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Elvio Romero (Paraguay) Mi amada es de mi tierra, de lo mío, de la materna arcilla que origino mi nombre; la estrella de su nombre subio de las praderas verdes, donde los ríos brotan de antiguos bosques. Su atuendo es de azahares. Perfumada tiene la voz de seda, y sus canciones hondas, son de su pueblo ardiente, de mi pueblo profundo, cantar de carreteros en luz madrugadora. Tiene aprestos airosos. El cantaro con agua zozobra en su cintura con latido de pajaros; Que mi cantar la nombre. Resueme mi guitarra de noche, adonde duerma. Que la celebre el riente brillo de mis espuelas. Que la alumbren los astros con que alhajo su cuello de paloma silvestre. Mil leguas la he llevado bajo una luna grande, clavando por el cielo mi puñal hasta el mango Como estoy hecho de un galope largo, de una sombra furtiva que se esfuma, quisiera ver la luna de tu rostro en tanto atravesamos la llanura Te llevaré, por verte, noche adentro, a mi lado, apretada a mi cintura, como quien lleva una torcaza tibia en el tibio vaiven de la montura. Acaso al ver el monte en tu mirada, animales y pájaros acudan a guarecerse en nuestro pecho herido, con vocacfon de sol y quemaduras. Traeré conmigo cosas de la tierra, al ceñirme al calor de tu hermosura, una radiante flor de mis querencias de esas que no veré en región alguna. Te llevaré, por verte, noche adentro, a mis antojos, a mi propia bruma, y veré refulgiendo en el galope el halo te envuelva en la llanura. |