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Cultura

Mitos y leyendas del campo en Uruguay

Nicolás Etcheverry comparte el fenómeno de mitos y leyendas del campo uruguayo desde la Expo Prado 2007. Apariciones, criaturas, intervenciones divinas y terroríficas, con un vacabulario tan particular como el del gaucho. Explicaciones imaginadas para algunos fenómenos que no explica el humano. Qué tiene que ver la ignorancia y la superstición. Creencias y tradición popular.

Antes de entrar de lleno en los cuentos, me parece fundamental explicar qué es un mito y qué es una leyenda. El mito es un relato fabuloso que contiene información sobre algún aspecto trascendental de una comunidad. Sus características esenciales son: la elaboración intelectual (no espontánea), ser una historia verdadera (en cuanto que es colectivamente aceptada como tal), su valor como elemento cultural de integración de una sociedad y su contenido simbólico. En los mitos aparecen personajes históricos a los que se les asigna una imagen arquetípica.

La leyenda, por su parte, es una narración fantástica de hechos mágicos o asombrosos rica en contenidos simbólicos. Se enmarca en la tradición oral y aparece como genero literario en el Romanticismo. Suele basarse en hechos físicos: un paisaje, una ruina, la vida de un caballero, etc. Generalmente son relatos de un acontecimiento más o menos histórico que corre de boca en boca como si fuera cierto. Pero si uno escarba un poco descubrirá que siempre obedecen a la fórmula que el folklorista Jan Harold Brunvand, un profesor emérito de inglés y especialista en folklore de la Universidad de Utah, definió como ADUA (“amigo de un amigo”). De hecho, siempre son cosas que le suceden a otro, y por más que uno intente hablar con el protagonista se vuelve siempre al ADUA.

El maestro y escritor uruguayo José María Obaldía tiene un libro publicado que se llama 20 mentiras de verdad, editado en 1971, que justamente tiene mucho que ver con este tema, por lo que me pareció interesante que compartiera con nosotros su punto de vista sobre estas definiciones:

“Pienso que en realidad, diferencia notoria sustancial no hay. El mito era la explicación de un hecho con intervención de los dioses; el origen griego del mito, el mito de Apolo, el mito de Sisifo, etcétera. Y la leyenda era también la explicación de un hecho natural, no por la vía natural sino por la intervención de seres no humanos, extrahumanos, sin llegar a la categoría de dioses. Está la leyenda de ñandutí por ejemplo es la hija de un cacique guaraní que se convierte en araña, y teje...Pero es una diferencia no marcada. Pertenecen al mismo terreno de la explicación imaginada de un hecho a través de seres extrahumanos o más poderosos que los humanos”, señaló Obaldía.

Hay un psicólogo social colombiano llamado Néstor Ganduglia que sostiene en un ensayo que “durante siglos, las ciencias sociales han considerado a mitos, leyendas e historias mágicas como expresión de las ignorancias, supersticiones y falta de lógica del pensamiento popular. Las creencias en este tipo de narraciones fueron erradicadas por la lógica científica, sin embargo, existen investigaciones que revelan al universo mágico como un peculiar lenguaje en el que se depositan los más reprimidos miedos, necesidades y deseos de una comunidad. En absolutamente todo ámbito social existe una producción activa de leyendas populares e historias mágicas”.
Uruguay no es la excepción.

Dicen que en el Departamento de Durazno, en la primera luna llena luego del 12 de octubre (que es la fecha de fundación de San Pedro del Durazno), aparece una carreta humilde en el transitado Puente de San Borjas: con pasajeros fantasmas adentro.
Según cuenta la leyenda, la noche de la fundación del pueblo, una mujer y sus tres hijos decidieron asistir a la gala brindada en la villa del comandante Fructuoso Rivera. Cuando llegaron al puente de San Borjas, el río, embravecido, comenzaba a desbordarse.
La mujer se atrevió a cruzar de todos modos, pero la carreta no resistió el empuje del agua y se ahogó junto a sus tres hijos. Los cuerpos fueron hallados en la primera luna llena después del suceso. Desde entonces, aquellos que cruzan el puente se topan con la espectral visión de la carreta y sus cuatro fantasmagóricos ocupantes, mientras la luz de una redonda luna tiñe de sombras blancas el Departamento de Durazno.

Pero esta no es la única leyenda que se cuenta en aquel departamento. Una que es muy conocida es la leyenda de la taba. La taba es el hueso conocido como astrágalo y con este hueso, que generalmente se extrae del cerdo o de la vaca, se practica un juego de apuestas muy simple que recibe este mismo nombre: taba. Se juega normalmente apostando dinero, entre dos personas sobre un terreno o campo de juego de tierra blanda y un poco húmeda al que se da el nombre de «queso», que se encuentra dividido en dos partes por una línea. Los jugadores se alejan del campo de juego seis metros aproximadamente, uno hacia cada lado, quedando enfrentados para lanzar desde allí la taba. En la tirada se debe pasar la línea hacia el lado contrario, repitiendo el tiro si no lo consigue. Tras lanzar ambos jugadores, la tirada de ambos determina quien gana, siendo las partes lisas ganadoras y las huecas perdedoras:
s la taba queda con la parte lisa hacia arriba, la jugada es ganadora y se denomina suerte. Si la taba queda con la parte hueca hacia arriba, la jugada es perdedora y se denomina culo. Cuando la taba queda en posición vertical, lo cual se denomina pinino, puede pagarse doble o triple, si los jugadores han acordado previamente que esta posición valga. No se admiten otras posiciones.

El juego de la taba fue introducido por los españoles en toda América, y es muy popular en zonas rurales y ganaderas.
 
En la Estancia “12 de Octubre”, que queda en Caballero, en la Ruta 4, cerca del Arroyo de los Perros, se dice que vivía un estanciero que trataba muy mal a sus esclavos y que en una noche de alcohol decidió jugar a la taba con su lacayo mulato. Este último estaba con gran suerte esa noche y poquito a poco le fue ganando mucha plata a su patrón. Éste, acongojado por ir perdiendo contra su propio súbdito, jugó una última vez y apostó todo su capital, incluso el campo. El mulato se vio favorecido una vez más y ganó la propiedad, a lo que el estanciero, hombre fiel a su palabra, entregó sus pertenencias. A la noche siguiente, sin embargo, el patrón no fue capaz de asumir su compromiso, se presentó en el nuevo aposento del esclavo... y lo asesinó a puñaladas (ooh!). Muda testigo de los hechos, la taba permanecía sobre la mesada de mármol en la cocina de la estancia, donde se consumó el crimen.

El estanciero recupera sus bienes y decide enterrar la taba que tantas penas y apremios le había causado. Pero a la mañana siguiente, el hueso volvió a aparecer en la mesada. Una y otra vez sucedió esto, como acusador recordatorio de lo sucedido. El hombre optó por guardarla con llave en un baúl y despidió a todo aquel que conociera su historia, desconfiado de una broma recurrente. La taba, no obstante, seguía apareciendo... Poco tiempo después el estanciero fue hallado muerto, aparentemente por mano propia y a causa de la aparición pertinaz del endemoniado objeto, que desde entonces no volvió a reaparecer.

Lucho Souza tiene 48 años, es un recitador criollo de ese departamento y entre sus recitadas se encuentran algunas de las leyendas más conocidas de Durazno, entre ellas, la de la taba. A continuación lo que dice Souza sobre los mitos y leyendas de Durazno:

“Yo soy recitador. A través del tiempo uno ha recreado leyendas y mitos y misterios de antes, y máxime los que están cerca del pueblo. Por ejemplo,  como la taba del caballero, el perro gaucho, como Ramón Ramón, que son todas cosas de acá de Durazno y que pasaron. La leyenda de los tres negritos, que le salían a la gente de pasada y dejaban media loca a la gente, porque se les aparecían y desaparecían. Es una leyenda, pero justamente.. Hasta hace unos pocos años vivió acá en Durazno una persona que quedó toda descalabrada por querer luchar contra esos tres negritos...Y después no había nadie. Es todo una leyenda. Igual que la taba del caballero. En la Estancia 12 de Octubre, en Caballero, ahí en la Ruta 4, eso es misterio, es leyenda, lo sabe todo Durazno, ahora la taba no está, no sé, está la mesa de piedra, pero la taba no está. Es una leyenda fuerte. De las más fuertes de acá en Durazno. Esa, y los tres negritos y  todo eso”, expresó Souza.

En la Estancia La Llave, situada en el departamento de Florida, donde el escritor Omar Prego pasó muchos años de su infancia, ocurrió lo siguiente:

“Cuando yo era muy niño, tendría seis o siete años, mi madre y yo estábamos sentados en el porche de la estancia, se veía el camino que llegaba hacia camino real como se le llamaba entonces, y vimos venir avanzando un hombre, alto, grande, que muy lentamente se iba acercando a la estancia, y a medida que iba llegando a donde estábamos nosotros, nos empezamos a alarmar un poco, porque era un hombre muy raro y porque vimos que llevaba colgado en la espalda una carabina, un fusil. Pasó de largo y se fue a la zona de donde estaban los peones, y allí se presentó a mi padre y le dijo que quería trabajar como agricultor, y preparar una chacrita porque esa era su especialidad, etcétera. Me gustaba mucho ir a donde estaban los peones a conversar cuando estaban libres, al mediodía por ejemplo, y este hombre tenía una gran disposición para contar su vida. Y un día contó sin más, y de una manera muy precisa, que me quedó grabado para siempre, que él había sido el hombre que mató a Aparicio Saravia. Bueno, empezó a hacer el cuento diciendo que él estaba peleando contra Saravia y que pertenecía a un pequeño grupo de tiradores que había sido contratado por las autoridades del gobierno para que cada vez que había una batalla, dispararan contra Saravia para ver si podían matarlo. Y él dice que en una de esas batallas, justamente en la que resultó herido de muerte Aparicio Saravia, dice que fue él quien disparó contra él y le dio muerte. Siempre terminaba su cuento, se levantaba, iba donde estaba su carabina y la exhibía: ‘Esta es el arma’. Después, con el tiempo, yo me fui a Montevideo, volvíamos muy poco a la estancia con mis hermanos, solamente en las épocas de vacaciones, y un día me encuentro con el hombre que mató a Saravia que venía caminando por una calle cerca del puerto, y me dijo que ahora estaba escondido porque lo querían matar a él, porque él había elegido estar con los que estaban contra el gobierno, los que estaban luchando contra el gobierno, y que seguía con su carabina en mano y los esperaba. Tres o cuatro meses después vi en el diario que había una información según la cual había un hombre se había resistido a la policía que fue a buscarlo y había muerto en el tiroteo. Y ese era este hombre. Se llamaba Manuel Amaro”.

En las primeras décadas del siglo XX la pequeña localidad de Molles de Timote, que también queda en Florida, se vio conmovida por un crimen pasional, protagonizado por una pareja que, como suele suceder en los pueblos chicos, era muy conocida entre los habitantes del lugar. Una noche, el esposo descubrió que su mujer lo engañaba con otro joven del pueblo, con el que se carteaba con frecuencia. Haciendo honor a su fama de hombre temperamental, el hombre esperó a la mujer hirviendo de rabia y celos. Cuando cruzó el umbral no pudo contenerse y, tras obtener la confesión de su esposa, la decapitó a golpes de pala, ciego de ira. Más tarde, al comprender cabalmente lo que había hecho, el asesino intentó ocultar las evidencias del crimen monstruoso. Pudo encargarse de la cabeza de la finada -un objeto maniobrable por su tamaño- al enterrarla sin dificultades en el fondo de la casa: el cuerpo, sin embargo, requería un trabajo más arduo. Desesperado, envolvió con cuerdas a aquel peso muerto que había sido su esposa y le ató piedras para que actuaran a modo de lastre. Cargó el fardo hasta el arroyo Los Molles, que corre en esa localidad, y arrojó el cuerpo al agua con la esperanza de que se hundiera para siempre.

Cuenta la leyenda que desde aquel fatídico día hasta nuestra época, quien cabalgue de noche por la zona y desee cruzar el arroyo Los Molles en forma segura no debe nunca mirar hacia atrás: cuando los cascos de los caballos tocan el agua, la mujer sin cabeza se sube suavemente a las ancas del animal y acompaña al jinete hasta llegar a la otra orilla. Allí, la decapitada desciende silenciosamente y desaparece en la superficie calma de Los Molles, sin hacer un solo ruido ni dañar al valiente que le permite gentilmente compartir el caballo en ese breve trecho. Pero, quienes osan mirar hacia atrás por curiosidad, sin embargo, sucumben al terror y comparten el trágico destino de la mujer sin cabeza, condenada a yacer eternamente en el lecho del arroyo.

Saliendo un poco de los cuentos fantasmagóricos me parece oportuno compartir un cuento que me hizo el maestro y escritor uruguayo José María Obaldía:

“Ya no hay troperos ni hay tropas, el ganado se lleva en camiones...Lo que significaba por ejemplo salir, vamos a elegir mi pago, de Treinta y Tres con una tropa y llegar a Montevideo con ella en las condiciones de que el ganado no perdiera peso y no perdiera por tanto precio en la tablada. Todo eso era una ciencia. Entre la técnica de los buenos capataces de tropa estaba el contar, el contar con facilidad el ganado cada vez que se iba a reanudar una jornada, en la mañana para ver si en la noche no había faltado alguno. Y fulano contaba así, y mengano contaba de tal manera, y qué se yo. Francisco Méndez era un contador excepcional. Dice que un día había salido este hombre de Treinta y Tres con una tropa de 500 novillos, ganado medio chúcaro, en esa época había ganado chúcaro, que daba mucho trabajo de arrear. Entonces, llegaron a la tardecita a un pastoreo, es decir, a un lugar más o menos establecido donde se podía pasar la noche con el ganado porque el campo, el lugar, ofrecía facilidades de controlarlo, de vigilarlo, y bueno, allí acamparon y allí se empezó a pasar la noche, pero se desató una tormenta tremenda. Y eso creo una especie de inquietud en el ganado, cosa que sí efectivamente ocurre en algunos casos, y en determinado momento bueno, cayó un rayo, dijo uno, y aquello fue una disparada general. El ganado se desparramó en la noche, y empezó a llover, y eran truenos y seguían los relámpagos, y bueno, ahí empezaron todos a trabajar para juntar el ganado que no se perdiera nadie. Al cabo de un par de horas ahí en medio de la lluvia se consiguió tranquilizar los animales, redondearlos a todos allí y entonces, ‘bueno vamos a contar’, y uno de los peones dijo: ‘¿Pero y cómo vamos a contar con esta noche?’, y entonces el capataz dijo: “No se preocupe, no se preocupe”. Y en eso vino un relámpago machazo, y él paso las manos así por adelante de los ojos y dijo: ‘499, falta uno y es el novillito rocillo que tiene una guampita gacha’. Contó toda la tropa en la luz de un relámpago”.  

En el campo, existen muchas supersticiones. Por ejemplo, se dice que el encuentro casual con un búho vaticina suerte en casi todos los terrenos, especialmente en el económico. Antiguas leyendas aseguran que si un búho nos mira directamente a los ojos, se adentra en nuestra alma y nos transmite una parte de su poder místico. Por otra parte, si encontramos uno muerto en el campo y cruzamos la mirada con él, una antigua superstición vaticina una pronta traición por parte de un ser querido.

Entre los mitos campestres muy frecuentes relacionados con animales, no podemos dejar de mencionar a “El Lobizón” u hombre lobo, una tradición universal que se "agauchó" en nuestro medio rural y cobró perfiles propios en el universo cultural mestizo de nuestra gente de campo. Según la leyenda, es un hombre común y corriente, siempre nacido séptimo hijo varón en su familia, que todos los viernes al anochecer sufre una transformación física creciéndole entonces vello animal, garras y colmillos, y en esos momentos se comporta brutalmente porque -para decirlo en gauchesco- "en la brasas de su ojos se han quemado los recuerdos".

Como hombre-lobo, la tradición viene de Europa. Como hombre-perro de extraños superpoderes, vinculados a la luna y al monte, esta criatura ya estaba presente en la mitología charrúa y guaraní. El lobizón, según algunos conocedores, teme mucho al cuchillo, al fuego y a todo lo que pueda marcarlo, porque su instinto le advierte que cualquier marca puede hacerlo identificable cuando recupere su forma humana.

¿Y quién no ha oído hablar de las luces malas? La Luz Mala, o “El Farol de Mandinga”, como también es conocido, es uno de los mitos más famosos del folklore uruguayo. Consiste en la aparición nocturna de una luz brillante que flota a poca altura del suelo. Esta puede permanecer inmóvil, desplazarse, o en algunos relatos, perseguir a gran velocidad al aterrorizado observador. Se identificaba a la luz mala como un ‘alma en pena’, el espíritu de un difunto que no recibió sepultura cristiana o que no pudo entrar al cielo por sus pecados. Ante un encuentro, se recomendaba decir una oración y luego morder la vaina del cuchillo; como último recurso, se las debía enfrentar con un arma blanca, ya que las armas de fuego resultaban inefectivas.

No tengo un cuento sobre luces malas, ni lobizones, pero Lucho Souza hizo un relato sobre un perro en el departamento de Durazno:

“El perro gaucho era un perro que andaba como triste acá, y se supo la historia de él. Vivía con un hombre que también era solo,  que era de Villa Del Carmen. Y cuando se enfermó el hombre que lo trajeron a Durazno, a los pocos días apareció el perro en Durazno, y quisieron ahuyentarlo por las buenas, porque el perro estaba como triste allí, y no pudieron. Mientras estuvo el hombre enfermo, durante 40 días, en el hospital de Durazno, el perro estuvo a su lado. Y cuando el hombre murió, lo llevaron para el cementerio y todos los días a las siete de la tarde, el perro caminaba rumbo al cementerio. Y en el cementerio de acá de Durazno, en la portada hay un monumento al perro gaucho: es el perro gaucho en piedra. Esa es otra leyenda fuerte. Hasta los niños de escuela saben del perro gaucho”, contó Souza.

Me quedaron “pa’tras”, algunos cuentos de un gaucho conocido como Don Severo González y contarles sobre las apariciones míticas de Ovnis en la Estancia La Aurora en el Departamento de Salto, tema que seguramente utilice para un futuro informe.

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