Sobre Borges.

Sobre Borges.

    Para saludar el lanzamiento del volumen Borges Esencial, publicado por la RAE, a treinta años de la muerte del gran escritor argentino, Fernando Medina propuso para Oír con los ojos una conversación entre amigos y lectores borgianos, con Federico Arregui.

    ¿Cuántos nombres debe la literatura de nuestro tiempo a otras plumas-faros importantes del siglo XX? Al azar: Eliot llamó la atención sobre Laforgue, reivindicó a Swinburne y fue determinante para que muchos lectores se volcaran a leer a Scott Fitzgerald. Edmund Wilson empeñosamente subrayó cientos de nombres de escritores norteamericanos, e impulsó muchísimas carreras, es indudable, aunque tal vez cumpliendo una prolija función, antes que haciendo verdaderos descubrimientos. Es indudable que siguiendo a Cortázar muchísimos lectores conocieron a Felisberto Hernández, algunos a Jean Cocteau, algunos a Lezama Lima. No son totalmente inexistentes los lectores que llegaron a William Faulkner o a Louis Ferdinand Céline a través de Onetti. Harold Bloom ha sido muy persuasivo respecto del valor de 'Hadji Murat' y del 'Tale of a Tub'. ¿Cuántos libros felices debe la literatura a Paul de Man, Terry Eagleton, Arnold Hauser, Roland Barthes, esos grandes lectores?

    Borges -«que otros se jacten de las páginas que han escrito»- no sólo lee y vivifica para sus lectores a Johnson, a Chesterton, a Wells, a Kipling, a George Moore, a William James, a De Quiencey, a Coleridge, a Matthew Arnold, a Robert Browning, a Marcel Schwob, a J. W. Dunne, a Manuel Peyrou, para no hablar de la poesía del alto inglés antiguo, de las diversas traducciones de Homero o las 1001 Noches, de Heráclito, de Angelus Silesius, de la Epístola moral, de Swedenborg; copiosamente transmite, en pocas y exactas y luminosas palabras, la virtud de cada autor. Los convierte en interesantísimos, en imprescindibles, en irresistibles. Las bibliotecas, las librerías, los anaqueles personales de lectores de todo el mundo están incalculablemente poblados por los fantasmas de Borges. Sus críticas son guías amistosísimas. Sus ficciones, infinitas ficciones. Su conversación, un voluntario eclipse de sí mismo en favor de otros. 

    Federico Arregui, nieto del gran escritor uruguayo Mario Arregui, es un gran admirador, lector y comunicador de la obra de Jorge Luis Borges: “No sólo era eficaz en sus recomendaciones. Los lectores acaban por comprender que es mejor leer a Borges comentando un cierto libro que leer ese mismo libro. Es decir, Borges mejora esos libros. Yo me pasé años buscando el Sartus Resartus de Carlyle y ahora, aunque sé dónde encontrarlo, decido no comprarlo, porque sé que lo mejor que me puede pasar es volver a leer a Borges escribiendo sobre el Sartus Resartus.”

    El diálogo entre Fernando Medina y Federico Arregui trató, primero, de tópicos: “sus creaciones son bellas, aunque vanas”; “leía mucho, sí, pero superficialmente, enciclopedias, manuales, resúmenes”; “su estilo es demasiado artificioso y está todo hecho de frases perfectas, intencionalmente asombrosas”; “políticamente era un irresponsable”. Luego, sobre Borges y el humor y sobre Borges y el Uruguay, para llegar finalmente a sus obras; Arregui optó por destacar páginas borgianas de su primera época y, en materia de ensayos, subrayó como fundamental El escritor argentino y la tradición; entre los poemas, ponderó la emoción de Remordimiento por cualquier muerte y entre los cuentos, dijo que Historia del guerrero y la cautiva es uno de sus favoritos. Por último, Arregui explicó por qué siente que Borges es un hombre entrañable, además de ser el escritor mayor del siglo xx.

    La Milonga de Jacinto Chiclana, que corresponde al volumen Para las seis cuerdas, cantada por Edmundo Rivero sobre música de Astor Piazzolla cerró el programa.

    El curso dictado por Federico Arregui sobre la obra de Jorge Luis Borges se extiende a lo largo de todo el año y las inscripciones se realizan a través de federicoarregui1@gmail.com.