Ajustes del desajuste

Cuando promedia la etapa de ajustes, en realidad todo lo que en primera instancia debía ajustarse quedó en veremos.

No porque los conjuntos no se hubieran preocupado en mejorar lo que hicieron en su primera presencia en el Teatro de Verano, sino porque directamente este carnaval ha mostrado una escasez de creatividad interesante.

Muchos conjuntos que repiten, solapadamente, puestas anteriores, o propuestas anteriores, algunos que, con el viejo recurso de afirmar que se viene un chiste viejo, repiten chistes viejos como contenido en sí mismo, etc.

Por otra parte hay pocas rupturas. Poca cosa que golpee el pecho con ánimo de abrir la cabeza.

Tal vez porque a medida que avanzan las responsabilidades por los premios y los puestos finales, decae el arrojo para cambiar. En medio de ese bache creativo que campea en muchísimos conjuntos, aparecen varias luces de esperanza.

Por un lado por la osadía de referentes jóvenes, como La Catalina, La Mojigata o los nuevos conjuntos del interior: Los Sordos, Antifaces.

Quizás este Carnaval sea uno de transición, de estudio, antes de romper los códigos. Cada tanto viene bien quebrar la realidad y dejar de ser cotidianos. Es un esfuerzo.

Acaso mayor que el mucho que ya hacen los conjuntos para salir dignamente (y en algunos casos mucho más que eso), pero que este año falta.

Con pocos grandes espectáculos, y muchos buenos espectáculos, pero sin ese diferencial, este Carnaval no parece quedar en la historia por tener grandes referencias a modo de mojones.




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