Una fiesta con historia

La costumbre de celebrar carnaval es de las más antiguas de occidente. Ya en la antigua Roma se festejaba el inicio de la primavera con la saturnalia. Esta costumbre también tuvo arraigo en varias ciudades europeas. Con la difusión del cristianismo también se popularizó, por voluntad u obligación, el respeto de la cuaresma, período de 40 días en los que la Iglesia prohibía cualquier celebración a partir del miércoles de ceniza y hasta el viernes santo, cuando se recuerda la crucifixión de Jesucristo. Los festejos de la primavera (boreal), entonces, se adelantaron para los tres días anteriores a la cuaresma. Así, los pueblos disfrutaban de los placeres que tendrían vedados por poco más de un mes.

Según escribe Daniel Vidart en el libro El Espíritu del Carnaval, las referencias a las carnestolendas montevideanas no abundan. Sí, a mediados del Siglo XIX, los negros con su tradición africana y los inmigrantes europeos comenzaron a delinear el carnaval del Uruguay. Comparsas de negros (los lubolos -blancos pintados de negro- no aparecerían hasta finales de esa centuria) junto con los bailes, las guerras de agua, harina, huevos y papelitos se instalaron en Montevideo. Sin embargo, desde el poder político se intentaba controlar esas celebraciones "bárbaras" en pos de una sociedad "civilizada".

Así, la autoridad fue limitando los juegos de agua e incluso reglamentó el tamaño que debían tener los pomos que se importaban de Inglaterra.

Cuenta Pedro Barrán en Historia de la sensibilidad en el Uruguay que en 1883 se prohibía el uso de pomos de más de 15 centímetros y en 1892, los de más de 10. Ya en 1888, La Tribuna Popular destacaba los logros de estas políticas: "vemos que el bestial huevazo (...), los cantones, el aguacendo, la bomba, el tarro de pintura y hasta el pomo de a litro" llegan al fin al dar lugar a un "carnaval plástico, donde la estética entra en primer término". Así el agua comenzó a dejarle el lugar a la serpentina que, según el historiador, apareció por primera vez en el carnaval de 1894.

La murga, de historia más conocida, surgió en 1906 cuando un elenco español que tenía muy poco éxito con la zarzuela que representaba en Montevideo decidió salir a la calle a cantar y así juntar el dinero para volver a la madre patria. Lo lograron y, además, sembraron la que sería -junto a las comparsas y el candombe- la expresión clásica del carnaval uruguayo.


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