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Economía

Las ventajas de las negociaciones multilaterales de comercio

Análisis del economista Pablo Rosselli, de Tea Deloitte & Touche.

(Emitido a las 8.30)

EMILIANO COTELO:
La política comercial de nuestro país es uno de los temas fuertes que ha pautado el debate político y económico en los  últimos meses: la vigencia del Mercosur, la conveniencia o no de firmar un acuerdo bilateral con Estados Unidos y ahora se suma la propuesta de un eventual relanzamiento de las negociaciones multilaterales dentro de la Organización Mundial de Comercio.

De este tema se habló mucho la semana pasada cuando visitó nuestro país el director general de la OMC, Pascal Lamy, para participar de la conmemoración del vigésimo aniversario del lanzamiento de la Ronda Uruguay.

A partir de esas novedades, les propongo detenernos hoy en algunos preguntas que están en la base de la discusión sobre la política comercial. ¿Qué beneficios se buscan con los acuerdos comerciales? ¿Son mejores los acuerdos multilaterales que los arreglos regionales o los acuerdos bilaterales? ¿Qué ventajas podría sacar Uruguay de la Ronda de Doha?.

Enseguida el diálogo será con el economista Pablo Rosselli, de Tea Deloitte & Touche.

***

Pablo, si te parece comencemos con la primera de las preguntas. En términos generales, ¿qué beneficios puede obtener un país con un acuerdo comercial?   

PABLO ROSSELLI:
Que la integración comercial es buena en términos generales es una opinión bastante consensuada entre los economistas, al menos a nivel académico, aunque lógicamente existen matices.

A nivel de la opinión pública está bastante instalada la idea de que un acuerdo comercial es bueno porque permite exportar más. Lo que no siempre se tiene presente es que también existen ventajas de que se faciliten las importaciones desde el resto del mundo.

EC - ¿Cómo es eso, Pablo?

PR - Es lógico que aumentar las exportaciones es beneficioso, pero también es beneficioso aumentar las importaciones. Podemos mencionar al menos dos buenas razones para justificar esto último. Por una parte, el hecho de que exista un mayor intercambio comercial en los dos sentidos en el mediano plazo tiende a originar una mejor distribución de los recursos en cada país. En palabras simples, cada país se especializa en lo que hace relativamente mejor y puede aumentar el total producido y las exportaciones con los recursos que tiene. Lo que no puede producir eficientemente, es bueno que lo supla con importaciones y libere los recursos que usaba en esta producción para producir y exportar más de aquellos productos donde es más eficiente. 

La otra razón es que se generan incentivos para invertir y aumentar la productividad, porque eso es necesario  para poder competir mejor con los productos que entran desde otros países. En el largo plazo, este esfuerzo tiende a aumentar el ritmo de crecimiento económico y por lo tanto los ingresos y el bienestar de las familias.

EC - En esta línea de análisis, es razonable buscar la mayor integración comercial posible con el resto del mundo. ¿Es así?

PR - Exacto, por este lado vienen todos los esfuerzos de la Organización Mundial de Comercio. Claro que los procesos de ajuste necesarios luego de las aperturas comerciales son costosos, entre otras cosas porque si bien la apertura comercial puede resultar beneficiosa para el país en su conjunto puede no serlo para todos los sectores. De hecho en estos procesos siempre hay ganadores y perdedores.

Desde esta perspectiva se explica rápidamente por qué muchos países se resistan a reducir las barreras arancelarias o las subvenciones a algunos sectores. Estas medidas buscan evitar que caigan las empresas de los sectores que no pueden resistir la competencia de importaciones, porque eso tiene costos económicos significativos en el corto plazo y también costos políticos importantes. El problema es que esto trae aparejada la subsistencia de empresas que son ineficientes, que no traen a los consumidores ni el mejor producto posible ni el precio más bajo posible. Y esto a la larga no puede ser bueno para ningún país. Tampoco es bueno para los otros países, que no pueden expandirse en aquello en lo que realmente son buenos porque no tienen mercado suficiente.

EC - Queda claro que cuanto más comercio haya mejor. Pero qué es más conveniente: ¿buscar acuerdos multilaterales, arreglos regionales o tratados bilaterales?

PR - Ese es un tema que aparece con bastante frecuencia en nuestro país. Hay muchos elementos a tener en cuenta. Lo cierto es que parece haber relativo consenso en que el multilateralismo es la dirección correcta porque permite una expansión comercial simultánea y más amplia, pero como este canal no avanza a la velocidad deseada y muchas veces es más fácil negociar entre menos países y en temas concretos, ahí se abren paso los acuerdos regionales y bilaterales. Muchas veces hasta se dice que este tipo de acuerdos son en realidad una preparación o un “trampolín” para una estrategia más amplia, que incluya al resto del mundo. Ese es un argumento que en su momento se usó mucho para el Mercosur aunque la evidencia reciente marca que una mayor apertura del Mercosur frente al resto del mundo u otros bloques comerciales no está en la agenda, al menos a nivel público.    

EC - Además del tamaño de los mercados involucrados, que me imagino es un argumento de peso para buscar acuerdos más amplios, ¿hay otras ventajas del multilateralismo sobre los acuerdos regionales?

PR - Una ventaja bastante importante tiene que ver con un concepto que los economistas llamamos “desvío de comercio”, que aparece cuando se hacen acuerdos bilaterales y regionales. Cuando un grupo de países firman un acuerdo comercial bajando los aranceles entre sí puede haber un aumento del comercio por dos vías: el acuerdo puede conducir a reemplazar producción nacional ineficiente por importaciones procedentes de los países socios (y esto, como explicábamos antes tiene sus costos pero a la larga es bueno), o puede aumentar porque a la luz de las ventajas que establece el acuerdo se empiezan a comprar a los países socios productos que antes se compraban a terceros países que son más eficientes. En ese caso hablamos de desvío de comercio.

Otra ventaja del enfoque multilateral, sobre todo en el caso de un país chico como Uruguay, es el tema del poder de negociación. Lógicamente en ámbitos multilaterales, países con intereses comunes pueden conseguir beneficios que de otra manera no podrían conseguir aisladamente.

EC - ¿Podemos poner algún ejemplo?

PR - Como habrán escuchado los oyentes en los últimos días, uno de temas que está trancando actualmente las negociaciones de la Ronda de Doha es el de los subsidios agrícolas. A todas luces es un tema complicado pero lo que está claro es que Uruguay no puede ir sólo y pedirle a Estados Unidos o a la Unión Europea que recorten los subsidios para que nuestros productos puedan ingresar mejor.

La posibilidad de colocar carne a través de la cuota Hilton es otro ejemplo de algo que se consiguió en el ámbito multilateral y que habría sido difícil lograr de otra forma.

EC - Para terminar volvamos a la Ronda de Doha. ¿Qué tiene para ganar Uruguay? ¿Cuáles son los beneficios concretos que están en juego?  

PR - Como te decía, Emiliano, el tema de la reducción de los subsidios agrícolas y las barreras a nivel arancelario es uno de los puntos centrales para los países exportadores de materias primas agropecuarias como nosotros. El reclamo inicial del G-20, que es un grupo de países emergentes entre los cuales está Uruguay, fue bastante ambicioso. En materia arancelaria, por ejemplo, se propuso un mecanismo complejo en el que no vale la pena entrar pero en algunos casos se pedían reducciones arancelarias de hasta 75%.

Justamente la semana pasada el comisionado de comercio de la Unión Europea sugirió que Europa estaría dispuesta a mejorar su “oferta” inicial de recorte de 39% y a cerrar su programa de reforma de subsidios si se reabren las negociaciones de Doha, pero el tema está en que simultáneamente Estados Unidos acceda a reducir de manera significativa los programas de ayuda a su producción. En realidad el tema de los subsidios es un asunto en buena medida entre Estados Unidos y Europa, que nos perjudica a los países exportadores de materia prima pero que en definitiva se tiene que resolver entre ellos en el ámbito de la OMC. En la Ronda Uruguay pasó lo mismo: hasta que Europa y Estados Unidos no laudaron sus diferencias no pudieron cerrarse los acuerdos, y en esto pasaron años.

EC - Me imagino que también hay reclamos en la otra dirección. ¿Por dónde tendría que venir el ajuste de los países emergentes?

PR - Entre los reclamos de Estados Unidos y Europa se incluyen temas como la propiedad intelectual, las compras estatales, todos asuntos bastante delicados y que todavía no están bien definidos en estos países. Está también sobre la mesa el tema de los servicios y esto afecta por ejemplo a algunos monopolios públicos. 

EC - Decías antes que en el caso de la Ronda Uruguay el cierre de las negociaciones tardó años en llegar. ¿Qué plazos se manejan esta vez?

PR - No hay plazos concretos. Recordemos que más allá de que en las últimas semanas se oyeron varias voces a favor de relanzar las negociaciones en el marco de la Ronda de Doha, desde julio éstas están trabadas. La realidad es que hay que esperar a ver qué pasa, en qué quedan estas expresiones de voluntad. Los analistas internacionales hablan de que podríamos tener novedades cuando los ministros de todos los países se encuentren en enero en Suiza en el marco del Foro Económico Mundial de Davos.

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