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CARLOS CASTRO SAAVEDRA (COLOMBIA)
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No me dejes partir, no me abandones.
Atame a tu cintura con tus brazos
y aléjame los buques de la cara con tus suspiros
y tus aletazos.
Rodéame de ti, de tu ternura,
de tus palomas y de tus espinos
para que no me llamen los países,
para que no me escriban los caminos.
Tengo toda la noche de tu pelo
para embarcarme en ella tristemente,
y alejarme un momento con las manos
de las orillas de tu continente.
Puedo andar por mi frente,
por la tuya con gestos numerosos y mundiales
y me siento más hondo en tus entrañas
que en los naufragios y en los funerales.
Quiero quedarme en ti, quiero que me ames
y que me arrojes besos como escalas,
siempre que me desprenda de tus labios
y me crezcan los viajes y las alas.
Acércate a mi pecho más caudalosamente,
húndete en mi camisa.
Atraviesa mi piel, mis guarniciones
y arrásame por dentro con tus labios
y tus inundaciones.
Trasvásate a mis venas,
a mi sangre furiosa,
y auméntame los ríos arteriales
y la espuma que pasa por mi frente.
Vuélvete mi sustancia, mi saliva,
mi llanto y déjate arrastrar por esta agua
y por el contrapeso de las chispas que saltan
de mis fraguas.
Más todavía: súmate a mi sino,
a mi cabalgadura temblorosa y
estréchame los pies a los estribos
con los tuyos calzados de palomas
y de cuchillos vivos que una sola persona,
un solo gesto, sean nuestros dos cuerpos enlazados
y que si yo te beso o tu me besas,
sintamos ambos gustos de amapolas
y cornada de fresas.
De tal manera unidos, compañera,
que ni la muerte puede separarnos
y que de espaldas en la sepultura
tu recuerdes completa mi presencia
y yo inmodificable tu figura.
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Emitido 20.03.2001
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