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    La primera radio uruguaya en Internet

 Miércoles, 11 de Abril de 2001       

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Isabel Olivera (Uruguay)

Ella tiene algo más de 18, él sin duda cerca de los treinta. 
Se conocen desde hace algún tiempo.
Todo comenzó cuando él buscaba a alguien con dudosas referencias
para un momento ocioso.
Se encontró, en cambio, con un muro de personalidad inquebrantable
Desde el principio de un dialogo monosilábico, planteado dadas as
circunstancias.
Trenzas a los lados, carita de niña, cuerpo diminuto y esbelto.
Mirada limpia y directa que, a pesar de lo tierna, denotaba el dolor de
algún desengaño muy grande.
Él, inteligente y culto.
Contaba con un cuerpo privilegiado y deseable.
Tenia como aderezo un largo camino de amar intensamente a muchas
mujeres.
Como sea, el tiempo transcurrió.
Surgió una amistad.
Para ella eran tiempos de libertad exterior pero de muchas cadenas internas.
Él tenia la ventaja de la paciencia.
Estaba decidido a vencer a un pasado que se la negaba. 
Sabia qué hacer.
Sería como porcelana muy fina entre sus manos.
Tomó su cuerpo despacio entre sus brazos.
Un beso lento, muy lento nació en el aire, recorriendo luego aquel cüello de cisne...
y muriendo en un estrecho abrazo.
Parecía cubrir todo su delgado cuerpo. 
Las manos de él buscaban la cintura.
Como pidiendo permiso a cada palmo, se perdieronn entre la blusa en otro abrazo intimo.
Fue descubriendo la suavidad de su piel, mientras sus miradas se
cruzaban buscando respuestas de aceptación en sus mas allá de cada instante.

El recorría con sus ojos las delicadas formas.
Desprendió los botones del. sostén, dejándole visibles los pechos tentadoramente tiernos.
Le resultaba casi imposible resistir el perderse locamente en ellos.
Ella sentía unas palmas adheridas a sus caderas que la acercaban más y más.
La embriagaba su perfume varonil... 
Se hacia mas intenso al inclinarse...
Se confundían sus latidos.
De pronto, sin saber cómo o cuánto tiempo, el resto de las prendas aparecieron en algún lugar del cuarto.
Se encontraron frente a frente.
Ella sintió pánico.
El mundo, con todo y recuerdos, atravesó como rayo por sus ojos.
Desvió su mirada, pensando mil cosas a la vez.
El la abrazaba tiernamente, y la llenaba de besos y caricias.
Luego de las dudas, ella también lo beso.
Los movimiento se tornaron más intensos, menos lentos.

El desarmó por completo la resistencia y los dolores viejos. 
La miro.
Vio el calor que iluminaba su rostro y sonrió.
Pero la quería toda para él.
Sin nubes de por medio, ni fugaces destellos de temor. 
Ella sintió que todo esta bien.
Estaba dispuesta a la entrega total y por eso no comprendió por qué él, con su rostro feliz, cubrió sus hombros con la blusa, besando sus mejillas y perdiéndose en su pelo.
Se dejó llevar por la corriente y escondió su cuerpo ardiente entre la ropa.

Paso el tiempo.
Sin pensarlo siguen buscando hoy la ocasión para un momento intimo.
Ahora, ya no es frecuente ese malestar que la invadía. 
El deseo la domina cada vez más.
Le quita la recatada voz pasiva.
Ella siente intensamente y lo expresa.
Pero sigue sin entender.

Todo termina en un momento, cada vez más cerca siempre, pero sin
llegar a lo que cada vez desea mas.
En la oscuridad de la noche es imposible cerrar los ojos.
Esa sensación inconclusa de pasión le recorre todo, 
la hace estremecer... termina cubriéndose el rostro con las manos, 
haciendo un esfuerzo por no pensar y solo oír el sonido del silencio hasta dormir.

Ahora se encuentran allí, otra vez... con él otra vez.
Recorren, centímetro a centímetro, superficies interminables de sus cuerpos.
No existe el tiempo.
No hay mas espacio que el que los rodea.
Ella siente atravesar su cuerpo por un acero ardiente de ternura y pasión, y se suma al balanceo, al embrujo del placer.
Desde sus extremos viajan veloces corrientes hacia el centro mismo de sus cuerpos.

Son el centro del universo.

Hay embriaguez en el aire.
Una paz interior los desborda.
Los abraza un manto de placentero adormecer... 
y es el fin de un gran comienzo.