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El Purgatorio y los siete pecados capitales de la lectura

El Purgatorio y los siete pecados capitales de la lectura

Segunda de tres columnas dedicadas por El guardián de los libros a los tres grandes reinos de ultratumba; el sentido de este Purgatorio literario está dado por una pregunta: ¿para qué leemos?

El camino es inverso al de Dante y Virgilio en la Divina Comedia. Primero fue el Paraíso, que tomó la forma de una biblioteca; luego el Purgatorio y por último, en la que será la última columna de la trilogía, al Infierno. Este Purgatorio, montaña abajo, no podía por tanto aspirar a promover el arrepentimiento o la expiación.

La pregunta planteada por el columnista a los conductores y a los oyentes aspiraba, apenas, al sinceramiento. En el siglo XVIII se decía que la lectura de libros tenía como propósito tanto el deleite como la instrucción. En el siglo XIX, el novelista Gustave Flaubert famosamente aconsejó: “No lean como hacen los niños, por diversión, ni tampoco como los ambiciosos, para instruirse. No, lean para vivir”.

Es igualmente clásica la respuesta hedonista de Jorge Luis Borges: “Leo únicamente por el placer de leer y considero que el concepto de lectura obligaria, muy común en las universidades, es absurdo, equivale al concepto de felicidad obligatoria”. Nuestro tiempo, por su parte, ha introducido un concepto que tiende a situarse muy cerca del concepto de leer:el concepto de informarse o de absorver conocimiento,que da a la lectura una connotación pragmática acaso nueva. Para invitar a los oyentes a ofrecer sus respuestas personales a la pregunta: ¿para qué leemos? Fernando Medina presentó los siete pecados capitales de la lectura, de acuerdo a las siete terrazas del Purgatorio de la Divina Comedia.

La lujuria lectora

La gula lectora

La avaricia lectora

La pereza lectora

La ira lectora

La envidia lectora

La soberbia lectora

Aquí hay una columna más extensa de Fernando Medina sobre el tema. 

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