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    La primera radio uruguaya en Internet

 Jueves, 22 de Marzo de 2001       

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MIGUEL HERNÁNDEZ (ESPAÑA)

Me empuja a martillazos y a mordiscos,
me tira con bramidos y cordeles
del corazón, del pie, de los orígenes,
me clava en la garganta garfios dulces,
erizo entre mis dedos y mis ojos,
enloquece mis uñas y mis párpados,
rodea mis palabras y mi alcoba de hornos y herrerías,
la dirección altera de mi lengua,
y sembrando de cera su camino
hace que caiga torpe y derretida.

Mujer, mira, mira una sangre,
mira una blusa de azafrán en celo,
mira un capote líquido ciñéndose a mis huesos
como descomunales serpientes que me oprimen
acarreando angustia por mis venas.

Manejando mi sangre,
enarbolando revoluciones de carbón y yodo
agrupado hasta hacerse corazón,
herramientas de muerte, rayos, hachas
y barrancos de espuma sin apoyo,
ando pidiendo un cuerpo que manchar.

Hazte cargo, hazte cargo
de esta ganadería de alacranes
tan rencorosamente enamorados,
de este castigo infinito que me parió y me agobia
como un jornal cobrado en triste plomo.

La puerta de mi sangre está en la esquina
del hacha y de la piedra,
pero en ti está la entrada irremediable.

Necesito extender este imperioso reino,
prolongar a mis padres hasta la eternidad,
y tiendo hacia un puente de arqueados corazones
que ya se corrompieron y que aun laten.

No me pongas obstáculos que tengo que salvar,
no me siembres de cárceles,
no bastan cerraduras ni cementos, no,
a encadenar mi sangre de alquitrán inflamado
capaz de despertar calentura en la nieve.

¡Ay, que ganas de amarte contra un árbol!
¡que afán de trillarte en una era!
¡que dolor de verte por la espalda!
¡Y no verte la espalda contra el mundo!
Mi sangre es un camino ante el crepúsculo

De apasionado barro y charcos vaporosos
que tiene que acabar en tus entrañas,
un depósito mágico de anillos que ajustar a tu sangre,
un sembrado de lunas eclipsadas
ahogadas en un vino con canas en los labios,
al pie de tu cintura al fin sonora.

No me consientas ir de sangre en sangre
como una bala loca,
no me dejes tronar solo y tendido.

Atiende... atiende a mi desesperado sonreir,
donde muerdo la hiel por sus raíces
y recibe esta fortuna sedienta de tu boca
que para ti heredé de tanto padre.

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Emitido 22.03.2001