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MARIO DELGADO
APARAÍN (URUGUAY)
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Cando la vieron a Manuelita paseando desnuda por el patio de la
estancia de los Méndez Trouble, los negros que la miraban sin mucho
respeto desde la cuadra dijeron:
La primavera se viene brava y que no demorara en soliviantar a las
yeguas, las terneras y las pollas del establecimiento.
El
pardo Epiro aprontó el mate y en el instante en que alzaba la pava
hirviendo, allá afuera se agachaba Manuelita, para salvarle la vida
a un mamboretá haciendo relumbras sus ancas de pan casero al sol de
las diez.
Recordó
que el abuelo Eusebio había dicho un día, que la primavera solía
separar a los hombres de sus mujeres, porque a ellas, cuando andaban
descalzas, se les metía el calor por las plantas de los pies y las
panzas se volvían ollas de tres patas donde se hervían los deseos
a fuego lento...y así quedaban preñadas, sin que nadie supiera que
alguien las hubiese montado.
Nélida
le pregunto con la frente arrugada como una chacra, si eso le podía
ocurrir a Manuelita que ahora estaba como bobita intentando
entablillar con las pajas secas la pata quebrada del tatadiós con
la espalda blanca y doblada como un chorro de leche.
Bien
se veía que el sol la estaba rosadeando, abrillantándola de un
sudor recién nacido y sostenido todo un invierno.
Epiro
dijo que era posible que le ocurriese y que no querría estar cerca
de aquella osamenta asoleada el día en que el mayor de los Méndez
Trouble recibiera, como siempre de su hermano, y a la hora en que
las sobremesas se volvían espirituosas, la temida alcahuetería :
"Pancho,
tu hija está preñada".
Epiro
chupó dos mates de corrido sin convidar, porque se estaba poniendo
nervioso mientras echaba cálculos con su cabeza sobre la cantidad
de hombres de confianza y sin confianza que tenía el patrón entre
sus botas, hasta que cayó en la cuenta de que el único estimado
era el propio hermano Méndez Trouble y que los demás eran todos
los
que estaban mirando a Manuelita apoyar las tetas en las rodillas
mientras se la comía la fiebre cada vez mas cerca del mediodía,
entretenida con el tatadiós.
Epiro
dijo que el abuelo Eusebio comentó que era de persona prudente
alejarse lo que se pudiese del aire inflamado de un toro viejo que
piensa que alguien le estuvo trepando la hija de diecisiete años.
"Dieciséis,
Goyo, dieciséis", y quiero saber quien fue el piojoso que me
la montó.
Era
el tenor de los comentarios menores del padre de Manuelita, manso
desde la guerra civil y acallado a sablazos para siempre.
"Para
siempre no, Nelina ", dijo el negro Epiro desde el banco,
dejando el mate entre los pies y buscando la mirada ensoñada de
mormazo de la infeliz gurisa chorreosa en salitre propio, mientras
el tatadiós agradecido buscaba su hembrita como a tres pasos de
hombre, bajo el paraíso del patio.
"Si
nos vamos ahora, cruzamos el Río Negro y buscamos conchabo por
nueve meses en la estancia de Vrazaina.
Así
nos podemos privar de sentir dolores que corresponde que nos
privemos ", fue lo que dijo el negro Epiro buscando con el ojo
el suelo recién barrido, sin querer mirar el susto de los
calentones en la cocina, cuando Manuelita se enderezó y pasó una
palma por la nalga que seguro ya estaba ardiendo, para patear luego
el suelo como una potranca fastidiada por el tábano.
Pero
si se va antes de que se haga el mediodía, se salva ", se
esperanzó Nelina.
"El
mediodía ya es.... salvación no hay, mi negra....a menos que
apronte las maletas y nos vayamos lejos de esa putita, que después
de todo poca culpa tiene, porque cuando el sol quiere, el sol es
todo, usted bien sabe", dijo Epiro levantándose y secándose
el pescuezo con el pañuelo colorado que a veces usaba para las
trillas.
Demás,
nadie se levantó, ni dijo palabra. Apenas si se fastidiaron cuando
vieron desde la cocina a los dos
viejos cruzar el patio, mirando lejos y volando pedidos imaginarios
de caseros y cocineras sobre la pelambre del monte, buscando urgente
otro destino de trabajo, Nelina acomodándose el sombrero de paja,
Epiro deseando que se le hiciera breve la espera a la negrada que
rogaba para que Manuelita se quedara un rato mas dando vueltas por
el patio.
Aunque
salvarse, ya no se iban a salvar.
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Emitido 19.03.2001
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