Análisis en La Mañana

El diálogo abre un paréntesis en la confrontación en Venezuela

El diálogo abre un paréntesis en la confrontación en Venezuela
EFE

Análisis del periodista, Humberto Márquez, corresponsal de La Mañana de El Espectador en Venezuela.

Comenzó un diálogo, se liberaron algunos presos, se suspendió el juicio en el parlamento contra el presidente Nicolás Maduro. ¿Cede la confrontación en Venezuela?

Si no cede, por lo menos se abrió un paréntesis de unos diez días, a ver si el Gobierno del presidente Nicolás Maduro y la coalición opositora Mesa de Unidad Democrática se hacen concesiones suficientes para empezar a destrabar la larga crisis que vive el país, con choque entre los poderes del Estado, peligro de que se desate la violencia política, malestar social y hundimiento de la economía y de la calidad de vida de su población.

El pasado Domingo hubo un primer encuentro de diálogo entre las partes, auspiciado por El Vaticano y varios ex presidentes iberoamericanos. El papa Francisco ha animado a los contendientes para que se sienten a dialogar, algo que no han hecho por años.

Ese encuentro dispuso unas mesas de trabajo y en las últimas 48 horas se ha producido la liberación de algunos detenidos por razones políticas, unos seis, aunque se trata de activistas presos por causas menores, no dirigentes importantes o acusados de subversión. Según la oposición, todavía hay unos cien presos políticos en Venezuela.

De su lado, la oposición suspendió ayer martes dos medidas con las que pensaba colocar a Maduro entre la espada y la pared: en el parlamento, donde es mayoría, aplazó la sesión que buscaba una especie de juicio político al presidente, y suspendió una marcha que se anunciaba multitudinaria mañana jueves hacia el palacio de Miraflores, sede del Gobierno.

Veamos estos dos puntos. Primero ¿el parlamento dominado por la oposición podría destituir al presidente, como ocurrió en Brasil o Paraguay?

No. En Venezuela no existe la figura del impeachment o destitución del presidente por el parlamento. Pero puede declarar su responsabilidad política, una especie de sanción moral, simbólica, por los desaciertos del Gobierno, y luego puede dar un segundo paso, que es declarar el abandono del cargo por parte del presidente. Que en este caso no sería un abandono físico sino del deber de cumplir la Constitución. Y ese abandono se puede considerar una falta presidencial absoluta, lo que animaría los llamados para que hacer otra elección.

¿Y cuál es la importancia de una marcha hacia el palacio de Gobierno?

Es que hay un precedente. En el año 2002 una gigantesca concentración opositora fue desviada desde el este de Caracas hacia el palacio de Miraflores, en el viejo casco central de la ciudad, hubo una refriega con diecinueve muertos y eso detonó un golpe de Estado contra el entonces presidente Hugo Chávez, de quien Maduro es el heredero político.

Desde hace catorce años a la oposición no se le permite marchar hacia esa parte de la ciudad y la Mesa Democrática planteó el desafío de manifestar allí este jueves. Pero ha detenido la acción después que los mediadores de El Vaticano y la iglesia católica pidieron no hacer la marcha para evitar focos de violencia.

¿La oposición entonces retrocede organizadamente?

Por lo menos a la espera de nuevos gestos del Gobierno. Pero al precio de presentarse fracturada al cabo de año y medio de actuar como un bloque unido, porque la decisión de suspender la ofensiva la tomaron los tres partidos con mayor fuerza electoral dentro de la Mesa opositora, que son Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo, de tendencia socialdemócrata, y Primero Justicia, un partido de centro.

Pero Voluntad Popular, un grupo más beligerante, cuyo líder Leopoldo López purga una condena de catorce años de prisión por animar protestas hace dos años, y una docena de otros pequeños grupos, se oponen al proceso de diálogo porque consideran que no hay condiciones ni sinceridad de parte del Gobierno, y también han criticado que se suspenda el proceso parlamentario contra Maduro y la manifestación de este jueves.

¿Qué se espera entonces para los próximos días?

El presidente Maduro recibe oxígeno al suspenderse la ofensiva opositora. Incluso ayer se dio el lujo de estrenar un nuevo programa de radio desde la emisora de su palacio, un musical llamado “La hora de la salsa”, y pidió que comience la Navidad en Venezuela.

La oposición abrió un compás de espera de unos días para ver si el oficialismo cede ante otras de sus demandas: que cese el bloqueo contra el parlamento desde el poder ejecutivo y sobre todo desde el Tribunal Supremo de Justicia, que anula todas las decisiones de la Asamblea Nacional. Que se libere a las decenas de detenidos políticos. Que se vean cambios en la política económica y, sobre todo, como se abortó un referendo revocatorio contra Maduro que estaba en marcha, entonces que el país vaya a elecciones generales el año próximo y no a finales de 2018.

Noviembre se presagia muy movido, como resumen de un año de duro conflicto político en Venezuela.

 

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