Álvaro Ojeda en Oír con los ojos

Álvaro Ojeda en Oír con los ojos

    Para el autor de los poemas de 'Aceptación de la tristeza' y de la novela 'Congoja', lo importante en un autor de nuestro tiempo no es la originalidad, “que está sobrevalorada”, sino “la renovación de los asuntos permanentes, de Gilgamesh para acá”.

    “Tan taciturno como un centenar de perros perdidos” (Philip Larkin), dice el epígrafe de Congoja (Estuario Editora, 2017), la última novela de Álvaro Ojeda, que amplía: “es esa cosa perruna de no tener a su dueño. Es la cara del perro que no sabe cuál es su destino; un perro perdido es de las cosas más acongojantes que puede haber. Y es que la congoja tiene un aspecto de animalidad. Es el cuello de botella, el nudo en la garganta de Martín Fierro: Que la lengua se me añuda/ Y se me turba la vista. Eso es la congoja.”

    El diálogo, inicialmente motivado por los libros de Álvaro Ojeda muy pronto pasó -antes que novelista y poeta y crítico, Ojeda es un gran lector- a otros nombres y a otros libros: Richard Ford, Martin Amis, Julian Barnes están entre sus preferidos. “En nuestra lengua defiendo a un autor que todo el mundo piensa que está para las revistas del corazón, que es Mario Vargas Llosa. Yo creo que Vargas Llosa tiene un par de novelas que están entre lo mejor que se haya escrito en nuestro idioma”, dice Ojeda, que también subrayó su admiración por Juan José Saer y por Jorge Luis Borges.

    Congoja es un libro muy montevideano y su lectura puede provocar la pregunta por autores característicamente montevideanos como Benedetti u Onetti: “Mi relación con Benedetti se extingue en Poemas de la oficina, que es uno de los libros miliares de la poesía uruguaya, porque logra introducir el mundo del asalariado en la literatura y porque logra momentos poéticos esplendentes. Después de ahí, yo personalmente me alejo mucho de Benedetti, de su novelística... En cuanto a Onetti, La vida breve es una de las más grandes novelas que yo he leído en mi vida, por lo que tiene de creación de un mundo literario, de obsesión por la creación de un mundo literario, donde todo me sirve, todo lo agarro, pero con una gran concreción. Onetti es un anormal, realmente un gran escritor”.

    La segunda parte del diálogo con Álvaro Ojeda estuvo dedicada a la poesía: su poesía, la poesía en la actualidad, lo que representa para él un poema memorable y la figura del poeta inglés Philip Larkin, muy admirado por Ojeda y muy presente en sus libros, desde epígrafes hasta el nombre del perro del protagonista en Congoja.

    En Congoja hay mucho tango, además de mucho cine. Ojeda conoce muy bien ese universo musical y en el final eligió un tango favorito para escuchar: La cachila, de Eduardo Arolas, que se oyó en versión de la orquesta de Osvaldo Pugliese.