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Informes Especiales

El español para extranjeros: una oportunidad latente

La década de 2000 es el "boom" del español. Hay quienes se esmeran por aprender el idioma como segunda o tercera lengua. Otros, lo hacen para entender las telenovelas, viajar por Latinoamérica o simplemente para "estar a la moda".

Por Tomer Urwicz de Espectador.com

El director general de Turespaña, Antonio Bernabé, dijo a comienzos de 2011 en un congreso internacional en la Universidad de Salamanca que “las industrias vinculadas con el idioma español generan un volumen económico de 150.000 millones de euros (un 15% del Producto Interior Bruto de España)”.

En Uruguay, la Universidad ORT es la primera y única institución que se afilió al Sistema Internacional de Certificación del Español como Lengua Extranjera (Sicele), una red de centros educativos que establece parámetros para el reconocimiento del dominio del español a estudiantes extranjeros.
 
La incorporación se concretó el 2 de junio de 2010 durante el convenio macro de rectores en Guadalajara, México. La reunión impulsó los objetivos del Sicele, que
“pretende incrementar la importancia del español en el mundo, fomentar el interés por su aprendizaje, establecer estándares de evaluación comunes y lograr la validez universal de los títulos”, detalla el acta firmada por los miembros y los representantes del Instituto Cervantes de España.

La información pasaba desapercibida. No salió en ningún medio de prensa, ni fue promocionado a nivel académico. Tan sólo figuraba en el sitio oficial de Sicele en internet. La incorporación de ORT Uruguay como miembro, no el sello, era a título de “institución individual” y no se detallaba el alcance de que la ORT comenzara a implementar ese sistema.

Es que, aunque se lo proponga, el programa de certificación de la lengua no ha logrado desde su nacimiento en 2004 captar la adhesión masiva de gobiernos e instituciones. Menos aún ha sabido explicitar las oportunidades que presenta un sello oficial que certifique cualitativamente el aprendizaje del español: desde el rédito del turismo idiomático hasta elevar las exigencias académicas.

“Todo estudiante cuando viene a estudiar a Uruguay o a cualquier otro país hispanohablante busca, entre otras cosas,  que lo certifiquen”, afirmó Mariana Piazze, licenciada en lingüística y representante de ORT en los congresos de Sicele. “Cuando uno va a una universidad estadounidense, por ejemplo, se exige determinado nivel de inglés acreditado mediante un examen determinado, acá [en Uruguay] si bien se exige un determinado nivel para poder ingresas a los cursos regulares, este requisito no va de la mano de la posesión de un examen determinado. Lo que muchas veces genera dificultades a los propios estudiantes a la hora de poder seguir los cursos regulares; no se pide nada”, explicó.

Los estudiantes de intercambio, en ascenso en la última década, no obtienen ninguna documentación estandarizada donde se especifique el dominio alcanzado del español; tampoco existen  estándares de medición y allí es donde el Sicele entra en competencia.

La coordinadora de Intercambio Estudiantil de Universidad ORT, Miriam Kemna, señaló que “quienes vienen a estudiar en la facultad tienen un buen dominio de la lengua como para adquirir cursos, aunque varios manifiestan sus deseos de mejorar el nivel”.

“La Universidad [ORT] no recibe estudiantes cuyo único cometido es el aprendizaje del español como segunda o tercera lengua”, dijo Kemna. Y agregó: “Vienen a completar su carrera”.

En cifras

La empresa Uaboard.org, dedicada al turismo académico en Uruguay, estimó que los estudiantes del exterior aportan a Uruguay más de tres millones de dólares anuales. La apreciación toma en cuenta los gastos de hospedaje, confort, alimentación, paseos, cuenta bancaria, telefonía móvil, seguro médico, entre otros factores, considerando al estudiante como un potencial consumidor de bienes y servicios.

El número de estudiantes que eligen Uruguay para realizar su intercambio académico crece a un ritmo acelerado. Solamente la Universidad ORT recibió 55 jóvenes en 2010, muy por encima de los cuatro que vinieron en 2005, cuando comenzó el régimen de intercambio. De ese total, 10 estudian español en una clase especial que les brinda la Universidad y otros tantos hacen cursos particulares.

Si se toma el conjunto de las universidades de Montevideo (no se encontraron datos del interior) en 2009 fueron 350 los estudiantes que seleccionaron alguna universidad uruguaya para continuar su carrera, según estimaciones de Uaboard.org.

En su mayoría los estudiantes emigran de Europa (un 50%, donde se destaca Alemania) y América del Norte (un 35%, con tendencia ascendente en el caso de Canadá). Todos pertenecen a convenios inter-universitarios. Uno de los sitios para alcanzar los acuerdos, el resto se hace de manera independiente, es la feria Nafsa de Asociación de Educadores Internacionales, con sede en Estados Unidos, que permitió a ORT acceder a 64 alianzas de intercambio estudiantil y 150 convenios académicos con universidades de cuatro continentes.

Diversos orígenes, intereses comunes

Los estudiantes llegan a Uruguay de los lugares más remotos, pero todos comparten una idea: el crecimiento personal. Este matiz se da tanto para los visitantes como para los estudiantes lugareños que ven en el extranjero una oportunidad para conocer nuevas experiencias.

Florencia Lucero, estudiante de la Licenciatura en Comunicación, entiende que su contacto con extranjeros “más allá de las fiestas y conocer gente nueva”, le significó momentos que le “marcaron la vida”. Entre otros aspectos destaca la posibilidad de comunicarse con otro “distinto” pero con una herramienta en común: “el español”.

Claudia Zwicklhuber, austríaca de 22 años, llegó a Montevideo con conocimientos en gramática del español y una vaga idea para conversar. “Un objetivo era mejorar mi español”, dijo convencida. Además, aseveró que “si bien trabajar me dio mucha confianza para soltarme a hablar, sería bueno que eso quedase documentado”. Y finalizó: “En Europa varias empresas que trabajan con Sudamérica o España exigen conocimientos del español”.

Es ante esa necesidad del extranjero, pero también de fomentar el idioma y el desarrollo de Hispanoamérica, que nació el Sicele, en correlación con los principales eventos de la lengua a nivel regional.

Viaje sin retorno

En el III Congreso de la Lengua Española celebrado en Rosario, Argentina, en 2004, nació la iniciativa de crear un proyecto mancomunado que permita una certificación universal para los estudiantes de español. Un año después se materializó la idea y se creó una Comisión Académica que pueda desarrollar los estándares.

En 2007, ya en el IV Congreso de la Lengua Española, en Cartagena de Indias, Colombia, 65 instituciones de 17 países firmaron la constitución del Sicele.

“En 2010 aún no se llevó a la práctica el Sistema, se está en la etapa de definir los estándares y refinar las pruebas”, señaló Piazze, quien está cursando además una maestría en enseñanza del español como lengua extranjera.

El LATU del idioma

El Sicele es, a efectos prácticos, lo que la certificación del LATU para productos tecnológicos, médicos, calibraciones, transporte y rubros afines. Es decir, un sello de calidad del español que equipara al estudiante con lo que significa para un nativo hispanoparlante ser competente en el dominio de una segunda o tercera lengua.

 Las ventajas de obtener el sello competen por una parte a las instituciones afiliadas y también a otros actores. Respecto a los primeros, se destaca la posibilidad de hacer compatibles los sistemas de evaluación, los parámetros de ingresos y el incentivo económico de grupos más poderosos para la promoción, como el caso del Instituto Cervantes.

Además, existen ventajas que involucran a los estudiantes, principalmente la posibilidad de obtener una certificación por los logros alcanzados en su estudio del idioma y una limitante al ingreso de las universidades.

Cada vez más se destaca el auge del turismo idiomático. El sello permitiría atraer nuevos visitantes (consumidores) en tiempos donde el español “está de moda”. Según datos divulgados por el Ministerio de Turismo y Deporte, actualmente dos de cada tres estudiantes extranjeros estudian español en Estados Unidos. Ese núcleo de visitantes podría ser captado por Uruguay, multiplicando el caudal por sus familiares que pasan por el país.

Para Piazze la principal fortaleza del Sistema es el trabajo “que pueda surgir del intercambio y la reflexión con otros colegas de distintas universidades sobre aspectos que tienen que ver con la enseñanza del español como segunda lengua”.

En la carta fundacional de Sicele se señala: “la memoria histórica compartida por los países y comunidades hispanohablantes es fuente de enriquecimiento mutuo y constituye un valor susceptible de preservación, digno de ser difundido, como tal, a otras comunidades lingüísticas y culturales”.

Desde el punto de vista académico, el Sicele supone el reconocimiento de la diversidad. Bajo el lema de “Unidad en la Diversidad” es que España brega por la expansión del español, que constituye un importante ingreso de PBI de su país.

El concepto de diversidad supone la aceptación igualitaria de las variantes del español que se practican en los diferentes países hispanoparlantes, sin renegar del pasado que une a todos los miembros, pero tampoco comprometiéndose a estándares monopólicos.


Entre la diversidad y el monopolio

Resulta llamativo que sabiendo de las virtudes que brinda el Sicele, tan sólo exista una única institución uruguaya afiliada. Produce curiosidad que dicha institución es privada, y aún más intriga genera saber que Universidad ORT no cuenta con un fuerte desarrollo en el ámbito lingüístico.

¿Es realmente diversidad y ventajas lo que propone el Sicele? Para la directora del departamento de Psico y Sociolingüística de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de Udelar, Graciela Barrios, el Sicele “perpetúa la política lingüística colonialista de España en América”.

La especialista señaló que las “políticas lingüísticas de expansión del español están fuertemente motivadas por razones económicas”. Y agregó: “A través del Sicele se propone la incorporación a un sistema de certificación que, aún cuando parece dar espacio al reconocimiento de distintas variedades del español, en los hechos sigue privilegiando el centralismo lingüístico peninsular”.

Barrios dijo: “El Instituto Cervantes tiene un certificado que se llama DELE, que venía aplicando directamente con el respaldo de una universidad española. Ese certificado ha sido muy resistido en muchos países porque la norma lingüística que se emplea es la española”. Así es que estudiantes de varios países, entre ellos Brasil (que es una gran oportunidad para Uruguay por su cercanía, aprenden formas peninsulares como: vosotros tenéis, zapato, y todas esas variantes.

El Instituto Cervantes, en tal sentido, capitalizó el ingreso de dinero generado por cursos y por la expansión del español, “La venta de todos esos productos lingüísticos produce mucho dinero que a España le reditúa. En los mismos balances del Gobierno español figura el ingreso que se produce por el idioma español”, afirmó la lingüista.

En paralelo varias universidades de Hispanoamérica tienen sus propios certificados de español. El más sobresaliente es el certificado que otorga la Universidad de Buenos Aires (UBA). Uruguay no cuenta con este tipo de títulos, pero las autoridades de Udelar no descartan generar acuerdos con otros centros de estudio de la región.

El pedido a Uruguay

Barrios puntualizó que autoridades del Instituto Cervantes han realizado numerosos intentos para la incorporación de universidades latinoamericanas al SICELE. Para ello se organizaron numerosos eventos y congresos que movilizan mucho dinero y tienen gran visibilidad mediática, “como lo son los Congresos de la Lengua Española”, aclaró.

El Instituto de Lingüística de la Udelar informó negativamente la incorporación de la Universidad al Sicele. El rechazo se debió a “errores conceptuales de la propuesta de convenio. Que tampoco reconocía los antecedentes de estudios sobre el español en América. Además, había discrepancias fuertes de tipo político-lingüístico”, dijo la lingüista.

Barrios explicó que, desde la visión académica que proponía el Sicel, “se desconocían todos los antecedentes que hay sobre estudios del español en América. Era como que había que partir de cero para investigar sobre el español de América, cuando en realidad hay una tradición larguísima, tanto o más que la de España”.

El argumento que ha cobrado más fuerza en la academia uruguaya ha sido el factor político. “Hay una situación de continuación de las políticas de imperialismo lingüístico de España. No es que Hispanoamérica quiera romper vínculos con España, país con el que tenemos lazos comunes de mucho tiempo. Es reclamar un espacio de igualdad de condiciones para dialogar; por lo que implica la lengua en las relaciones de poder (económico, político, cultural)”, aseveró Barrios.

Un Sistema que nació para ser plural, se transformó en un elemento de discordia y en otro punto de quiebre entre los países hispanoparlantes. El “boom” del español seguramente, dicen los lingüistas, sea pasajero.

Mientras tanto, Uruguay no cuenta con un certificado avalado por todos los centros académicos que reconoce el Ministerio de Educación y Cultura y tampoco posee una especialización de docentes para la enseñaza del español como lengua extranjera.

El Sicele es visto, por tanto, como un logro para algunos y una piedra en el camino para otros. En el ideal una red que fortifique la lengua es una oportunidad que hasta el momento está en silencio.

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