruguay (CCU), el
Sunca, la
Asociación de Promotores Privados de la Construcción del Uruguay (APPCU) y la
Liga de la Construcción del Uruguay en el marco del Fondo de Capacitación de la Construcción (Focap).
***
JAE – Estamos con Ignacio Otegui, presidente de la CCU.
¿Cómo surgió esto? El ministro de Trabajo, Eduardo Brenta, destacó ayer que hubo una iniciativa conjunta entre los trabajadores y los empleadores.
IGNACIO OTEGUI:
Es verdad. La construcción definió ya hace muchos años que la capacitación era un objetivo de mediano y largo plazo. De hecho, hicimos un fondo de capacitación con aportes voluntarios de empresas y trabajadores.
El año pasado llegamos a la conclusión de que, con el crecimiento que la industria había experimentado, teníamos dificultades extraordinarias con los capacitadores que el país hoy dispone para formar a los trabajadores. En consecuencia, se nos ocurrió esta idea de tratar de aprovechar un acervo que la industria tiene, que son sus capataces jubilados y sus oficiales finalistas jubilados. Presentamos la iniciativa, sobre fines del año pasado el Poder Ejecutivo envió al Parlamento un proyecto de ley y fue votado tanto por el oficialismo como por la oposición; por supuesto nos encargamos de explicarlo adecuadamente. Luego hicimos el primer llamado y concurrieron alrededor de 130 jubilados con ganas de convertirse en docentes, en un plan piloto y una experiencia que es novedosa. Ayer se entregaron los primeros 23 diplomas…
JAE - …Pero usted dice que hay 130 anotados.
IO – Sí, hay 130. Normalmente, cuando se anotan, el Inefop y el fondo de capacitación hacen un estudio de cada caso, hay una depuración previa porque no todos los que se inscriben reúnen las condiciones que nosotros estamos buscando. Pero en definitiva hay 100 seleccionados. Este fue el primer curso en el que trajimos gente de una fundación argentina, la
Uocra, que es en definitiva la que ha dado ese barniz necesario para que hombres que tienen buenos conocimientos, que en general empezaron en la industria como peones, que pertenecen a una generación de una sociedad que tenía valores diferentes a los que hoy se expresan, no solamente transmitan los conocimientos que tienen –ahora en mejores condiciones porque tienen un barniz de docencia del que carecían– sino también esos valores que es necesario transferir a la gente joven.
EC - ¿A qué valores alude por ejemplo?
IO – Por ejemplo, en la gente joven que ni estudia ni trabaja lo que hay es una desestructuración de los valores. El valor de levantarse temprano, de llegar en hora al trabajo, de poder trabajar en equipo, de aceptar el mando de la estructura habitual que existe en una obra, el conocimiento y el cuidado de la herramienta. Son cosas que hay que empezar desde cero. En el sector empresarial y también en el Sunca tenemos la firme convicción de que son las mejores personas que la industria dispone para poder incursionar en ese terreno, con ese capital humano que hay que tratar de convertir en buenos trabajadores…
EMILIANO COTELO:
A propósito de ese capital humano usted mencionó jóvenes que ni estudian ni trabajan, a ese tipo de público estarían dirigidos estos cursos dictados por obreros de la construcción jubilados. ¿Ustedes ya han detectado esa demanda potencial? ¿Cómo se selecciona a los alumnos que después van a convertirse en obreros de la construcción?
IO – Lo que estamos haciendo ahora es lanzar esta primera generación de gente que recibió su diploma –y probablemente el resto– en un plan piloto. Estamos en acuerdo con la propia UTU y con el
PIAI, que es el instrumento armado desde el gobierno del doctor Jorge Batlle, si mal no recuerdo, que regula y pone en orden los asentamientos. Ayer yo decía: nosotros preparamos el avión, ahora tenemos los pilotos, ustedes tienen que poner la pista de aterrizaje. Y la industria va a emprender esto con mucha alegría y mucho calor, como hace siempre con todos sus proyectos.
También tenemos la intención de incursionar en obra el año que viene, en la medida que tengamos completa la plantilla de capataces o de jubilados docentes. Los planes de capacitación tienen que ser de mediano y largo plazo, y tenemos la decisión de mantener este esfuerzo. El mundo está muy complejo, la industria está con altos niveles de requerimiento de personal; esto puede cambiar en un año o en dos, pero lo que no va a cambiar es la necesidad de mantener la capacitación continua.
EC – Usted mencionaba particularmente a los jóvenes que ni estudian ni trabajan, ¿pero en ese sector efectivamente hay disposición a ingresar en la industria de la construcción?
IO – Vamos a hacer el intento. Por lo que nosotros percibimos en las obras, hay mucha gente joven que ingresa, que nunca trabajó y que una de las mayores dificultades que tiene es adaptarse a lo que una obra requiere como exigencia. El mayor nivel de porcentaje de personal del que los capataces hacen su primera evaluación y no confirman en el trabajo está en ese segmento de la población. Nosotros le llamamos porcentaje de rebote. El porcentaje de rebote de la gente joven que ingresa a obra es altísimo, entre otras cosas porque en obra es muy difícil darle esa capacitación ya que ahí existen plazos, cosas que cumplir. En todo caso, lo que estamos tratando de armar es un escenario previo que les permita ingresar a obra y tratar de bajar ese alto porcentaje de rebote que hoy la industria sabe que tiene.
JAE - ¿A cuánto asciende ese porcentaje hoy?
IO – A casi el 70%.
JAE – O sea que siete de cada diez jóvenes que entran a una obra y no tienen experiencia salen.