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En enero, "No a los papelones" se estrena en Uruguay. Su director, Eduardo Montes-Bradley, estuvo En Perspectiva.

Lo que los argentinos no quieren oír y los uruguayos sí

Se anima a frases como "Gualeguaychú es una bosta" o "Fray Bentos es una joyita". Advierte que a Argentina "no le ha ido muy bien en los conflictos limítrofes" y remata con que esa sociedad tiene "una actitud colonial hacia Uruguay". Dirigió "No a los papelones", es argentino, se llama Eduardo Montes-Bradley y en enero estrena su película... "en Uruguay, claro".

(Emitido a las 8.57)

(Audio)

“Hace más de dos años que un puñado de idiotas decidió cortar la frontera entre la Argentina y Uruguay, en nombre de vaya uno a saber qué estímulo paranoico pseudoambientalista. Si no son los yanquis que se quieren robar el agua son los judíos que pretenden la Patagonia, los brasileños las Cataratas o los chilenos la Cordillera... Para los argentinos siempre es el otro. Los chinos pijoteros, los paraguayos que no quieren laburar, los piratas de la reina o los uruguayos contaminadores. Siempre es el otro. Estoy harto de la imbecilidad de mis compatriotas por eso hice una película a escondidas. Una película que en la Argentina no hay quien se atreva a estrenarla. No se la pierdan, próximamente en las mejores salas... De Uruguay, por supuesto”.

EMILIANO COTELO
La película se llama “No a los papelones” y es una obra del escritor, director y productor de cine argentino Eduardo Montes-Bradley. Es un documental y ya tiene fecha de estreno en Uruguay: 12 de enero.

Provocativa desde el título, tiene su origen en la búsqueda de las contradicciones o directamente de las mentiras que están en las raíces de la idiosincrasia argentina y casi por casualidad o por lo menos eso muestra, desemboca en el conflicto entre Uruguay y Argentina por las plantas de celulosa.

Justamente con Eduardo Montes-Bradley vamos a conversar en estos próximos minutos.

***

Eduardo, tú naciste en 1960. Te iniciaste en el cine documental retratando los conflictos bélicos en América Central a principios de los 80 y tu filmografía más reciente incluye una reseña exhaustiva de intelectuales argentinos. En total has dirigido, escrito y producido más de 40 documentales, bajo el sello Contrakultura.

La información divulgada por tus promotores dice que tus trabajos son regularmente exhibidos en foros, festivales, centros culturales y en universidades de Estados Unidos y Europa. Que además de director y productor en cine eres escritor y colaboras en varios medios de comunicación de distintos países y que resides en la ciudad de Buenos Aires y en Nueva York. Entonces, a partir de esta reseña tan rápida de tu trayectoria, ¿hay que agregar algo, sobre todo algún dato, que permita entender mejor esta película?

EDUARDO MONTES-BRADLEY:
No. Lo pensé pero no. Creo que lo único que puede ayudar a entender la película es verla. Creo que además de todo lo que se pueda decir sobre ella es también es un gran divertimento que tiene que ver con la farsa y con la patología de la farsa. Es decir, es terrible que uno se divierta con este tipo de cosas pero también me parece que es muy sano.

EC – ¿Te gusta ser polémico o simplemente te gusta denunciar y eso trae como "subproducto" volverse alguien tan polémico?

EMB – No, no me gusta ser polémico pero no puedo evitarlo. Aquello para lo cual sí tengo facilidad es la ironía. Denunciar definitivamente no me gusta, no me considero un evangelista, no tengo un mensaje.

EC – Te lo pregunto porque durante toda la película, tú apareces provocando y no siempre desde lo argumental. Varias veces apelando simplemente a adjetivos, a calificativos, a tus tripas, siempre con ese tono entre irónico y agresivo. ¿Ahí hay una búsqueda o es tu estilo, cómo podemos definirlo?

EMB – Yo diría que sí, yo voy un poco por la vida así. Pero más allá de eso en esta película particularmente me hartaron. Cuando en el avance de la película dice “y además me tienen podrido” es una expresión muy genuina de hartazgo y de cansancio de considerarme rehén en mi propia tierra. Rehén de una serie de circunstancias, rehén de una serie de caprichos.

EC – No estás hablando de ser rehén solo en cuanto a que no puedes pasar un puente para venir a Uruguay, estás hablando de que eres rehén más en general.

EMB – Ojalá fuera cruzar un puente para cruzar a otro país. No puedo cruzar una calle para ir a la panadería. Es decir, la gente normal está absolutamente cercada por los caprichos de cualquiera. No hay ley.

EC – Ya estamos entonces aterrizando en la película en sí. Una película que es corta, dura unos 70 minutos.

EMB – Sí, 75 exactos.

EC – ¿En qué momento fue filmada? Te lo pregunto porque ese no es un dato menor teniendo en cuenta que el conflicto Uruguay-Argentina ha evolucionado, ha tenido idas y vueltas.

EMB – Yo creo que hace prácticamente 18 meses, un poco más de un año y medio, que se empezó. Porque en realidad la película empieza por otro lado, empieza por la investigación de un escándalo periodístico de un periodista medio trucho de principios de los 90 que es Nahuel Maciel.

EC – Sí tú dices en la película lo cuentas en distintas ocasiones que el objetivo inicial  era ir en busca de este hombre, Nahuel Maciel. Un escritor periodista que se mandó uno de los plagios más escandalosos de la historia del periodismo en la República Argentina, lo que él inventaba eran reportajes con escritores, con intelectuales famosos.

EMB – Sí, sí, básicamente intelectuales pero creo que también llegó a hacerlo con la Madre Teresa, Juan Pablo II... Pero se le asignan incluso muchos más de los que él hizo. Sigue creciendo el mito de Nahuel.

EC – Y tú te propusiste buscarlo, encontrar dónde andaba.

EMB – Yo quería buscarlo porque me parecía desde la literatura un tipo muy interesante, como fenómeno literario, me hacía acordar al Pierre Menard de autor del Quijote, de Borges. Entonces, si él había realmente logrado inventarse un libro con una entrevista falsa a García Márquez, con un prólogo falso de Eduardo Galeano, más allá de sus limitadas pretensiones literarias, si había llegado a convencer a mucha gente de que eso era real y auténtico, era porque era bueno, era bueno en su impostación. Y lo que Borges dice en "Pierre Menard... " es que es mucho más difícil escribir el Quijote no siendo Cervantes que habiéndolo sido. Entonces yo digo es mucho más difícil escribir un prólogo de Eduardo Galeano, no siendo Eduardo Galeano que siéndolo, a mí me costaría muchísimo escribir como Galeano. No es fácil.

EC – Por eso te atraía ese personaje.

EMB – Claro.

EC – Y sabías que estaba en Entre Ríos, en Gualeguaychú.

EMB – Fui advertido que estaba en Gualegaychú y lo voy a encontrar. Cuando llego yo esperaba que él reivindique su acto heroico de haber engañado a toda la comunidad bienpensante de Buenos Aires. El tipo se quiebra y me pide disculpas. Entonces yo dije: "ante esto no tengo película, hablemos de otra cosa". Entonces le pregunté a qué se dedicaba. Y me dice estoy en la asamblea ambientalista y yo dije ésta es otra, película dos. Si este delirante está en la asamblea ambientalista quiero conocer a sus compañeros.

EC – De todos modos, pese al fracaso del objetivo inicial, igual este hombre Nahuel Maciel termina siendo el personaje de la película o termina siendo el leit motiv de la película.

EMB – Termina siendo rescatado porque al final es un tipo que fue excomulgado y "enviado al exilio en Elba". Se lo hizo desaparecer prácticamente de la vida pública -una actitud típicamente criolla-, cuando en definitiva es el más argentino de todos nosotros. El problema está en que lo agarraron. Es decir, no está mal ser porteño, el problema es que te engrampen...

EC – Sabés que viendo la película en algún momento puse en duda que tu objetivo inicial fuese efectivamente Nahuel Maciel porque también cabe otra posibilidad...

EMB – Es bueno que dudes de mí.

(Risas)

EC – Cabe la posibilidad de que hayas inventado eso, que hayas armado toda la historia de que ibas en busca de Nahuel Maciel para terminar después haciendo la película sobre la Asamblea de Gualegaychú y el conflicto de las plantas de celulosa. Cabe la posibilidad de que hayas optado por construir eso porque Nahuel Maciel te servía como símbolo de una cantidad de cosas. ¿Cuál es la verdad?

EMB – No, no. La verdad es que fuimos atrás de él, esa secuencia que yo planteo de tres intentos o la imposibilidad de hacer un documental es genuina, es decir. Llega un momento incluso que yo abandoné, creo que fue en agosto. Además se habían terminado los cortes de ruta con el invierno. Es decir, cuando baja la temperatura, guardan las reposeras.

Entonces contraté un equipo técnico y le dije: "vayan ustedes a Gualeguaychú a ver si encuentran ustedes un final para esta película porque yo no lo encuentro". Mandé a un director de cine como una segunda unidad y tenía que volver a la semana, digamos. El viernes tenía que regresar a Buenos Aires y regresó el miércoles y me dijo que estaba lista. Me siento a charlar con él y le habían lavado el cerebro, venía convencido. Lo habían hecho ambientalista en 24 horas, me lo habían transformado y él venía con lo que había filmado para transformar mi película en una especie de panfleto "pro medio ambiente de Gualeguaychú". Me enfadé muchísimo y dije "basta". Ese mismo sábado decidí irme a Gualeguaychú y terminar la película. Bueno, las últimas escenas son esas.

EC – Tú dices esta película iba a ser sobre él sobre Nahuel Maciel sobre sus mentiras y acabamos perdiéndonos en otras.

EMB – Muchísimas. Las culpas de la clase media, el mapuchismo de los años 90, la guerra con Chile, la guerra con Inglaterra, las constantes paranoias de que siempre alguien nos quiere estar sacando algo. Eso que yo digo en el trailer que es cierto, de alguna manera. Ahora se instaló el tema de que los yanquis se quieren llevar el agua pero yo me acuerdo cuando eran los judíos que se querían llevar a La Patagonia, o los brasileños que se querían quedar con la Mesopotamia. Además las cadenas de e-mails que aparecen. Yo me ofusqué muchísimo hace poco cuando me enteré que decían que los canadienses se querían quedar con las minas y yo dije: "no, las minas argentinas no se negocian...".

(Risas)

EC – Y en otro pasaje dices: “esto va a terminar mal, yo ya me perdí varias guerras y esta no me la pienso perder”. ¿Todavía crees que esto va a terminar peor de lo que está?

EMB – No, yo supongo que se va a disolver. A los argentinos nos cuesta mucho entender que nos digan que no. Por ejemplo el caso con Chile vino el cardenal Samoré y no le creímos, finalmente el papa nos dijo en nombre de su servidor que no, finalmente en las Malvinas nos falló la providencia y la virgen de Rosario, en el caso de Gualeguaychú apelamos a la justicia humana y también nos dijo que no. O sea que ya en realidad nos dijo que no el cardenal Samoré, el papa, Dios y la Corte internacional de La Haya... No sé a quién más queremos preguntarle pero evidentemente en los conflictos limítrofes, no nos va muy bien.

***

(Audio Himno Argentino)

EC – Suena fuerte el Himno Argentino...

EMB – Es una linda versión, está bien elegida.

EC – Durante toda la película tú eres muy crítico de Gualeguaychú, eres crítico de la ciudad, eres crítico de la gente de Gualeguaychú. Un ejemplo es esta visión diría casi despectiva que aparece en este segmento:

(Audio)

"EMB - Gualeguaychú es una bosta, lo que tiene reservado a los turistas para el carnaval es una ilusión, cartón pintado por los que dependen del turismo para seguir jugándosela en el casino. El resto es desolación, villa miseria, calles destruidas, contaminación visual, monóxido de Carbono, chimeneas humeantes, burdeles, el abuso de los altoparlantes sobre la alfombra de mugre que lo silencia todo. La ruta la tendrían que estar cortando los uruguayos para que nosotros no les caguemos el guiso del modo que les echamos a perder el estofado ambiental de este lado del río…”

En otro pasaje sobre los habitantes del interior argentino en general tú dices: “la hora del almuerzo y de la siesta es sagrada para la gente del interior y así les va”.

(Risas)

Y también hablas de la "dudosa identidad litoraleña"... Entonces mi pregunta es: siendo además porteño como tú eres, tanta agresividad con la gente de Gualeguaychú y con la gente del interior en general y tantas loas por otro lado a la población de Fray Bentos, ¿no le terminan restando credibilidad a la película?

EMB – Bueno la farsa requiere de cierta acentuación gestual, es un poco como las representaciones primitivas de los griegos. Si uno de alguna manera no alza los brazos para imponer la noción de dolor, los espectadores que están en el fondo no lo ven. Eso es lo que le da también cierta humorada porque de alguna manera yo soy y no soy el personaje de la película. El personaje que se ve en la película es un porteño absolutamente exaltado y cansado.

EC – Un porteño que destila rechazo a una parte importante de la población de su propio país.

EMB – Bueno, convengamos en dos cosas... En los últimos dos años o año y medio Gualeguaychú se erigió de alguna manera en la abanderada del medio ambiente argentino. Yo francamente hubiese preferido que ese galardón le cayera a una provincia como Mendoza, una ciudad como Mendoza o San Martín de los Andes, o Bariloche mismo. Hay muchos lugares que nosotros podemos elegir en donde la conciencia ambientalista es genuina, es real. Gualeguaychú es Tijuana.

EC – ¿Por qué es Tijuana?

EMB – Porque es fronteriza, lo mismo que sucede en la geografía sucede en la literatura. Es lo que se llama "border" ahora, que es una palabra absolutamente innecesaria porque en castellano existe "fronteriza". Y es fronteriza y yo no me di cuenta que era fronteriza hasta que salí de Gualeguaychú yendo a Fray Bentos. Cuando llego a Fray Bentos, el contraste es monstruoso. Es un pueblo encantador Fray Bentos. Y la sensación que tuve al volver de Fray Bentos hacia Gualeguaychú fue como una sensación que tenía cuando era muy joven y estudiaba en California, de estar yendo de San Diego a Tijuana. Cuando uno llega se encuentra con los carteles, con la contaminación visual que es siniestra. Ellos hablan de contaminación visual cuando ni siquiera pueden ver a Botnia desde Gualeguaychú porque convengamos que Gualeguaychú queda tan lejos de Botnia como Luján de Puerto Madero. No entiendo como no les afecta la fealdad de los frentes de sus edificios, de los carteles.

EC – Además tú recorres fábricas que hay en Gualeguaychú...

EMB – ¡El polo industrial!

EC – ...Que emiten un humo y otro tipo de efluentes que contaminan como las chimeneas que les preocupan enfrente.

EMB – Y las cloacas a cielo abierto y la gente que tira la basura en la vereda. Los tipos que hablan del medio ambiente con un cigarrillo en la mano hasta que el pucho le queman los dedos y terminan con la cenizas prendiendo el siguiente mientras hablan del riesgo que corren sus hijos si las plantas se construyen en frente. ¡Es demencial! ¡Es demencial! Quizás sea una de las únicas cosas ciertas: Gualeguaychú es una bosta. Si no iría nunca si no tuviera que pasar por ahí o haber ido a buscar a alguien. No veo razón alguna excepto el cuerpo de la Cardoso para tener que ir a un carnaval miserable...

EC – Evangelina Carrozzo

EMB – ¿Cómo se llama?

EC – Evangelina Carrozzo, supongo que aludes a ella.

EMB – Si, aludo a esa cintura. Por qué tendría que acordarme el nombre, ¿no?

EC – En un momento de la película tú utilizas una analogía. Estás apelando a hechos ocurridos en la Rusia zarista a principios del Siglo XX y allí dices esto:

(Audio)

"EMB - Durante las Pascuas de 1903 en Kichinev tuvo lugar un pogrom que culminó con medio centenar de muertos. El episodio había sido alentado por las autoridades locales y el periódico. El ministro del Interior y el jefe de Policía acusaban a los judíos en sendos editoriales como contaminadores del espíritu y la tradición. Las denuncias encontraron eco en la juventud cristiana y los grupos vinculados a la iglesia entonces hubo piquete y escrache, seguido de menudo zafarrancho carnicero. Entre los que se lamentaron del hecho estuvo Tolstoi responsabilizando a las autoridades zaristas. Pero la mayoría de los intelectuales cerraron el pico y callaron, suele suceder la modalidad acabó por imponerse y lo que inicialmente fue un recurso de la derecha católica acabó reencarnándose en las prácticas progresistas de la izquierda latinoamericana…”

¿Por qué aparece esta analogía?

EMB – Porque de alguna manera una de las sensaciones que yo tuve cuando llegué a entrevistar a los piqueteros ambientalistas en la ruta fue de un pogrom en gestación. Me pareció importante llamar la atención sobre eso. Es decir, la política del escrache del señalamiento... Convengamos que toda esta gente se auto proclama a favor de la vida y particularmente de izquierda. Yo creo que son fascistas, yo creo que es gente de ultra derecha, que no se da cuenta, no tiene por qué saberlo porque tampoco es gente muy inteligente. Lo que están poniendo en marcha es un movimiento muy jodido de frenar que es el de los pogroms. Alentado por un medio local, con el gobierno local que en principio lo alienta y después básicamente lo ignora, con lo cual crea una gran indignación en ellos mismos. No me llamaría la atención que el día de mañana alguien cruce el puente de Uruguay para acá para ir a un supermercado a comprar algo y que lo linchen, realmente temo por eso.

EC – ¿Estamos ante la manifestación de una ideología que prima dónde? ¿Sólo ahí o es una ideología nacional o del gobierno nacional? Este tipo de conductas que tú estás analizando y cuestionando, ¿son la manifestación de la ideología de quién?

EMB – Es muy antiguo. Es la diferencia o la contraposición entre la ciudad del hombre y la ciudad de Dios, esto es lo que lo fascinó a Voltaire en su visita a Londres. Yo creo que de alguna manera las torres son simbólicas. La chimenea de Botnia es a los ambientalistas de Gualeguaychú lo que las torres gemelas fue a Bin Laden. Ellos le tienen terror a la noción y la construcción arquitectónica física, a la manifestación física del progreso. Se llaman progresistas... Por eso yo suelo decir ahora irónicamente "el progresismo es el opio de los pueblos". Toda noción de progreso los aterra en su concepción o noción de la tierra, de la valorización que ellos hacen de la vida y que es errónea. Eso es lo que los lleva a los alemanes a marchar sobre Checoslovaquia, ¿no?

EC – Y volviendo a la analogía que escuchábamos recién. ¿Quiénes serían hoy en Argentina los intelectuales que están quedándose callados la boca?

EMB – Todos.

EC – Este asunto no es motivo de preocupación, de debate, en el ambiente intelectual de la República Argentina?

EMB – Por lo menos en 1905 en Moldavia, o en San Petersburgo hablando de Moldavia, estuvo Tolstoi... Acá no hay nadie, es tristísimo

EC – ¿Y por qué?

EMB – Y porque existe esta cuestión de la culpa de estar vivos. Es decir, de esta noción de que cualquiera que te golpee la puerta por cualquier causa y vos agarrás la guitarra y das un recital. Es muy difícil convencer hoy a los artistas, a los intelectuales, porque también son presos de toda esta ideología. De alguna manera le pasa lo mismo a Kirchner. Cuando el gobierno argentino dice no vamos a levantar la mano contra ciudadanos argentinos, es presa es víctima de esta ecuación siniestra porque de alguna manera está levantando la mano contra mí que no puedo moverme. Es como el dilema de los prisioneros de Nash que es un dilema maravilloso: hay dos personas presas por haber cometido un crimen en conjunto y si colabora uno con la policía pierde y si se resiste pierde, es decir... No sé realmente si hay salida de esta ecuación “nashiana”.

***

EC – Con una película como esta, ¿cómo quedas parado en el escenario en este caso de los realizadores cinematográficos pero más en general, en el mundo intelectual argentino?

EMB – Bueno mi mamá me adora a partir de la película, conseguí reconciliarme. Todavía no ha trascendido pero mucha gente del ambiente cultural en Buenos Aires la ha visto y todos coinciden de alguna manera en lo mismo, esto es así, es lo que pensamos todos pero por alguna razón no se puede decir o no nos sale de la boca, a vos te salió... ¡suerte!

EC – "Suerte pero no te acompañamos".

EMB – Creo que van a salir notas próximamente en revistas como El Amante, o específicas de la cultura, en las que sí presiento que el apoyo está en la puerta, pero no de los distribuidores, por ejemplo.

EC – ¿Esta película fue una película hecha para los argentinos? ¿Para los uruguayos? ¿Para ambos? ¿En qué público pensabas cuando la armaste?

EMB – Honestamente en ninguno. Yo pensé que no iba a poder tener un público cierto para esto, fue un capricho fue una suerte de catarsis si se quiere hasta pisoanalítica.

EC – Te lo pregunto porque da la impresión de que tú quieres mostrar que estás tomando partido por el lado uruguayo. Incluso hasta por la selección musical. Aparecen en la banda sonora de la película canciones de Daniel Viglietti, por mencionar un ejemplo.

EMB – Yo creo que desde el momento en que yo había optado por poner ciertas cosas tenía que ver con reflexiones intelectuales desde ese lugar. Es decir, yo me considero un tipo progresista. Yo me considero una persona con una ensoñación de izquierda y me parecía que todos esos recursos de la izquierda o de la humanización de la izquierda que yo heredé de mi abuelo, habían sido manipulados y arrebatados. De alguna manera veía en esa música, en esa inocencia de los años 70, una recomposición de ese tejido de esa trama que me permitía a mí decir: "bueno pero al final de cuentas no es que la tortilla se volvió de vuelta, como decía aquella canción española, yo sigo parado en el lugar correcto". Creo que la actitud de estos señores de Gualeguaychú y hoy la actitud del gobierno argentino es una actitud, de la sociedad argentina no del gobierno, es una actitud colonial hacia Uruguay.

EC – ¿Por qué metes a la sociedad argentina?

EMB – Porque ven a Uruguay como una colonia, de la misma manera que no es rasgo exclusivo de Uruguay... Ven a Córdoba como una colonia. Es decir... Cuando yo era chico recuerdo que me llamaba la atención porque cuando uno cruzaba los límites de Santa Fe a Córdoba, ya empezaban a sonar las tonadas cordobesas en la radio. Hoy fueron todas eliminadas por el tono “conchetón” de Buenos Aires y de las academias de locución y queda muy mal, es de “grasita” sonar como cordobés en la radio cordobesa. Eso es colonización cultural. Lo que no entiendo es por qué la así llamada hoy izquierda argentina se preocupa por el colonialismo cultural norteamericano sobre la cultura argentina y se hace sistemáticamente lo mismo de la panamericana para allá y hasta donde pueda llegar y hasta donde ustedes los uruguayos los dejen.

EC – Has dicho varias veces que nadie se anima a exhibir esta película en Argentina. ¿Eso sigue vigente hoy?

EMB – Sí, hasta ahora no saltó nadie. Es decir, salieron corriendo básicamente cuando la vieron.

EC – Una cosa es que no haya ido nadie a pedirte la película, otra cosa es que te hayan dicho "no, no la vamos a pasar".

EMB – No, no han venido distribuidores a verla y los comentarios primero que son francamente todos avergonzantemente halagadores respecto a la realización de la película. Me quedo muy tranquilo con la factura, y tras cartón te dicen: "no es eso, pero yo no estoy dispuesto a estrenarla, yo tengo familia, tengo hijos", De repente me di cuenta que yo también tengo familia, tengo hijos, en qué despelote me metí... Pascual Condito concretamente el distribuidor más cotizado o conocido del cine independiente argentino vino a casa, la vio, me abrazó, y me dijo: "te deseo suerte, yo no la estreno, tengo familia". Y se fue medio corriendo.

EC – ¿Pero concretamente a qué le temen?

EMB – A represalias. Bueno, yo he recibido decenas casi un centenar de amenazas ya por parte de esta gente.

EC – ¿Qué tipo de amenazas?

EMB – Algunas parten de la frustración y uno las puede separar, porque son insultos repetidos casi esquizofrénicamente, son imperativos por ejemplo “que te mueras de cáncer” y puteadas... Y las otras son “sabemos donde vivís”, dan los nombres de mis hijos y ese tipo de cosas con mails.

EC – ¿Pero de dónde vienen esas amenazas?

EMB – Es muy difícil saberlo porque gozan del privilegio del e-mail anónimo. Es decir, cualquiera crea una casilla de e-mail en yahoo.mx en México y bajo cualquier sigla puede dispensar las amenazas que quieran.

EC – Ahora, si no se exhibe en Argentina, ¿cómo se financia este proyecto?

EMB – Argentina, paradójicamente, es un país donde estas cosas se pueden decir. A pesar de que se dice que todo el mundo lo piensa pero no lo dice y es cierto, se pueden decir porque además están subsidiadas por el Estado.

EC – Esta es una película que de hecho tiene un subsidio del Estado.

EMB – Por supuesto, tiene un subsidio del Instituto Nacional del Cine que espero cobrar el día que se estrene, ahí está la paradoja también. Si no se estrena no cobraré el subsidio.

EC – Y acá en Uruguay se va a estrenar, creo que la fecha es 12 de enero.

EMB – Es lo que los reyes le trajeron a Uruguay...

(Risas)

EC – ¿Y qué es lo que espera de esta película con todo lo que hemos charlado hasta ahora y con lo que queda pendiente ahora que es la exhibición?

EMB – Lo primero que espero es que se rían y que disfruten. Y lo segundo inmediato después de eso, en el próximo café es que discutamos, que conversemos, que empecemos a pensar sobre esto que es una especie de cuchillo en una grieta en una roca... Que sirva para que la roca se mueva, para que la grieta respire, para que salga el agua, para hablar...

***

(Audio)

“Ahora entiendo la presencia de tan poderosa figura en caja de cristal, Fray Bentos es una joyita, acá no hay graffitis, ni calles de tierra ni villas miseria. La gente es apacible, respetuosa, la ciudad parece la postal de un pueblo mediterráneo, de una isla caribeña, si nos dan un veranito, convertimos este lugar en una sucursal de Punta del Este y ellos lo saben, por eso se callan…”

EC - Un poco excesivo el elogio a Fray Bentos...

EMB – Sí, quizás se me fue un poco la mano, lo que pasa es que el contraste es muy fuerte, uno respira cuando sale de Gualeguaychú y llega a Fray Bentos.

EC – "Me alegra que haya argentinos racionales y que vengan acá a manifestarse", dice uno de los oyentes, uno de los varios...

EMB – Bueno, ¡yo manifestaciones, no! ¡Manifestaciones, no!

Vea el trailer oficial de la película
Vea el trailer II
Vea el trailer III

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Edición: Mauricio Erramuspe

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