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Se
pasa... y se quiere
Este año
Falta y Resto no estará en Carnaval. La "de las cuatro
estaciones" se quedó sin una, la de Carnaval. Raúl
Castro cuenta cómo es un enero sin ensayos y repasa una historia
de 23 años junto a la murga. Para 2005, como buen muerguero
que es, promete volver.
- ¿No
es un enero raro este?
- Quince de
enero y estoy más manso que gato de vieja. Manso, tranquilo,
divino. Disfrutando de Pedro, mi hijo nuevo, y de toda mi familia.
Y fundamentalmente viendo el carnaval de afuera que es una cosa
que enseña tanto que parece mentira, cuando uno está
metido adentro no aprende tanto como cuando uno está afuera.
Yo hacía muchos años que estaba adentro.
- ¿Cuántos
años?
- Veintitrés
años, todo un pedazo grande de vida. Por suerte, maravilloso,
23 años que viví con la Falta y todavía vivo,
como digo yo: "está guardada en el garaje recién
pintada".
- ¿Por
qué decidiste hacerle chapa y pintura?
- Por varias
razones, pero la principal es porque está bueno, lo sentís,
no es que lo decida solamente racionalmente. Es un sentimiento en
conjunto con mi hijo Felipe, más que nada. Te diría
que la idea fue de él y yo seguía hasta que me pareció
notable. También Soledad, mi otra hija, opina lo mismo, mi
mujer, bueno... Estuvieron de acuerdo casi toda la familia, así
que dijimos: "vamos a tomarnos un añito a ver qué
pasa" y yo miré mi perspectiva particular desde afuera
y me pareció bárbaro.
Después
apareció la razón fundamental, es un sentimiento,
pero es un sentimiento de decir "voy a aguantar un añito".
Ahora ya me siento como una olla a presión tapada, estoy
sintiendo una valija llena de cosas, de lo que por ejemplo escribí
un libro.
- ¿Te
sentaron a escribir?
- Sí,
me sentaron a escribir sí. Cedí solamente al pedido
de la comparsa de mi barrio que debuta este año en carnaval
y por gauchada, por el honor que me hicieron de venir a proponérmelo.
Y está linda la despedida, para mí está bárbara.
- ¿Y
no te pican los dedos por escribir?
- Escribir escribo
mucho, estoy escribiendo muchísimo. No te digo que a la par
de que si estuviera en carnaval, pero mucho más sencillo
de repente y menos presionado que cuando tengo que sacar la murga
al carnaval.
Escribo lo que
sale, no escribo cuplé de repente, escribo cualquier cosa.
Y me gusta lo que está quedando, por supuesto que son cosas
que después serán adaptables o no para el carnaval,
veremos... Falta tanto.
- ¿Y
qué estás haciendo en enero? ¿Vas a algún
ensayo?
- Todavía
no. Todavía no me ha picado ir a ver nada. Me han invitado
muchos muchachos, el otro día me invitó Gustavo Cabrera
de A Contramano a ir a un ensayo. Me han invitado varios, pero sinceramente
lo que tengo pensado hacer en febrero es irme a descansar a alguna
playa lejana de Montevideo y en marzo voy a ir a la Liguilla y a
algún tablado. Ya cuando esté más o menos...
a ver los últimos cien metros.
- ¿Te
acordás del enero de la primera salida?
- Siiiii. A
esta altura, quince de enero del primer año estábamos
ensayando en el fondo de Fénix, donde no había nada
más que un descampado, y vivía Miguelito, el hermano
de Orejas, en su rancho de lata. Fue el primer sponsor, porque vendía
caramelos en los tablados. Y no le pedíamos nada porque vivía
con nosotros, era el sponsor que tenía la murga.
Y había
una bañera herrumbrada, vieja, y ensayábamos contra
la bañera vieja. Ahora hay terrible lugar. Estábamos
ensayando "Para abrir la noche" y "A redoblar".
La primera y última canción del espectáculo
primero de la Falta. En aquel momento tenía el de la pelota
que fue el primer cuplé de carnaval que yo escribí.
Era la pelota de la copa de oro. Decía: "salta y pica
la pelota, pica y salta sin parar, de taquito, de cabeza, todos
la quieren parar. La pelota ... ronda y rueda falta y resto, los
detalles de la copa, van en vivo y en directo".
- ¿Ese
fue el primer cuplé que escribiste?
- El primer
cuplé de carnaval profesional, sí. Después
teníamos el cuplé que sacó el canario Luna,
que era malo el cuplé, pero él era un fenómeno.
Y después teníamos un popurrí que no me acuerdo
cuál era. Y la despedida era "subamos juntos al camión".
Lindo momento, maravilloso momento.
- ¿Qué
sentiste en el primer carnaval profesional? Tus letras, tu murga
ahí arriba...
El primer carnaval
desfilamos atrás del último conjunto, se llamaba Clap
Murguista 81, murga nueva que salió ese año y no salió
más. Y atrás de ese, vinimos nosotros, la Falta y
Resto. La imagen del final del carnaval de ese año son dos:
una cuando veníamos de un toque de afuera, de Juan Lacaze,
creo. Y el Gallo (que hacía la pelota) se puso a cantar la
presentación del año siguiente. Cantaba "al volver,
al volver, al volver.." como queriendo enganchar ya lo que
iba a hacer al otro año porque nadie quería que se
terminara. Fue alucinante.
Lo que pasó
fue que enseguida que terminó carnaval, apareció un
espectáculo en el Palacio Peñarol con La Reina de
la Teja, Los que Iban Cantando y Rumbo y empezamos a hacer la murga
que no parábamos en todo el año. Como decía
el Chucho López: "salir en la Falta un año es
como salir en otras tres". No tenés descanso nunca,
entonces los 23 de nosotros son como cincuenta. Mucho tablado, mucho
tablado.
- Lindos
años de carnaval, duros pero lindos.
- A la distancia
después, lindos. En aquel momento duros, cuanto más
te acercas son más duros, cuanto más te alejás
son más lindos.
Al año
siguiente fue el del murguista y el borracho y en el 83 fue Murgalá.
Fue toda una historia, lo escribí ese cuplé y se me
ocurrió viajando de Solymar a Montevideo y después
lo soñé, me levanté y en dos horas lo escribí.
Después que terminó el carnaval del 82, porque en
ese carnaval del 82 me censuraron toda la letra. Nos habían
censurado todo y hay muchas anécdotas de eso, cuando los
milicos nos censuraban las letras...
Nos decían:
"ustedes son comunistas, la Falta es del partido comunista,
ustedes hablan contra el gobierno". Te decían cualquier
cosa. La censura es como la cola del escorpión, viste que
lo mata al final. A la dictadura la deshace porque los deja en evidencia,
deja en evidencia la torpeza siempre. La censura de todo tipo, hasta
la autocensura deja en evidencia la propia torpeza. Los milicos
decían cualquier cosa.
Murgalá
fue una pisada. Cuando llevo la letra pienso: "esto no va a
pasar". Y sin embargo los tipos me felicitaron. Cabrera, el
tipo que te daba las letras, me dijo "te manda felicitar por
una murga que no existe". Yo dije: "mama mía, en
algo le habré errado". Es como en el 84 que nos querían
censurar la despedida de los gauchos. Primero les pareció
bárbaro porque le nombraba a Artigas, cuando la vieron en
el Teatro de Verano me dijeron que no la cantara o que la cantara
de presentación. Nos llamaron y nos llevaron en cana. "Ustedes
tienen muchas posibilidades de que la murga gane", me dijeron,
"pero la despedida no la pueden cantar más".
- José
Dorta, de Araca, me dijo que en la época de la dictadura
les dijeron "si ustedes en vez de Araca La Cana, son Araca
nomás, ganan".
- Si, pasaban
parates mayúsculos.
- ¿Te
comiste muchas canas por la murga?
- Noo, solamente
ese momento, y nada más, por la murga nada más. Después
por la música y por las opiniones en algún momento
sí, pero por la murga no.
- ¿Cómo
por la música?
- En España
por ejemplo. Yo estaba en España cantando con el Choncho
Lazaroff y por las vinculaciones que teníamos con algunos
grupos de izquierda, nos agarran, nos metieron en cana y nos sacan
el pasaporte. Yo me fui a vivir a Paris. Con el Jaime, con el flaco
Bonaldi, con el Sabalero.
- ¿De
ahí arranca la relación con Jaime?
- Arranca de
antes, en un frustrado carnaval en el año 74. Cuando íbamos
a salir en un grupo que se llamaba Las Ranas y nos prohibieron,
ahí también estuvo la censura. Nos prohibieron el
conjunto faltando dos días para el carnaval. En Las Ranas
estaba Gilda, Jaime Roos, el Choncho Lazaroff, el flaco Bonaldi...
Tenía
una cosa alucinante que era un descubrimiento de muchos músicos
en un momento que el carnaval que era menos, era menos reconocimiento
a nivel artístico de lo que es ahora.
De Murgalá
para adelante no podía seguir siendo tan infantil para las
letras. Porque Murgalá era un vallado que todos los años
tenía que saltar. Tenía que tener ideas, no servía
que hiciera versos solamente. Si no tenés ideas, estás
frito.
- ¿Cuánto
sentís que colaboraste vos en hacerle creer a través
del carnaval a las nuevas generaciones que había una nueva
cabeza que abrir?
- Un lindo caldo
de cultivo para expresar lo que uno quería ser y hacer. Y
en eso soy un eterno agradecido a los viejos integrantes de DAECPU
porque mantuvieron viva una manifestación cultural, antes
y después de la dictadura.
Los conjuntos
siguieron agregando cosas, siguieron enriqueciendo el carnaval.
Algunos estuvieron presos, muchos.
Para mí
es un orgullo haber aportado a mantener viva la manifestación
del Carnaval. Porque después está todo en las letras,
la gente escucha lo que quiere escuchar. A veces coincide que estás
en paralelo con el sentimiento de la mayoría y a veces no.
En aquel momento
era mucho más fácil porque decías paloma y
significaba muchas cosas, hoy decís paloma y si no está
bien dicho, es una palabra más.
A mí
me parece que todos los muchachos que hicieron la Falta aportaron
por igual. Los que nos enseñaron equivocaciones, los que
nos enseñaron aciertos, todo. Yo un día le dije a
Julito Sánchez en el año 92, él no estaba cantando
en la murga y me dijo para ir a Europa con nosotros y le dije "vení"
porque si tantas ganas tenés, es porque tenés alguna
función y nos salvó la vida a varios cruzando los
Apeninos en una camioneta. Y era eso lo que tenía que hacer:
ir a cantar y a salvarnos.
En el 90 creo
que fue el año más creativo. Ahí cambiamos
la estructura de la Falta. La despedida fue la de los niños.
Yo me sentía que lo que estaba haciendo era nuevo.
Al año
siguiente repetimos el esquema. Pusimos el concurso de murga. Y
ahí inauguramos una manera.
- ¿Qué
es lo más emocionante de Carnaval?
Lo más
emocionante del carnaval es que un murguero cante una canción
tuya, que no sepa ni de quién es. Pero yo me imagino dentro
de 200 años entrando en un boliche, viejito podrido, de 253,
y decir: "vamos a tomar una y vamos a empezar a cantar una
murga escrita por mí".
- Sos un
tipo que escribe despedidas.
Vos te equivocás,
yo escribo mejores culpes que despedidas. Porque los cuples que
escribo yo, los escribo solo.
- ¿Pero
la gente se para en tus despedidas?
Ah.. la gente,
ta... obviamente que yo si no se paran, me muero. Este año
pasado por ejemplo la murga puteó mucho a la gente, la relajó
mucho. Sin embargo se paran igual, no sé si como antes, pero
se paran igual.
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