Cámara Uruguaya del Libro: "no se puede seguir estudiando en fotocopias (...…) le está haciendo mucho daño a la sociedad"

Cámara Uruguaya del Libro: "no se puede seguir estudiando en fotocopias (...…) le está haciendo mucho daño a la sociedad"

    Luego de la polémica por el cierre de los centros de fotocopias frente a la Facultad de Derecho, la Federación de Estudiantes Universitarios de Uruguay lanzó una campaña en la que reivindica su derecho a seguir estudiando por este medio. A esto hay que sumarle las estimaciones de la Cámara Uruguaya del Libro, que dicen que el 96% de los estudiantes universitarios se prepara con fotocopias y no con libros originales. Para conocer otra cara de esta polémica, En Perspectiva conversó con la presidenta de la Cámara Uruguaya del Libro Alicia Guglielmo, quien calificó como "raro" que en un sociedad se considere "malo" a quien denuncia una ilegalidad. Sin embargo, resaltó que la parte positiva de este episodio es que "permite discutir y debatir este tema que nos venía preocupando desde hacía mucho tiempo". Además, aseguró que "simplificar la discusión al derecho de autor implica suponer que el trabajo editorial es gratis y no existe". Resaltó que "la cultura en el mundo se ha profundizado y se ha generalizado de la mano de los libros" y que la solución que consideran más viable para esto es que "las partes se reúnan a ver cómo resolver esto de manera digna".


    (emitido a las 8.54 Hs.)

    EMILIANO COTELO:
    Según estimaciones de la Cámara Uruguaya del Libro, el 96% de los estudiantes universitarios se prepara con fotocopias y no con libros originales. Es un dato a tener cuenta a la hora de buscar una solución a la reproducción ilegal de textos de estudio, un debate que se instaló con mucha fuerza la semana pasada.

    Este sábado la FEUU (Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay) lanzó una campaña pública reivindicando su derecho a seguir utilizando este mecanismo y reclamando además que no se penalice el fotocopiado de libros de texto.

    Mientras tanto, el Gobierno maneja varias alternativas, pero lo cierto es que la intervención del Estado aparece como fundamental para encontrar una solución a un tema muy complejo: ese equilibrio tan delicado entre el derecho de los estudiantes a acceder a los materiales a un precio razonable, y el derecho del autor y del editor a cobrar por la creación y la preparación del libro.

    Hemos escuchado varias voces estos días en En Perspectiva. Hoy, pasado el fin de semana, parece bien retomarlo, no digo para redondearlo, pero para examinarlo con un poco más de calma, incluyendo un punto de vista que nos venía faltando: el de la Cámara Uruguaya del Libro.

    Para eso vamos a conversar con su presidenta, la economista Alicia Guglielmo.

    La Cámara Uruguaya del Libro es uno de los villanos de esta película para muchos, en este debate tan entreverado que se ha dado, el primer villano para quienes ven las cosas de esta manera fue la Fundación de Cultura Universitaria (FCU) por el hecho de haber presentado aquella denuncia penal del año 2011 que dio lugar a las actuaciones judiciales y policiales de la semana pasada. Y detrás de la FCU, el otro malo es la Cámara Uruguaya del Libro, la gremial que agrupa básicamente a los editores.

    ¿Cómo se sienten en ese papel?

    ALICIA GUGLIELMO:
    Es muy curioso. Es raro que en algún área de nuestra sociedad el que denuncia un robo sea el malo, porque si vos robás un auto y el dueño del auto denuncia, a nadie se le ocurre pensar que el pobre muchacho que robó el auto lo precisa para dar una vuelta.

    Pero, por otro lado, tiene su parte muy positiva, y es que nos permite discutir y debatir este tema que nos venía preocupando desde hacía mucho tiempo. Por agosto habíamos ido a plantearles a las comisiones de Cultura de las dos cámaras, tanto de Diputados como de Senadores, y también al ministro de Educación y Cultura el daño profundo que se le estaba causando al sector por el efecto de dos situaciones que confluyen en lo mismo por más que son diferentes. La primera tiene que ver directamente con el Estado en cuanto a su inacción a la hora de cuidar el derecho de autor.

    Hablamos también con el doctor Liscano, presidente del Consejo Nacional de Derechos de Autor, porque el fotocopiado de libros se había extendido de tal forma, a vista y paciencia de todo el mundo, que ya –y esto es una prueba de ello– no era considerado socialmente un delito –aquí el punto es socialmente, porque la legislación uruguaya es muy clara– y nadie estaba tomando cartas en el asunto.

    Pero por otro lado, el Estado uruguayo no estaba comprando libros para las bibliotecas públicas. El último programa de fortalecimiento de bibliotecas, que fue muy bueno, quedó sin recursos y sin funcionamiento hace ya tres años. Todo eso confluye en que la calidad de la educación se está viendo sumamente afectada. Aquí hay dos temas, está la industria que produce contenidos y está la cultura, el estudiante que ya ha perdido la capacidad de analizar un libro en su totalidad, de ver qué venía antes y qué hay después del capítulo que leyó fotocopiado, ha perdido la capacidad de mirar un índice, de analizar un contexto, de analizar globalmente de qué se trata la propuesta cultural, que no es lo que escribió un autor. Y ahí está el otro tema, los estudiantes en algunos de los comunicados de FEUU plantean que esos bienes casi deberían ser gratuitos. Y sí, hay bienes que son gratuitos.

    EC - Tengo acá el comunicado que emitió la FEUU el viernes pasado: “La educación pública es un derecho humano cuyo acceso debe ser garantizado por el Estado y jamás debe ser violentado. Por este motivo, en el día de la fecha, la FEUU, siendo consciente de que es su deber luchar por el acceso abierto a los materiales de estudio de todos los estudiantes del país, el acceso democrático al conocimiento y profundizar el carácter gratuito de la educación, lanza una campaña nacional por el acceso a los materiales de estudio, al conocimiento y la cultura. Por esta razón, convocamos a todos los centros de estudiantes a movilizarse, mediante junta de firmas en todos los servicios universitarios, y también convocamos al PIT-CNT y a las demás organizaciones sociales y estudiantiles a adherir a nuestra campaña. Por una educación pública, democrática y gratuita”.

    AG - Es muy difícil no adherir a esa campaña, yo también sería firmante de semejante declaración. El tema es cómo. Por ejemplo, el acceso a la vivienda es un derecho humano también, y es necesario que haya un Plan Nacional de Vivienda que ponga al acceso de la población un lugar digno donde vivir. Esto es exactamente lo mismo. Nosotros somos los que creamos, componemos, armamos y ponemos a disposición de la población una cantidad de libros, no solo en formato papel, sino también en formato digital. Pero el trabajo que fue necesario para llevarlos adelante tiene un costo, y es lógico que alguien deba pagar por ello.

    EC - Ahí llegamos a uno de los puntos críticos de este debate: la convicción de que los libros en Uruguay son caros, en particular los libros de texto. Eso se ha dicho a propósito de los libros que se utilizan en la Facultad de Derecho de la Universidad de la República, que fue el epicentro de esta controversia con los locales de fotocopias de la galería Monte Carlo. Y cuando se invoca que hay que preservar el derecho de autor, enseguida aparece quien dice: “Sí, está bien, habrá que preservar el derecho de autor, pero también está lo que cobra la editorial, y eso es mucho”. Sería bueno en este momento, antes de seguir avanzando en la entrevista, repasar cómo se compone el precio de un libro, cuáles son los porcentajes que están dentro de ese valor de tapa.

    AG - Un libro no es la suma de lo que un autor escribe más lo que un diseñador diagrama, más lo que un corrector revisa. Un libro es un producto cultural que se construye de la mano de un editor. Hay una unidad temática conceptual, una homogeneidad que un texto tiene que no es la que un autor envía a las casas editoriales, en ningún caso es así. En los casos de los libros de texto es aún más complejo ese problema, porque allí entran asesores didácticos, entran grupos de docentes que hacen que la propuesta didáctica tenga una cierta homogeneidad, que la trasmisión de conocimiento tenga un cierto enfoque u otro. Por ejemplo, en Idioma Español o Matemática no hay un libro de texto, porque podríamos tirar en un papel los teoremas o las definiciones que uno debería mostrar y ya está, pero eso no es un libro que hoy atraiga la atención de la gente joven.

    EC - Leo el mensaje más reciente que llegó, el de María de Pocitos: “Qué cinismo que los editores se erijan en defensores de los autores, cuando solo defienden los propios y ellos son los primeros en explotarlos”. Por eso te decía lo de “malo de la película”, existe esta visión muy instalada. Aclaremos una cosa, primero, hay mucha gente a la que no le parece necesario defender el derecho de autor, pero después, suponiendo que acepten que hay que defender el derecho de autor, el palo va contra el editor.

    AG - Uno puede querer regalar su trabajo, existe el trabajo solidario, podemos volver al tema de la vivienda que mencionábamos hace un rato, hay brigadas del Sunca, hay brigadas de voluntarios de Techo, hay gente que está dispuesta a dar su trabajo de manera voluntaria y está muy bien. Hay un montón de autores que no pretenden cobrar por su trabajo y colocan sus materiales para uso libre. Pero cuando un autor va a una editorial con un material firma un contrato de cesión de sus derechos; es un contrato voluntario, nadie obliga a las partes a firmarlo, si tú querés editar un libro por tu cuenta estás en total libertad de hacerlo y podrás resolver qué hacer y qué no hacer con ese original, que no es un libro.

    Cuando una editorial toma un original lo transforma en un libro. Por ejemplo, por citar algún tipo de material que no sea un texto, chequea citas, controla fuentes, hace una cantidad de controles de estilo que hacen que un libro no sea igual a un original entregado, ni en narrativa ni en ningún área. Selecciona la manera de editarlo, y transforma el original de un autor en un libro. El libro es un objeto de propiedad de una editorial.

    EC - Eso es muy claro en el caso de un libro que incluya gráficos. Por ejemplo, pensemos en un libro de literatura infantil que tiene ilustraciones.

    AG - La ilustración se paga aparte. Y ahí hay otro tipo de relacionamientos, porque en el caso de los más chicos, de los libros álbum, muchas veces hay un contrato en el cual el autor y el ilustrador son coautores, porque en esos casos la ilustración es una parte tan relevante de la comunicación con el niño que no es un acompañamiento, sino que forma parte en igualdad de condiciones, entonces allí son coautores y los derechos de autor van a ambas partes.

    EC - Pensemos en textos de estudio, por ejemplo de materias científicas. Allí el libro incluye bastante más que lo que el autor entregó, puesto por la editorial. Pienso en el tratamiento de tablas, de gráficas, incluso del tipo de letra que se utiliza para determinada parte del texto mismo.

    AG - Es que basta con tomar un libro para observar que la comunicación, el acceso al contenido de ese libro pasa por la forma, por la letra, por el diseño. Pero me gustaría separar un poco el tema, porque simplificar la discusión al derecho de autor implica suponer que el trabajo editorial es gratis y no existe. Y ambas son absolutamente equivocadas, porque la cultura en el mundo se ha profundizado y se ha generalizado de la mano de los libros, no de los artículos sueltos.

    El material que cada autor entienda que es de uso gratuito está, hay redes donde las cosas son gratis y está muy bien, porque cada uno tiene el derecho de hacer con su trabajo lo que entienda pertinente. Pero el trabajo editorial, como cualquier otro trabajo, merece ser remunerado de forma acorde. Porque además nosotros somos empresas que pagamos nuestros impuestos, somos empresas con una formalidad total, absoluta en el sector, y generamos en toda la cadena productiva alrededor de 1200 puestos de trabajo, según datos del Ministerio de Educación y Cultura del año 2009.

    Entonces el tema es bastante más complejo. ¿Acaso se está ignorando que un libro existe como tal, como objeto? ¿Ese libro no cumple un rol social? Supongo que eso no está. El tema es que esto se ha polarizado, porque es bastante curioso que quien se haya dedicado durante todos estos años solamente a una actividad ilícita, y a nada más que eso, como estas empresas de fotocopiado cuyos dueños fueron denunciados por la FCU, resulten defendidos socialmente. Eso es bastante curioso, porque esta gente no aportaba absolutamente nada desde el punto de vista del contenido. Uno de los últimos libros, esos que decomisaron de a 300 ya prontos para comercializar, enrulados y fotocopiados, era muy nuevo, que a la Fundación le había llevado un tiempo armar, dejar listo para entregar. Y cuando lo van a comercializar, enfrente ya estaba pronto.

    EC - Un detalle que vale la pena agregar a propósito de la editorial y un libro, un detalle que muchas veces no se conoce: hay libros que son iniciativa de una editorial, la idea original la plantea la editorial.

    AG - Muchas veces y cada vez más, es cada vez más difícil que los editores reciban en sus casas editoriales propuestas que directamente así lleguen a transformarse en un libro. La mayoría de las veces son investigaciones sugeridas o conversadas entre el autor y la editorial, editor que busca un autor para determinado tema, para una cierta investigación, para una cierta área. Eso es cada vez más frecuente, muchos de los libros tienen que ver con una iniciativa editorial. En los libros de texto mucho más todavía, en general es el editor el que va a buscar un grupo de trabajo que haga un libro sobre tales temas o con tal orientación. Los libros de texto además tienen una diagramación muy cara, lleva muchísimas horas de trabajo de gente muy especializada, porque ese es otro tema, quienes dan a luz un libro son especialidades, y especialidades que ganan muy bien, porque necesitan estudio atrás.

    ***

    EC - Estaba mirando los mensajes que llegan de los oyentes y me encuentro con este de Álvaro, que dice: “Señor Cotelo, su conducción periodística de esta entrevista está siendo muy parcial a favor de la entrevistada. Usted es mucho más exigente con otros, por favor”.

    Estimado Álvaro, en los minutos que han pasado de esta entrevista me parecía que valía la pena explicar qué hace una editorial, porque el debate tal cual se ha planteado en estos días acá ha sido tan simplificado y grosero que no se puede tolerar. Decir simplemente que lo que está de por medio son los derechos del autor y que la editorial es prácticamente un pistolero ha sido un verdadero exceso, y lo han dicho varios. Entonces, hemos tratado hasta ahora de ordenar esa parte de la información.

    De todos modos, Alicia, nos quedaba pendiente cómo se compone el precio del libro. Entendido que la editorial tiene un papel relevante en que el libro exista, vayamos ahora a qué hay detrás del precio de tapa. Juan Grompone el viernes pasado daba algunos porcentajes, decía que los derechos de autor son el 10%, el costo de impresión anda entre el 15 y el 25%, el costo editorial en 15% y después aparece un costo de distribución de 55%. ¿Esas proporciones son correctas?

    AG - Sí, hay proporciones que son bastante fijas, como el derecho de autor, que ronda el 10%, y el margen entre el distribuidor y los libreros ronda un 55%. Eso incluye la distribución mayorista y toda la red de librerías, que si bien están mayoritariamente concentradas en Montevideo y área metropolitana, barren el país.

    EC - ¿No cobra muy poco el autor del precio final de tapa? Eso es lo que dicen varios oyentes.

    AG - Depende de cómo se mire, porque en toda esa cadena el único que invierte es el editor. La diagramación, el diseño, los tapistas, los ilustradores, los correctores, la imprenta, el encuadernado los paga el editor de la edición entera. Esa inversión para una tirada de 1000 ejemplares –una tirada más o menos estándar en Uruguay– no se recupera hasta no vender más de la mitad de la edición. Es un área de altísimo riesgo, cuando un libro logra vender un poco más de la mitad de la edición se termina de recuperar la inversión y se empieza a ganar algo.

    Esos números que tú manejás sobre el precio de venta son aproximadamente estándar, eso quiere decir que del 35% que le queda al editor, en esos números que manejaba Juan, lo primero que hay que hacer y ya se hizo cuando se empezó a cobrar es pagar todo lo que corresponde para tener los 1000 libros en un depósito y empezarlos a distribuir.

    EC - ¿No puede pensarse que es muy alto el costo de distribución, ese otro 55%?

    AG - Es que si hablás con los libreros o con los distribuidores te pueden mostrar qué rubros, que son sobre todo salariales y de alquileres, cargas sociales, como cualquier comercio, les implica. El punto es que todo eso tendría otra repercusión si el Estado estuviera comprando libros. Se dice que los libros en Uruguay son caros; habría que preguntar con relación a qué, porque cuando uno dice que algo es caro debería compararlo con algo. Está mal planteado, el tema es: ¿por qué el costo de producir un libro en Uruguay es más elevado que en otros países? Porque somos menos, como somos menos y el Estado no compra se imprimen muy pocos ejemplares, entonces cada uno de ellos absorbe una parte muy grande del costo inicial de producción.

    EC - Enseguida vamos a desarrollar esto que queda esbozado en esta última respuesta, cuáles son las soluciones, por dónde tiene que pasar, a partir de esta polémica que se ha instalado esta semana, una solución que ataque los distintos intereses que están en juego.

    ***

    EC - El autor del libro que quiere cobrar lo que corresponde por su trabajo y su talento, los estudiantes que no pueden acceder a las obras por su precio alto y recurren al fotocopiado, los editores que reclaman el respeto a la ley frente a la competencia desleal que significa la reproducción pirata. En medio de este conflicto se encuentra el Estado, que por un lado tiene que ser el garante de los derechos de todas las partes, y por otro, tendrá que intervenir para encontrar una salida a un debate que se presenta tan complejo.

    ***

    EC - Sobre este tema, que tanto dio que hablar la semana pasada, estamos conversando con Alicia Guglielmo, presidenta de la Cámara Uruguaya del Libro. Estamos conversando digo porque estoy conversando yo y están conversando los oyentes también, hay una cantidad enorme de preguntas.

    Romina, ¿elegiste alguna?

    ROMINA ANDRIOLI:
    Sí, hay muchísimas. A propósito de lo que comentaba en el bloque anterior, que la editorial es la única que invierte en el libro, llegan varios comentarios de los oyentes. Por ejemplo el de Cristina, que dice: “También invierte el autor. Sin él no habría libro”.

    Y después hay algunas preguntas, como la de Andrés de Pando, que dice: “¿La librería no invierte al comprarlo para venderlo? ¿O se lo dan a consignación al libro?”.

    AG - Son preguntas muy pertinentes. En cuanto a la primera, tiene razón el oyente, las dos partes que invertimos somos claramente el autor con su tiempo y su conocimiento previo –naturalmente, es un error– y la editorial.

    Y en cuanto a la segunda pregunta, la distribución de libros en Uruguay es consignada, todos los libros van consignados a un distribuidor –o no, algunas empresas directamente los distribuyen a las librerías–, y de allí van consignados a las librerías.

    EC - Vayamos a las salidas, por dónde se puede encauzar este conflicto de intereses. Primera pregunta: ¿la solución viene por la flexibilización de la Ley de Derechos de Autor, como han planteado algunos?

    AG - Nosotros entendemos que es una buena ley, tiene exoneraciones en sí misma. Además hay que aclarar que si en tu casa hacés copia de 10 páginas porque no querés subrayar tu libro, si alguien fuera a tu casa, sería pasible de una multa, jamás de prisión.

    EC - Sí, la hipótesis de fotocopiado sin fines de lucro también está prevista en la ley, pero con una multa: “El que reprodujere o hiciere reproducir por cualquier medio o procedimiento sin ánimo de lucro, de causar un perjuicio injustificado una obra, interpretación, fonograma o emisión sin la autorización escrita de su respectivo titular será castigado con multas de 10 UR a 1500 UR”. Esa es la hipótesis más benigna, lo que está castigado directamente con penas de cárcel es el fotocopiado con fines de lucro o para producir un daño.

    AG - Pongamos todo esto en contexto. Esta legislación no es diferente de otras, Uruguay es signatario de convenios internacionales y de diversos acuerdos en los que se estipula exactamente lo mismo. No hay país en el mundo donde la fotocopia de un libro sea legal, esta situación que estamos viendo hoy en Uruguay no es legal aquí ni en ninguna parte del mundo.

    Por otro lado, hay que dejar bien en claro que si un material está protegido por derechos de autor, hay alguien que tiene un derecho legítimo sobre él y debe ser protegido en ese derecho. Algunas cosas que están en internet son gratis y otras no, muchos de los PDF que están en internet son también piratas y no hay ninguna diferencia con la fotocopia directa en un lugar como este. Si alguien de alguna manera armó un PDF con el original de un libro y eso está en la red, no significa que sea gratis, seguramente incurre en el mismo tipo de delito que este. Para que algo sea gratis tiene que estar expresamente dicho y que se puede usar. Hay libros en los que se dice “este libro puede ser utilizado de la manera que el lector o quienquiera estime pertinente”. Ese es un tema.

    Luego, las soluciones. Uno de los ejemplos que creo que no está debidamente recalcado es el Ceibal. El Ceibal ha puesto una solución razonable para todas las partes, tiene literatura para niños, Roy Berocay, Susana Olaondo, Ignacio Martínez, Gabriel Armand-Ugon, Germán Machado, los ganadores del Hidalgo, esos libros de nuestros autores y de autores extranjeros están disponibles gratuitos en la biblioteca Ceibal. Para eso, el Ceibal compró una licencia con ciertas condiciones, hasta tal momento es una licencia plana, no paga por usuario ni por descarga, paga por el uso indiscriminado de todos los chicos que lo quieran leer, todas las veces que quieran, en sus dispositivos. Pero también están los textos de estudio de primero, segundo y tercero de ciclo básico, por lo tanto de educación media, de todas las materias. Y además el Ceibal compró libros en papel, en una experiencia piloto de refuerzo puso en algunas escuelas, en las bibliotecas, los libros físicos.

    O sea que para nosotros la solución es necesariamente que las partes se reúnan a ver cómo resolver esto de manera digna. Porque no se puede seguir estudiando en fotocopias, en pedazos de pedazos de pedazos, eso le está haciendo mucho daño a la sociedad. Además, si esta situación se profundizara, las editoriales dejaríamos de producir libros de texto de estudio, porque desde el punto de vista empresarial sería absolutamente ruinoso.

    Por otro lado, el Estado ha hecho algunas experiencias de bypasear al editor en educación y el resultado ha sido francamente muy malo, que ha dejado de manifiesto que el editor tiene un rol que cumplir, los errores y horrores ortográficos y los errores conceptuales que se traslucieron en esos materiales dejan de manifiesto el rol del editor. El editor es mucho más que un coordinador entre el corrector, el diseñador y el imprentero, la tarea es mucho más que esa, y se nota cuando uno ve un material que tiene editorial y uno que no tiene editorial.

    EC - Para ustedes la solución no es la modificación de la ley de derechos de autor, hay que encontrar un sistema por el cual los libros que deban ser accesibles puedan serlo a partir de la intervención del Estado o de las comunidades vinculadas con la educación. Es un planteo muy parecido al que hace el expresidente Julio María Sanguinetti, el sábado pasado lo entrevistaron en el diario El País a raíz del hecho de que en esos días había coordinado en el Congreso de la Lengua de la Real Academia en Panamá una mesa sobre derechos de autor –un tema que también conoce porque presidió el Centro Regional del Fomento del Libro en América Latina–, en determinado momento le preguntan por la fórmula para salir de este brete, y él dice: “Resolver el tema social del acceso a los más necesitados de un bien escaso es un tema del Estado y la comunidad, no puede resolverse negando el derecho de propiedad del autor y del editor”.

    Y en otro momento señala: “En nuestro país la dimensión social del tema se resolvió históricamente con bibliotecas y con préstamos de libros que devolvíamos a fin de año. Hoy todavía pueden aplicarse métodos de este tipo, pero, claro, estamos viviendo en un mundo digital, no pueden ignorarse las nuevas herramientas que incluyen el libro. Si por ejemplo el Estado quiere facilitarles gratuitamente a los alumnos de secundaria una obra, puede comprársela a la editorial en su modalidad digital y ponerla a su disposición en la ceibalita, o aun armar una biblioteca digital de obras básicas, pero no robándoles a los autores el producto de su trabajo, porque es un atentado a sus derechos individuales y una forma de desmoralizar la producción de libros, como ha pasado ya con la música, en que la industria está derrumbada”. Es casi calcado de lo que Alicia Guglielmo venía diciendo recién.

    AG - Es que el Ceibal ya lo ha hecho, no hay que inventar nada. Además entra el tema del precio del libro, porque si el Estado negocia una compra, naturalmente no lo va pagar ni a precio de tapa ni al mismo precio que tiene un libro cuando el editor editó 1000 ejemplares, sino que va a negociar desde otro lado, capaz que es una mezcla entre la licencia y el papel, que fue lo que hizo Ceibal, no hay que inventar mucho. Habría que ver, le pedimos a Ceibal –y todavía no lo tenían listo– el detalle de utilización de esos materiales a nivel del país. Va por ese lado, uno no puede, es más, desde el punto de vista social no debería dejar de utilizar todas las herramientas, y hoy la tecnología nos brinda accesos muy importantes, baratos desde algún punto de vista, pero que debería complementarse, porque me parece –no sé cuál es la experiencia de los docentes– que la complementación de los formatos digitales con los libros en papel es lo que ha dado mejor resultado. Hay casos, por ejemplo en algunas regiones de España se volcaron solamente a lo digital a nivel de enseñanza escolar, y después retrocedieron en ese avance absoluto hacia un lugar solo, y están volviendo a lo que la intuición indicaría: combinemos el papel con los formatos electrónicos, busquemos una manera de que al joven le guste el libro. Porque ese es el otro punto, es imposible que a alguien le guste leer si lo que está leyendo son fotocopias.

    EC - También es cierto que el estudio vía fotocopias muchas veces es promovido por docentes, no digo por “los profesores”, pero hay profesores que recomiendan fotocopiar el capítulo tal, de tal a cual página y manejarse solo con eso. Ahí tenemos otro problema que ya no es ni de tipo legal ni comercial, es de tradición, que han ido ganando la cabeza de algunos docentes en Uruguay.

    AG - Nosotros hemos tenido algunas constataciones que son dramáticas y que a uno le deberían llamar la atención y deberían llamar a reflexión como sociedad. Un profesional universitario de nuestro país se ufanó de que nunca había leído un libro en su vida. O sea que tú estás enfrentado a un profesional en algún área que te va a asesorar o va a levantar una pared o va a levantar un edificio o te va a operar y no tiene un conocimiento completo, acabado y homogéneo, sino que tiene pedazos, retazos de algo que alguien escribió, que muchas veces ni siquiera se sabe bien quién lo escribió, ni en qué contexto ni por qué ni para qué. Hay un tema cultural aquí. Las bibliotecas públicas son necesidades básicas de las sociedades.

    EC - Tú hablas de bibliotecas públicas. Supongo que no solo estamos considerando en ese planteo las bibliotecas del Estado, supongo que en colegios privados, en universidades privadas quien debe asumir la tarea es esa institución, tanto la de las ediciones digitales a las que tengan acceso sus alumnos como la compra de libros físicos en papel.

    AG - Sí, naturalmente. Además hay experiencias en Uruguay de compras colectivas como son las mesas de cooperativas. Las cooperativas a principio de año, en febrero en general, todos los años, compran juntas todos los libros de texto que van a prestar de forma gratuita a sus asociados. Estoy hablando de la Cooperativa Bancaria, la Magisterial, la de Ancap, hay una cantidad de experiencias. Pero es necesario que haya una intención, un plan nacional para buscar una forma integral de todo esto.

    Porque en las bibliotecas el punto no es solo el texto de estudio, ¿qué tienen hoy las bibliotecas en sus anaqueles que las hagan atractivas para la población, para que el vecino vaya a la biblioteca de su barrio a buscar la novela que quiera leer o el libro de poemas que le interese o el libro de cuentos que le guste leer? Eso le falta a la sociedad en este momento. Este año la Intendencia de Montevideo implementó una cosa que fue muy novedosa en las playas, recuerdo haber escuchado a Rosario relatando en una crónica que la gente hacía cola y esperaba que abriera ese lugar móvil para llevarse su libro. Hay que buscar esas soluciones. En México, por ejemplo, hay bibliotecas que son carritos atrás de bicicletas que recorren toda la ciudad.

    ***

    EC - ¿Hay alguna gestión, hay alguna novedad en cuanto a reuniones, ámbitos de discusión de estos temas con el Gobierno, eventualmente con los gobiernos departamentales, para avanzar después de lo que ocurrió la semana pasada?

    AG - Tenemos prevista una reunión esta tarde con el ministro de Educación y Cultura.

    ***

    Transcripción: María Lila Ltaif

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