OIR CON LOS OJOS

Werther, ¿un gran romántico o un gran vanidoso?

Werther, ¿un gran romántico o un gran vanidoso?

    El Teatro Solís presenta Werther, una de las obras maestras del gran compositor francés Jules Massenet (Francia, 1842-1912), basada en la novela epistolar de Goethe y una de las cumbres del romanticismo musical. El barítono Alfonso Mujica y la soprano Oriana Favaro -Albert y Sophie en la producción del Solís-, visitaron Oír con los ojos para conversar sobre la historia y sobre la música de Massenet.

    Serán tres funciones: el 13, el 15 y el 17 de septiembre a las 20 hs., con la Orquesta Filarmónica de Montevideo bajo la batuta de Martín Jorge. 

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    En 1750, en Inglaterra, el gran actor y dramaturgo David Garrick se atrevió a modificar a Shakespeare: presentó una versión de Romeo y Julieta en la que -entre otros desvíos respecto del texto original- Romeo no muere antes de que Julieta despierte, sino unos minutos después, lo que permite a los amantes un último abrazo.

    Berlioz (1839) y Gounod luego (1867), que pusieron música a la tragedia de Shakespeare no resistieron la tentación de escribir un gran dúo final e hicieron que sus libretos se basaran en la versión de Garrick.

    Los libretistas de Massenet para Werther por su parte -Blau, Milliet y Hartmann, rigurosamente fieles a Goethe en cuanto al espíritu de Werther- hicieron modificaciones parecidas. Desde luego la ópera y la novela coinciden en que Werther ama con locura a Charlotte, casada con Albert y de fuerte sentido ético; en lo que se apartan, por empezar, es en que en la novela no está del todo claro que ese amor sea correspondido, más allá de su imposibilidad. En la ópera, sí. 

    La más significativa de las modificaciones que hicieron en ese sentido está al final. En la novela, el héroe muere en soledad. En la ópera Charlotte corre desesperada a casa de Werther, porque presiente lo peor y, si bien lo encuentra ya moribundo, queda tiempo suficiente como para que canten juntos un último verso de perdón y de amor.

    La valoración unánime es que se trata de un pleno acierto. Teatralmente, musicalmente, la ópera sale ganando; no altera en nada el carácter del protagonista, no debilita la fuerza de la historia y ofrece a los espectadores, como en Romeo y Julieta, un final a dos voces de gran efecto dramático, maravillosamente subrayado por la música de Massenet.

    En cuanto a Werther el enamorado y el artista, el inventor del romanticismo, es claro que todavía hoy, dos siglos y tanto después de su invención sigue dando vida a un poderoso símbolo romántico. De aspiraciones, de autonomía, de sensibilidad soñadora, de locura, de toma violenta de la vida. Cabe preguntarse -eso sí- si para nosotros, hoy, se trata de un símbolo romántico o más bien de una hipérbole de la vanidad. No hay que olvidar que Goethe lo creó a su imagen y semejanza, a través de encendidas cartas de amor anhelante primero, desdichado después, y no dio a la protagonista el nombre de Charlotte por casualidad, sino porque él mismo estaba enamorado de una Charlotte -Charlotte Buff- que también, como Lotte en el libro, se negó a dejarlo todo por él.

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    Para el barítono Alfonso Mujica, que cantará el rol de Albert en la producción del Solís, su personaje representa “el esposo ideal, a pesar de que Charlotte no está enamorada de él. Si no lo fuese, no existiría el conflicto”, comentó. Oriana Favaro -Sophie, la hermana menor de Charlotte en la producción del Solís- explica que su personaje aporta equilibrio: “para que la trama dramática funcione siempre es necesario un personaje que ponga un paño frío sobre la historia... Sophie le da un respiro al espectador”. 

    En el final de la nota: Pourquoi me réveiller, la más famosa de las arias de Werther, por el tenor Jonas Kaufmann.