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Best-sellers: ¿azar o mérito?

Best-sellers: ¿azar o mérito?

El guardián de los libros presentó una serie de preguntas acerca del fenómeno best-seller entre los libros de ficción. ¿Qué los define? ¿Hay recetas para escribirlos? ¿Pueden formar parte de la gran literatura?

Don Quijote, el Cuento de dos ciudades de Charles Dickens y Alicia en el país de las maravillas; la novela china El sueño del apostento rojo, el clásico infantil El principito, la novela policial Diez negritos; El señor de los anillos y el primer libro de la serie de Harry Potter componen la lista de los libros de ficción más vendidos de la historia. Luego, ¿en qué se parecen esos libros? ¿Se parecen efectivamente? La identificación de las cualidades que definen los grandes éxitos comerciales en materia de libros de ficción es acaso imposible. Las diferencias entre esos libros son muchísimas y no sólo tienen que ver con su tema o su carácter, sino también con la naturaleza de su éxito: por ejemplo el Quijote, que ha vendido más de 500 millones de ejemplares, lleva más de cuatro siglos de impresiones; Harry Potter y la Piedra Filosofal, que ya vendió 140 millones, apenas veinte años.

Restringiendo la pregunta por la condición de los best-sellers a fenómenos concentrados, más de nuestro tiempo, explosivos, asociados a la imprenta digital y a logísticas modernas de distribución, algunas pistas parecen asomar, vinculadas sobre todo a algo que puede describirse como la pérdida de la singularidad. Los best-sellers, en ese sentido, son libros que están hechos para ser rápidamente consumidos y olvidados; libros llenos de trampas para cazar lectores, con contenidos en los que la violencia o la sexualidad o el suspense aparecen de forma calculada, según se intuye que atraparán la atención de los lectores; libros de calidad más que dudosa, llenos de lugares comunes y de los que no se puede decir que son literatura porque la verdadera literatura debe comportar alguna clase de distinción artística y estos libros no buscan la distinción sino todo lo contrario, la masividad, y donde todo sobresale nada sobresale.

Sin embargo, hay tal vez una distracción en esa reserva siempre severa y muchas veces indignada por parte de los lectores más exquisitos: la pregunta que interroga por la fórmula del éxito, la pregunta por la receta de los best-sellers es una versión más de la pregunta por el libro perfecto, el libro que tiene algo para decir a todos y a cada uno de los lectores. Un libro acaso escrito en una lengua que todavía no ha sido creada pero de la que se sabe que no necesitará traducciones, que será una lengua universal. Algo, un eco fantasmal de ese libro imposible llega al lector a través de la sensación que se expresa en el comentario crítico: “nunca leí este libro, pero escuché tantas veces hablar de él, que es lo mismo, es como si lo hubiera leído, y hasta me atrevería a realizar comentarios sobre él.”

Además de ilustrar estas preguntas con citas y proponiendo a los oyentes que eligieran entre un gran best-seller -Origen, de Dan Brown- y un gran clásico del siglo XVIII -La batalla de los libros, de Jonathan Swift- como testimonio de preferencias lectoras, Fernando Medina conversó con algunos protagonistas del mundo editorial local. Por ejemplo, con Julián Ubiría, gerente editorial de Peguin Random House Uruguay, para quien no existen recetas, ni nada puede hacerse a nivel comercial si un libro no es inicialmente bueno, y el azar juega un papel importante. “El marketing puede propiciar y potenciar un gran éxito de ventas, pero antes el libro tiene que ser bueno, como prueba el caso de Harry Potter”, comentó. “Todos los escritores desean que se vendan sus libros. Algunos escriben más atentos a temas de actualidad y de interés general que otros, y hasta participan activamente del marketing editorial -portada, booktrailer, etc.-, por lo que podría observarse algo parecido a un producir para vender en materia de libros. Pero nunca es del todo así. Sencillamente no se puede escribir así. Es una fantasía pensar que cada detalle de un libro y de su promoción están cuidadosamente pensados para sumar compradores para ese libro. Al menos yo nunca lo viví así. Existen, sí, sobre todo en la no-ficción, instantbooks o trashbooks como se los llama a veces,en los que se constata un sentido más predominantemente efectista, pero el trabajo de un editor, en la elaboración de proyectos, en colaboración con sus equipos, en la búsqueda y en la definición de los temas y aún en la literatura es mucho más profundo que eso. No es tan simple como tomar nota de un trending topic en redes sociales y después sacar un libro en tres minutos. Un buen editor sabe que no todas las apuestas son exitosas y que sus objetivos de fondo están orientados en otra dirección, en la dirección de que todos los libros dejen algo, aporten algo a nivel de identidad de sello editorial, de construcción de catálogo.”

Una pregunta más se deriva de los fenómenos de superventas y la industria editorial en su faceta más comercial o estadística, una pregunta especialmente promovida por el modelo Amazon: ¿realmente elegimos lo que leemos, realmente avanzamos hacia un mundo en el que están disponibles todos los libros? Al respecto, Fernando Medina recomendó un artículo escrito por Jorge Carrión.

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