Francisco Piria: vida y obra de un pionero que construyó su propia ciudad

Francisco Piria: vida y obra de un pionero que construyó su propia ciudad

    Empresario, comerciante, emprendedor, creador y tal vez alquimista; pero además blanco, socialista y conservador, en distintos tiempos y ¿por qué no? a la vez. La vida y la obra de Francisco Piria, primero, en entrevista con Pablo Reborido y luego en Tertulia con Alberto Volonté, Carlos Maggi, Carmen Tornaría y Mauricio Rosencof, desde el Argentino Hotel de Piriápolis, la colosal obra que inauguró cuando ya había construido la ciudad, el puerto, su castillo y llegaba a cumplir los 83 años.

    (Emitido a las 9.25)

    EMILIANO COTELO:
    Les proponemos sumergirnos en algunos detalles quizás no muy conocidos de la vida de Francisco Piria.

    Nació en Montevideo en 1847. A fines del siglo XIX, cuando tenía 45 años de edad, compró 2.700 hectáreas de tierra que iban desde el cerro Pan de Azúcar hasta el mar. A partir de entonces, convencido de las bondades paisajísticas del lugar, se lanzó a una carrera vertiginosa por hacer de esta zona del departamento de Maldonado un centro turístico regional, y para ello construyó una rambla de siete kilómetros, un puerto, un circuito ferroviario y su propio castillo. Además, hizo una campaña publicitaria en Buenos Aires, para la cual invirtió 15.000 pesos oro. Así, se creó la ciudad que en adelante llevaría su nombre: Piriápolis.

    Francisco Piria, o si prefieren mencionarlo por su nombre completo, Fernando Juan Santiago Francisco María Piria Grossi, fue todo un pionero que ya sobre el final de su vida, en 1930, terminó dejando en funcionamiento la que probablemente sea su obra más emblemática: el Argentino Hotel de Piriápolis.

    Pero ¿quién era Francisco Piria? Antes de detenernos en su legado, en su obra, les propongo averiguar qué había en este hombre que cuando estas tierras eran campo pelado imaginó Piriápolis y tuvo la capacidad de construirla.

    ¿Quién era este emprendedor colosal que se propuso una ciudad autosuficiente y la llevó adelante en todas sus dimensiones? ¿De dónde había obtenido la fortuna que invirtió en este proyecto? ¿Qué había hecho antes? Para saber sobre estas y otras cosas, estamos con el profesor Pablo Reborido, que es docente de matemáticas, pero además se ha dedicado a investigar la vida de Francisco Piria y la historia de Piriápolis.

    En general, todos hemos oído hablar sobre su obra, pero ¿quién era Francisco Piria en sus comienzos, en su juventud?, ¿a qué se dedicaba?

    ***

    PABLO REBORIDO:
    Tenemos la fortuna de que Piria escribió muchísimo y no es necesario ir muy lejos, basta con ir a sus folletos o a la prensa. Sobre su infancia, él relata que en 1853, cuando tenía seis años –cuando el país salía de la Guerra Grande– fue enviado por sus padres a estudiar a Génova, a la ciudad de Diano Marino, muy próxima a Génova, donde habían nacido sus padres. “En ese momento mi familia estaba en un estado de bienestar y holgura”, contó Piria.

    EC - Ya venía con un patrimonio de atrás.

    PR - El padre era piloto mayor de la flota francesa en el Río de la Plata.

    Ni bien llegó a Italia, con seis años, murió su padre. En 1857, cuando se estaba educando en Génova, murió su madre durante la epidemia de fiebre amarilla. Y en agosto de 1860, antes de cumplir los 13 años –contado por el mismo- se embarcó para Montevideo porque, como hijo de italianos nacido en el exterior, “tenía que enrolarse en el ejército”. Ese agosto de 1860 se embarcó en el velero Roca, que entró a puerto en Montevideo en octubre de ese mismo año.

    Y ese niño que se había ido con una familia en una buena posición económica, se encontró al regresar, con que, como dijo, “solo quedaba en pie la casa paterna, y los menores –él y su hermano– fuimos vilmente saqueados”.

    EC - Tuvo que empezar de nuevo.

    PR - Tuvo que empezar de nuevo. Hay anécdotas que lo muestran trabajando, ayudando a las personas a la llegada de la diligencia del interior a llevar las valijas, etcétera, pero el primer registro que tenemos de una actividad laboral es como peón rural en el valle Fuentes, en 1862. Y también está registrado que en 1863 se presentó en el Batallón 3º de Guardias Nacionales, al mando del capitán Moratorio, de esta forma: “Soy blanco y vengo a defender a mi partido”. Era un chico de 16 años y no lo querían enrolar en el ejército, pero ante la insistencia y con esa presentación lo aceptaron.

    EC - Hay sonrisas en la sala…

    MAURICIO ROSENCOF:
    Hacia Volonté, pero después terminó escribiendo un libro que se llamó “El socialismo triunfante”. Siempre hay un roto para un descosido.

    ALBERTO VOLONTÉ:
    Siempre en la vida hay que ir a las fuentes, y él empezó diciendo “soy blanco”; después vendrían otras cosas.

    MR - La gente evoluciona.

    CARLOS MAGGI:
    ¿Por qué discuten tanto sobre uno de los tipos más conservadores que ha habido en el país?

    AV - De repente es porque él se proclamó socialista.

    CARMEN TORNARÍA:
    No, eso fue en el período en el que se declaró blanco.

    MR - La gente evoluciona.

    AV – Pero la raíz no se cambia.

    MR - Dijo que era blanco para conseguir un trabajo.

    [Risas]

    AV - No teníamos tanta importancia en esa época.

    EC - ¿Cómo apareció el Piria emprendedor, el Piria empresario?

    PR - Nos ubicamos en 1863. Esos son los dos únicos trabajos remunerados que se le conocen. Después ya lo vemos como empresario independiente. En 1867 tenía una tienda de remates de objetos varios nuevos, no se vendía usado. En lugar de vender, remataba.

    MR - Los Remington.

    PR - Eso fue posterior, en 1877.

    Si aparecía un criollo adinerado, Piria sacaba a la venta bombachas o botas; si aparecía un citadino, sacaba relojes. Las promociones eran muy interesantes porque los relojes eran garantidos “hasta que se rompan”, “acá no se engaña a nadie”.

    EC - Siempre se ha destacado la creatividad que tenía para la propaganda, para la publicidad, para el marketing.

    PR - Promocionaba una yerba que no contenía “precipitatum rojum arenisca” o algo así; que en realidad no era nada, era simplemente para marcar algo: como la yerba de él no lo tenía y las otras sí, entonces eran malas. Ese negocio de Piria, que se llamaba La Exposición Universal, estaba ubicado en el arco de lo que era el Mercado viejo, que no es el Mercado Central viejo –que fue posterior-, sino el Mercado Viejo que estaba al lado de la puerta de la Ciudadela.

    MR – Que después se incendió.

    PR - El 16 de febrero de 1870 se produjo el incendio más pavoroso que conoció Montevideo, por el cual ardió gran parte del Mercado, incluido el negocio de Piria. Era notable cómo traían el agua desde el puerto en cadenas humanas, sobre todo con los marineros de toda la flota que estaba anclada en ese momento.

    EC - Después se destacaría como rematador de solares, de terrenos, porque sería además un creador de barrios, en Montevideo y fuera de Montevideo.

    PR - En 1867 empezó con La Exposición Universal, que prácticamente continuaría hasta 1877. Ahí aparecieron los Remington, que fueron otra jugada de Piria. En 1875, en la batalla de San Severino apareció por primera vez el fusil de repetición Remington. Piria lo tomó y en 1877 sacó un aviso en el diario que decía: “Que cada oriental venga a buscar su Remington”, pero ese Remington era una especie de capotón, un levitón, como se le llamaba en la época. Era un juego de palabras con otra marca que se llamaba Levington.

    Saltamos a 1873, cuando empezó su actividad como rematador de solares. En ese año fundó La Industrial (posteriormente sus herederos formarían La Industrial Francisco Piria SA, en 1946) y realizó el primer remate de solares el 1° de marzo de 1874, en la ciudad de Las Piedras, en la zona próxima a la estación. Lo hizo para ver cómo funcionaba ese negocio y le fue muy bien, tanto que eso le proporcionó su enorme fortuna.

    EC - Ahí empezó la fortuna de Piria.

    PR - Ahí empezó su fortuna. Y tuvo una gran vuelta de tuerca cuando, en 1878, Piria habló de “inflazón”: él consideraba que los precios de todas las tierras estaban sobrevaluados y decidió vender todo lo que tenía, se lo vendió a Reus. La prensa de la época titulaba “La gran operación del día”. Francisco Piria vendió todas sus tierras en 700.000 pesos de la época. Para tener una relación con valores actuales, con un cálculo relativamente aproximado, en valores inmobiliarios un peso de la época equivalía a unos 20 dólares actuales. Y además señalaba: “La Industrial quedará para cobrar 500.000 pesos de lo que ya había vendido a plazos”.

    En 1890, luego de la quiebra del banco de Reus, Piria volvió a comprar tierras prácticamente a la tercera parte de lo que las había vendido. Quiere decir que en un año prácticamente triplicó su fortuna.

    EC - Y siguió fundando barrios, 70 barrios montevideanos fueron impulsados por Piria, según los datos que leía.

    PR - Muchos barrios todavía conservan el nomenclátor puesto por Piria, por ejemplo Malvín. Esa fue la actividad que le dio dinero.

    EC - Además era muy innovador en el sistema de ventas.

    PR - Era impresionante, contrataba el ferrocarril, la banda de música de él, hacía comilonas, e incluso llegó a fabricar cigarros.

    EC - Todo para estimular los remates.

    PR - Y sugería que los esposos fueran acompañados de las esposas, porque “eran mucho más criteriosas que ellos y veían mucho más a futuro”.

    EC - Toda una revolución para la época.

    PR - Impresionante.

    EC - ¿Cómo era la venta en cuotas?

    PR - Una de las promociones era el remate hasta de la cuota, se remataba la cuota con que se pagaba el terreno. Piria llegó a hacer promociones –no creo que hayan sido reales– que hablaban de pagar hasta en 600 cuotas, es decir 50 años.

    EC - También fue político, llegó a ser candidato a la Presidencia de la República.

    PR – En realidad fue candidato a diputado del partido Unión Democrática, un partido de neto cuño conservador que creó en 1919, integrado por industriales y comerciantes.

    EC - Por ahí viene lo que decía Carlos.

    CM - Era antibatllista, porque Batlle le parecía un escándalo comunista.

    PR - Tenía serios problemas con José Batlle y Ordóñez en particular y con la administración colorada en general.

    MR - Pero sacó 560 votos.

    PR - Sacó 658 votos.

    AV - Ya había escrito “El socialismo triunfante”, de manera que, si será rico nuestro país: cómo aquellos hombres extraordinarios de la época mostraban distintas facetas, desde su blanco fundacional, el pasaje por el socialismo y ese libro espléndido y un sentido conservador de la vida. Que de repente era un sentido conservador progresista, porque inicialmente él era un pequeño e imaginativo empresario que nació de la nada. Creo que más que conservador, quería asegurarse lo suyo para seguir progresando.

    MR - Forma parte de una pléyade de hombres que sobre el terreno innovaron, aportaron y crearon, como Lussich en Punta Ballena, como Salvo en el edificio, como los que hicieron la costanera y esta ciudad espléndida que construyó Piria a instancias e impulso de una energía que quedó trancada en alguna hendija del territorio, porque cuesta que arranquen nuevos emprendimientos de este tipo.

    EC - ¿Qué era ideológicamente Piria?

    PR - En una entrevista que le hicieron avanzada la década de los veinte, él le dice al periodista: “Yo no soy nada”, habla de sus comienzos tibiamente blancos, pero se ve que después se desencantó –discúlpeme, Volonté–.

    [Risas]

    AV - No hay un blanco que no haya tenido un tiempo de desencanto. Se renuevan los votos y se sigue blanco.

    PR - Lo curioso es que Piria tenía muy buenas relaciones con algunos gobernantes. Por ejemplo tuvo muy buena relación con Brum, con Terra y con Luis Alberto de Herrera; no así con la parte de José Batlle y Ordóñez, Williman, etcétera, a quienes criticaba.

    EC - Pero ¿fue socialista o no?

    PR - Justamente, “El socialismo triunfante” (un libro escrito por él en 1898, que, como todas sus publicaciones era de distribución gratuita, ya que no vendía sus libros, sino que los regalaba en La Industrial), es un socialismo a lo Piria, que fomentaba una subdivisión de la tierra en la que había ese cangrejo debajo de la piedra de que lo haría el rematador.

    Pero en la parte política, yo me centraría en las ideas avanzadas que tenía en este libro sobre lo tecnológico y lo social. Él planteaba que el divorcio por sola voluntad de cualquiera de los cónyuges debería ser posible, porque consideraba al matrimonio como una sociedad como cualquier otra, que se disolvía a petición de cualquiera de los socios. También hablaba de la limitación de la herencia, porque consideraba que “el genio no se hereda” y que esa fábrica que funcionaba muy bien cuando estaba el propietario, al fallecer este, quedaría mejor en manos de los obreros que la sabían manejar, que quizás en manos del hijo de ese patrón que no tenía la menor idea de cómo funcionaba la empresa.

    En la parte tecnológica llegó a pensar en el celular, hablaba del “telepalo portátil”, un bastón con una punta magnética que se clavaba en un lugar de la tierra y permitía saber lo que estaba sucediendo en ese mismo momento del otro lado del mundo.

    También previó la gran guerra mundial, aunque con una pequeña diferencia: supuso que esa gran guerra se terminaría cuando el gran Yarnoki –un sabio japonés– inventara la gran bala bomba. Fue al revés.

    También hacía críticas y preveía el problema que se iba a tener con el comercio con Oriente, decía: “Los orientales, con su miserable manera de vivir, que con un plato de arroz se arreglan, generan mano de obra mucho más barata que va a hacer que nuestros productos no sean competitivos”.

    EC - Una discusión que seguimos teniendo hoy.

    PR - Lo planteó en 1898.

    ***

    EC - ¿Qué fue lo que llevó a Piria a emprender la aventura de fundar una ciudad balnearia en este punto de la costa uruguaya?

    PR - Él explica por qué vino acá: “A qué negarme, me enamoré de este pedazo de tierra rodeado de montañas”. Pero hay elementos mucho más objetivos.

    EC - Tengo la frase textual: “Yo sentí todo el calor ardiente de una pasión de enamorado y desde ese momento surgió en mi imaginación la ciudad balnearia”.

    PR - Piria hizo ese relato porque en el Carnaval de 1890 había hecho una gira por el este.

    EC - ¿Gira por el este? Con problemas muy serios para el traslado; ¿cómo se hacía en esa época?, ¿en carreta?

    PR - El último destino del ferrocarril era la estación Montes, y desde ahí tomaron una diligencia y fueron a San Carlos, de San Carlos bajaron a Maldonado y luego vinieron recorriendo la costa. Piria criticó Punta del Este, Punta Ballena, Las Delicias y se quedó con este lugar.

    EC - ¿Existían ya? ¿Qué había en esos lugares?

    PR - No, Piria dice: “En Punta del Este solo estaba Risso vendiendo pescado”, literalmente. Cuenta cómo se alojaron en San Carlos en el Hotel del Gato, donde una lata de queroseno servía como mesa de luz. Él ya había hecho varios viajes por Europa.

    EC - Era un hombre que tenía su fortuna y que además se caracterizaba por gustos muy refinados.

    PR - Por supuesto.

    Esta gira la hizo acompañado por su yerno, el doctor Ísola, el esposo de Adela. Llegaron a este lugar y encontraron elementos que en esa época eran fundamentales. Primero, el puerto natural de Piriápolis; hay que recordar que lo más que se aproximó el ferrocarril a esta zona en 1895 fue a la estación La Sierra, lo que es hoy Gregorio Aznárez; recién en 1910 llegó a Pan de Azúcar.

    Por otro lado –ahí vamos a lo más objetivo– ya había comenzado la explotación de minas en la zona de Pan de Azúcar (minas de talco, de cobre, de mármol, etcétera) y en 1889 había salido una ley de adoquinado obligatorio de Montevideo. Entonces Piria vio en las canteras del cerro Pan de Azúcar la materia prima y en el puerto la salida, y lo primero que hizo cuando se estableció aquí fue empezar con esa actividad agronómica, y a la explotación granítica le agregó la explotación vitivinícola. Tal es así que la escritura de la primera compra de Piriápolis, de esas 1.814 hectáreas primeras –hubo tres compras en la zona–, fue firmada por un apoderado de Piria, porque él estaba en Europa con muestras de tierra y piedras para ver, por un lado, cuál era la posibilidad de la extracción granítica, y, por otro lado, qué variedades de vid se adaptaban más a esta zona.

    EC - Pero después saltó a la idea de ciudad balnearia.

    PR - La actividad balnearia en Piriápolis comenzó cuando ya había una infraestructura. Él creó la granja, el Pueblo Obrero; la única construcción que encontró fue lo que quedaba de lo que hoy se llama quebrada del Castillo, que era una posta militar española que también había sido una posta de diligencias. Ahí se estableció con los obreros, empezó a lotear el Pueblo Obrero, y el 15 de diciembre de 1902 inauguró –en los jardines de lo que hoy es el Hotel Argentino– el primer hotel, que más adelante calificó como “hotel de morondanga”, porque era una construcción muy precaria de chapa y madera.

    Quiere decir que primero tenemos el Piriápolis agroindustrial, y recién en 1902 empieza el Piriápolis turístico.

    ***

    EC - Después de escuchar al profesor Pablo Reborido con esos apuntes sobre la vida y la primera historia de Piria, vamos a seguir con los integrantes de la Tertulia, que ya hicieron sus aportes pero ahora van a intervenir con la visión que tienen de este emprendedor tan particular que fue Piria.

    Carlos, tú dijiste que era un “conservador”. ¿Ese es el resumen de la imagen que tienes de Piria?

    CM - Había que ser muy conservador para estar tan en contra del que hizo esa época que él usufructuó y a la que le sacó tanto partido. Me llama mucho la atención que estuviera en contra de Batlle; si yo hubiera vivido en esa época habría sido partidario de Batlle, como lo soy ahora.

    Piria es un tipo interesantísimo, tiene un trazado de vida que se da en mucha gente muy especial, gente talentosa, que inventa cosas, adquisitiva, que hace una fortuna y cuando llega a tener mucha plata no tiene objeto, porque no le da la vida para gastarla, entonces hace un giro e inventa una cosa nueva. Fue lo que hizo Piria, poner plata, arriesgar la plata –en última instancia no le importaba porque no tenía tiempo para gastar la que tenía– y meterla en una cosa como construir una ciudad de arriba abajo y grande.

    EC - Piria se embarcó en el proyecto de lo que después sería Piriápolis, que al principio no iba a llamarse así necesariamente, cuando tenía ¿qué edad?

    PR - Tenía 43 años.

    EC - ¿Cuánto tenía cuando construyó el hotel?

    PR - Cuando el hotel se inauguró Piria tenía 83 años.

    EC - Había comenzado la construcción diez años antes, de modo que puso la piedra fundamental del hotel cuando tenía 73 años. Y era un hotel colosal, de dimensiones insólitas para Uruguay y para América del Sur, no había otro de ese tamaño en aquella época.

    PR - Según las promociones de Piria –que en este caso no exageraba–, era el hotel más grande, lujoso y confortable de América del Sur.

    MR - La cronología establece que los audaces… Artigas arrancó cuando tenía 47 años.

    Yo conozco algunas leyendas que no sé hasta qué punto son ciertas. Piria fue uno de los pioneros de la conquista del este; después vinieron Michelizzi con Atlántida, Lussich con su Arboretto… Crearon un Uruguay nuevo en un país donde la tierra estaba repartida de tal manera que lo único que quedaba era arena.

    Él iba a bautizar esto con el nombre de Heliópolis, ciudad del sol, y algunos asocian eso con su condición de masón en ese período. El sol es un símbolo masónico.

    PR - Con respecto a eso, en un libro de 1886 titulado “Un pueblo que ríe”, cuenta cómo ingresó a la masonería y cómo salió de ella. Dice: “Son un grupo de personas que buscan a alguien con el riñón forrado para que les pague sus regias chupandinas. En el siglo de la luz trabajan en las tinieblas, son un grupo de espantaniños”. Cuenta que él ingresó a la masonería, pero ya en 1886 estaba desvinculado.

    MR - Los masones dicen que se fue porque le quisieron cobrar una cuota, son dos visiones.

    Hay una leyenda que me parece formidable... aunque no sé si es leyenda, la leí como cosa cierta. En el Pueblo Obrero, donde no había comercios, no había forma de suministrar los alimentos, entonces a cada poblador le daba una vaca lechera y cuando la vaca se secaba, dejaba de producir, se la sustituía por otra.

    PR - Los obreros que no tenían familia se alojaban en lo que se llama “la central”. A los obreros con familia les vendía un solar y les regalaba otro, y con el solar les daba lo que él llamaba el “corte de rancho”, y la lechera, que se cambiaba por otra cuando se secaba.

    MR - Es una cosa formidable, la distribución de la tierra y el ganado.

    PR - Una cosa interesante, según el libro diario del establecimiento de Piria, es que la alimentación de los obreros –hoy sería todo un lujo– consistía en un kilogramo de carne por día, 300 gramos entre porotos, arroz y fideos, y cuatro galletas, además de un kilo de yerba y un kilo de azúcar por mes.

    MR - Eso era el socialismo triunfante.

    EC - ¿Los obreros de Piria tenían ese régimen de alimentación?

    PR - Los obreros recibían, además del salario, esa compensación.

    MR - Se dice que en aquel período en que no llegaba la luz eléctrica, este fue el primer hotel en tener agua caliente en las bañeras. Las bañeras eran de hierro y se calentaban a primus.

    PR – En realidad, no, es al revés. El hotel Piriápolis, que está aquí al lado, que se fundó en 1905…

    EC - ...lo que hoy es la Colonia de Vacaciones de Primaria.

    PR - Exactamente, la Colonia de Vacaciones Dr. Emilio Oribe. Ese hotel ofrecía aguas de mar calientes y en contraposición Piria hablaba de que en Punta del Este, en el Hotel Biarritz, el agua caliente se ofrecía colocando primus debajo de las bañeras. Hacía la contraposición entre Piriápolis y Punta del Este, como que eso de los primus era en Punta del Este.

    MR - Había servicio de darle bomba al primus. Era una cosa bárbara.

    [Risas]

    Las escaleras de acá son formidables, trajo los mármoles de las canteras de acá, que es granito, pero parece mármol. Y dicen que cuando construyeron el Titanic recogieron el modelo de estas escalinatas, cualquiera puede ver en la película la forma de la escalinata, es exactamente igual a esta.

    PR - Eso no lo podría confirmar.

    EC - Cuidado con la imaginación de Mauricio…

    AV - No importa si es verdad o no, esa reflexión es fantásticamente buena. Piria era un empresario y en aquel tiempo en nuestro país lo importante era ser doctor, abogado, médico, las carreras profesionales. Y un hombre que era un mero empresario, no digo que no era bien visto, pero ni siquiera se tenía una visión de lo que era un empresario. Pero Piria era un empresario fenomenal, a quien no solo le interesaba hacer dinero –que es fundamental, si no, no se es empresario o un buen administrador–, sino que tenía audacia, era un hombre de riesgo, arriesgaba permanentemente.

    Cuando construyó este hotel a los 83 años arriesgó toda su fortuna. Ahí es cuando vemos que un empresario –a quienes a veces miramos como personajes medio extraños– puede ser tan creativo como un artista. La condición de un artista es crear, y él creó. Quiere decir que no solo ganó dinero, no solo arriesgó; quiere decir que el placer de ese hombre… ¿a quién a los 83 años, con la vida hecha, con hijos y nietos, se le ocurre arriesgar todo lo que tiene y poner la fortuna en un hotel?

    EC - Y no fue solo el hotel, que de por sí ya era un emprendimiento de dimensiones estrafalarias. Además era el equipamiento: sacó de acá lo que pudo sacar de acá, como los granitos, trajo de Europa el resto y alhajó el hotel para que funcionara durante 100 años.

    MR - Y todo eso después de fundar Belvedere, Piedras Blancas y Malvín. Fue un creador.

    AV - Su placer, su deseo vital era crear, arriesgando todo. Y esto me lleva a un comentario: en esta tertulia si algo nos bendice es el afecto y la amistad, y yo escucho siempre a Carlos con esa fe batllista que no lo abandona. Tengo un inmenso respeto por Batlle, pero no habría sido batllista aunque hubiera tenido 20 años en el 20, jamás, porque siempre me afilié mucho más –curiosamente- al pensamiento en esa época de un colorado, de Pedro Figari, un artista, un pintor maravilloso, un creativo, un hombre que discrepó con Batlle cuando se confeccionó el presupuesto de 1906 porque tenía una visión distinta de cómo se debía plantear la educación en el país. Curiosamente ese creativo, ese artista que era Figari, al igual que Piria se enfrentó a Batlle precisamente porque había una gran polémica. Era Batlle con un Uruguay muy respetable, que él pensó y además consolidó –y debo reconocer que quedó por muchos años, y vaya a saber si no sigue–, pero había hombres como Figari que desde la pintura, desde la creatividad –en 1906 todavía Figari no era ese pintor–, estaba preocupado por la forma como se iba a educar a los jóvenes a partir de un concepto distinto. Y Piria también.

    Me parece fantástico destacar esto porque nuestro país se fue formando en esa polémica permanente. Curiosamente el referente es Batlle, lo atacamos a Batlle, lo ponderamos a Batlle o no nos gusta Batlle, pero Batlle está presente, lo reconozco.

    CM - Lo que hizo Batlle solo lo pudo haber hecho una generación, una generación brillantísima, que pertenecía a todos los partidos. El mérito del viejo Batlle es haber hecho la época, eso lo hizo él, el que hizo época fue Batlle, pero hubo una generación extraordinaria que le hizo pegar un salto a Uruguay y lo pasó de la Edad Media a la Edad Moderna.

    EC - Carmen, no has dicho nada.

    CT – Estoy escuchando y estoy aprendiendo. Pero los traigo de nuevo a Piriápolis y al Uruguay entero. En esa época Piria –y otros, un puñado importante de gente– apostaba a algo que hoy todavía se discute, que es que quien tiene capital nacional que lo invierta dentro del país. Es una polémica actual. Quizás por eso no era batllista...

    EC - ...un detalle: cuando se metió en este baile de Piriápolis, Piria tenía otra opción para invertir su capital, que era comprar lo que hoy es el barrio Caballito, en Buenos Aires.

    PR - La actividad que hizo Piria en Argentina fue muy posterior, empezó en 1925, cuando compró los terrenos de Punta Lara. Entre las cosas que proyectaba hacer en ese lugar estaba un puente que uniera Argentina con nuestro país.

    EC - Pero antes de eso tuvo esas dos posibilidades: o se metía en el proyecto Piriápolis o invertía en Buenos Aires; y optó por Piriápolis.

    PR - En lo escrito por Piria no he encontrado ninguna mención a eso. Es una tradición oral que se ha manejado, pero documentalmente no ha sido confirmada.

    CT - En ese momento –hay historiadores que estudian qué pasó después– había un germen importante de hombres y mujeres que hoy llamaríamos una burguesía nacional, que el proyecto batllista –sin ofender– paró, trabó; el aspecto positivo del Estado de bienestar trancó eso. Era un capitalismo lindo el que practicaban estas personas como Piria y otros, porque no era salvaje. Eran empresarios, su objetivo era el lucro, su instrumento era el riesgo, pero a su vez había una gran dimensión –quizás por el propio batllismo– de protección a quienes participaban desde la no igualdad de oportunidades en esas empresas: preocupación por la vivienda, por la educación de los gurises e incluso por los instrumentos, a modo de Artigas, no solo el pedacito de tierra que le vendía y le regalaba otro. También ahí estaba el espíritu capitalista activo.

    Una de las grandes interrogantes que se discuten hoy en lo académico y en lo político es qué diablos pasó con ese impulso capitalista sano que en Uruguay se salteó.

    EC - Carlos, hoy te pelean de todos lados, empezó Mauricio, después Alberto, ahora Carmen.

    CT – No, no lo peleo, pero sé que él lo estudia desde el origen, porque Maggi es un enamorado de Artigas, y para mi gusto el primer tipo que hizo un proyecto de desarrollo moderno para el país fue Artigas. Yo no me peleo con Maggi, al contrario, quiero que pensemos todos qué pasó con esa gente.

    CM - La oposición a Batlle ha sido tradicional, y cuando se hace ese tipo de política siempre sale a relucir la misma cosa; Nardone decía “comunistas chapa 15”. Comunista chapa 15 también era el viejo Batlle, no le podía gustar a Piria, eran dos concepciones del mundo muy diferentes.

    EC - Desde la audiencia, Rodrigo dice: “Batlle inventó el empleado público; Piria era todo lo contrario”.

    CT - Exactamente, ahí está.

    PR - Piria a los empleados públicos los llamaba “presupuestívoros”.

    EC - ¿Y el Piria alquimista?

    PR - De lo escrito por Piria no se deduce nada, es toda una tradición. Pero tampoco tendría por qué escribirlo.

    EC - Roberto, del barrio Sur, dice: “Piria, un verdadero alquimista posmoderno, transformador nato”.

    PR - Sí, transformó esto que era piedra y arena en algo absolutamente próspero. Esa es la alquimia que vemos en Piria. Lo otro que se maneja es una tradición oral, la he escuchado, pero no tengo ningún elemento para avalarla ni para desmentirla.

    ***

    EC - Un oyente dice que en Nueva Helvecia, donde vive, tienen una residencia construida por Piria, “que es hermosa”. ¿Cómo es esto?

    PR - No la he visto, pero fue residencia en los últimos tiempos de Carmen Piria, reconocida como hija natural en el testamento, aunque era público y notorio que era su amante.

    AV - Eso sí que era amor.

    MR - Acá es donde Maggi entraría a cobrar impuestos.

    [Risas]

    EC - Hablando de impuestos, Verónica, de Montevideo, dice: “¿Qué habría sido de las ganancias de Piria con la DGI actual?”.

    Darwin, de Rivera, dice: “Piria vivió en la época cierta de hacer progresar las ideas. Si viviera ahora, la burrocracia lo haría abandonar”.

    Ustedes comentaban sobre los roces, los enfrentamientos que tuvo Piria con el gobierno en determinados momentos. El mismo gobierno que lo autorizó a construir un puerto privado, después le trabó algunas iniciativas.

    PR - Cuando iba a construir el puerto, Piria se quejaba: “Lo hago en mi propiedad, con mi dinero –un puerto que a los 90 años iba a pasar al Estado–, y se me exige poner un depósito en garantía, cuando a otros, viniendo con el parche extranjero les facilitan todo”.

    AV - Lo peor fue que Piria quería traer castaños –fíjense todo esto rodeado de castaños, de miles de castaños–, que llegan a un metro y pico –lo que le habrán costado en aquella época–, y los iba a traer por barco desde Montevideo a aquí, pero alguien –vaya a saber quién– le dijo: “Por barco no, por carretera”. ¿Qué carretera?, por el camino que Dios permitiera. El pobre Piria trajo los castaños, pero llegaron cuatro o 20 de varios miles, y Piriápolis y Uruguay se perdieron una forestación de castaños. Además los castaños, aparte de su belleza, que es un canto duradero... Me pareció un crimen, pienso que Piria no pudo hacer muchas cosas por el “interés general”, que es lo que tiene que defender un gobierno. Le decían: “Sí, Piria, es muy bueno lo que va a hacer, pero por el interés general no podrá”. Ahora, ¿qué interés general se protegía al decirle “no lleve los castaños por mar, llévelos por tierra”?, y así los perdió. Eso resulta inexplicable.

    PR - Es exactamente así. Piria habla de 4.000 castaños, de los que llegaron solamente cuatro. Esto sería un bosque de castaños si no hubiera sido porque se los hicieron traer en carretas, en pleno verano; todavía no estaba el ferrocarril. Lo dice literalmente con esos números el propio Piria. (Tengan paciencia si los fatigo con los números, pero no olviden que soy profesor de matemática y el número me atrapa, me parece un referente muy válido.)

    Un detalle no menor: la escuela que funciona hoy en el Pueblo Obrero fue construida por el propio Piria. El arquitecto no era un arquitecto menor, fue Alfredo Jones Brown, que fue el arquitecto del IAVA en Montevideo, entre otros. Piria proporcionaba la luz, el saneamiento, el puerto era de Piria, el tren era de Piria, todo Piriápolis era Piria.