OIR CON LOS OJOS

El sueño de los héroes

El sueño de los héroes

La gran novela de 1954 de Adolfo Bioy Casares amplió el catálogo de lecturas predilectas de Oír con los ojos.

Escribió Vlady Kociancich: “Si bien frases ya clásicas como 'una odisea de prodigios', 'perfectos mecanismos de relojería' o 'aventuras de la imaginación' aluden con acierto a la trama de algunas de sus novelas y relatos, pueden sugerir a la vez, errónea y peligrosamente, una tiranía de la inteligencia sobre la intuición, una imaginación calculada al milímetro, un pensamiento de excesivo rigor que excluye la irracionalidad, los sentimientos, los impulsos contradictorios, las penas y las alegrías. Es decir, la condición humana. La trama sin duda deslumbrante de La invención de Morel ha llevado a mirar las tramas e invenciones en los relatos y novelas de Bioy Casares con más atención que el mundo en que transcurren, que los personajes que las viven” (La raza de los nerviosos).

No hay invenciones científicas en El sueño de los héroes. Hay, sí, un experimento con el tiempo. Hay tal vez un objeto mágico, un instante perdido en la vida del protagonista que se recompone de un modo asombroso para los ojos del lector. Pero la lectura del libro no hace decir “es un gran relato fantástico”. Los cuadros de amistad y de amor, la lealtad, la música, el humor, la frase memorable que todo el tiempo provoca deseos de subrayar las páginas, el destino de Emilio Gauna -que no es, finalmente, asombroso, sino trágico y a la vez feliz-, más bien hacen decir que El sueño de los héroes es un gran clásico.  

Se escucharon: de Claude Debussy, Clair de lune, por David Oistrakh (violín); Adiós, muchachos, tango en solo de piano y de Jaime Roos, Milonga de Gauna.

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