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Berlín: neonazis siembran terror

Berlín: neonazis siembran terror
efe

    La gracia multicultural que sus habitantes le imprimieron a Neukölln lo ha convertido en uno de los barrios más atractivos de Berlín, pero también en blanco de ataques y crímenes de odio perpetrados por la ultraderecha.

    Aunque sigue siendo el distrito más pobre de la capital alemana, Neukölln ya exhibe los síntomas típicos de la gentrificación: sus cafés, sus bares y sus restaurantes atraen a turistas como moscas; los estudiantes y los jóvenes profesionales pasan más tiempo allí que en sus propios vecindarios; inquilinos con mayor poder adquisitivo empiezan a desplazar a los inmigrantes que se establecieron allí antes, atraídos por los alquileres bajos…

    Más que cambiar de cara, la zona se encarece. La gracia multicultural que sus habitantes le imprimieron a Neukölln lo ha convertido en uno de los barrios más atractivos de Berlín, pero también en blanco de ataques y crímenes de odio perpetrados por la ultraderecha.

    En 2016, los lugareños que se atrevieron a desafiar a neonazis o a expresar su apoyo a los refugiados fueron objeto de ataques incendiarios, las ventanas de sus domicilios fueron destrozadas y sus casas fueron marcadas con grafitis racistas y fascistas. La organización no gubernamental ReachOut contabilizó 38 agresiones de ese tipo hace dos años y 36 en 2017. 

    A principios de 2018, el Parlamento distrital emitió una resolución en la que le pedía a la Policía clasificar esos actos como "terrorismo". Ferat Kocak, un experto en mercadeo de origen turco que trabaja para una universidad privada en Berlín, es sólo una de las personas que vio arder su propiedad –su automóvil– en febrero de este año.

    El mismo día, un incendio provocado destruyó una librería especializada en literatura política de izquierda. Pintadas que rezan "cerdo rojo" o "rata de izquierda" no han cesado de aparecer en Neukölln. A veces, ignorar en la calle a los activistas del Partido Nacionaldemócrata de Alemania (NPD) o rechazar los volantes que reparten basta para recibir de ellos una respuesta violenta. 

    Las víctimas y los activistas políticos de la zona señalan a un pequeño grupo de ultraderechistas; en especial a dos miembros del capítulo local del NPD. Después de todo, alegan, quienes orquestan estos delitos de odio conocen muy bien Neukölln y los lugares de residencia de sus blancos.

    La incómoda presencia del NPD

    El NPD es el partido legal de extrema derecha más activo en Alemania y cuenta con un ala tendente al uso de la violencia física. En 2017, las fuerzas democráticas del país fracasaron por segunda vez en su intento de prohibir el partido; el Tribunal Constitucional dictaminó que, aunque el NDP tenía objetivos anticonstitucionales, no tenía la capacidad política para poner en peligro el Estado de derecho. 

    De hecho, en las elecciones generales del año pasado, el NPD no pudo obtener ni un 5 por ciento de los votos; ese es el mínimo requerido para tener representación en el Bundestag. En entrevista con DW, el vocero del NPD en Berlín, Sebastian Schmidtke, señala que esa formación no tolera la violencia.

    Schmidtke admite que el "maquillaje de Neukölln" no le gusta porque lo percibe como algo ajeno, como un ejemplo de transculturación. Alemania, dice, "debe ser alemana". No obstante, Schmidtke agrega que los cambios a los que aspira el NPD –como la deportación de los "extranjeros criminales"– deben conseguirse a través de medios políticos, no violentos. 

    Asegura, además, que, aunque no puede asumir responsabilidad por la actuación de sus cinco mil miembros, el partido sopesaría la posibilidad de expulsar de su seno a cualquiera que incurriera en un "acto extremo de violencia". Hasta ahora, eso nunca ha ocurrido, aclara Schmidtke, quien fue acusado de agredir a un manifestante en 2013.

    Malos recuerdos

    Schmidtke subraya también que las cortinas de la sede del NPD siempre están cerradas debido a ataques previos que él atribuye a "extremistas de izquierda"… En febrero de 2018, poco después del ataque incendiario contra el automóvil de Ferat Kocak, la brigada regional de investigación criminal (LKA) allanó los domicilios de dos sospechosos. Las pesquisas continúan, pero, desde entonces, la reciente ola de ataques cesó. 

    Algo similar ocurrió en Neukölln en 2011 y 2012: una serie de agresiones que sobresaltó a sus habitantes durante un tiempo fue seguida por un período de calma, luego de que un miembro del NDP, sospechoso de estar detrás de esos ataques, fue encarcelado.

    En 2016, poco después de su liberación, la violencia volvió a resurgir. Al hablar sobre esta situación, las víctimas de agresiones y los líderes vecinales traen a colación el caso irresuelto del joven Burak Bektas, quien fue asesinado sin motivo aparente por un hombre no identificado cuando conversaba con amigos en la esquina de una calle. 

    El homicidio tuvo lugar hace seis años y la Policía no ha dado con el autor del crimen. Hasta ahora no hay vínculos concretos entre el caso Bektas y la seguidilla de ataques incendiarios en Neukölln, pero entre sus habitantes cunde el temor de que algunos neonazis sean capaces de llevar sus acciones más lejos.