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    La primera radio uruguaya en Internet

 Lunes, 19 de Marzo de 2001       

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MARIO DELGADO APARAÍN (URUGUAY)
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Cando la vieron a Manuelita paseando desnuda por el patio de la estancia de los Méndez Trouble, los negros que la miraban sin mucho respeto desde la cuadra dijeron:
La primavera se viene brava y que no demorara en soliviantar a las yeguas, las terneras y las pollas del establecimiento.

El pardo Epiro aprontó el mate y en el instante en que alzaba la pava hirviendo, allá afuera se agachaba Manuelita, para salvarle la vida a un mamboretá haciendo relumbras sus ancas de pan casero al sol de las diez.

Recordó que el abuelo Eusebio había dicho un día, que la primavera solía separar a los hombres de sus mujeres, porque a ellas, cuando andaban descalzas, se les metía el calor por las plantas de los pies y las panzas se volvían ollas de tres patas donde se hervían los deseos a fuego lento...y así quedaban preñadas, sin que nadie supiera que alguien las hubiese montado.

Nélida le pregunto con la frente arrugada como una chacra, si eso le podía ocurrir a Manuelita que ahora estaba como bobita intentando entablillar con las pajas secas la pata quebrada del tatadiós con la espalda blanca y doblada como un chorro de leche.

Bien se veía que el sol la estaba rosadeando, abrillantándola de un sudor recién nacido y sostenido todo un invierno.

Epiro dijo que era posible que le ocurriese y que no querría estar cerca de aquella osamenta asoleada el día en que el mayor de los Méndez Trouble recibiera, como siempre de su hermano, y a la hora en que las sobremesas se volvían espirituosas, la temida alcahuetería :

"Pancho, tu hija está preñada".

Epiro chupó dos mates de corrido sin convidar, porque se estaba poniendo nervioso mientras echaba cálculos con su cabeza sobre la cantidad de hombres de confianza y sin confianza que tenía el patrón entre sus botas, hasta que cayó en la cuenta de que el único estimado era el propio hermano Méndez Trouble y que los demás eran todos los
que estaban mirando a Manuelita apoyar las tetas en las rodillas mientras se la comía la fiebre cada vez mas cerca del mediodía, entretenida con el tatadiós.

Epiro dijo que el abuelo Eusebio comentó que era de persona prudente alejarse lo que se pudiese del aire inflamado de un toro viejo que piensa que alguien le estuvo trepando la hija de diecisiete años.

"Dieciséis, Goyo, dieciséis", y quiero saber quien fue el piojoso que me la montó.

Era el tenor de los comentarios menores del padre de Manuelita, manso desde la guerra civil y acallado a sablazos para siempre.

"Para siempre no, Nelina ", dijo el negro Epiro desde el banco, dejando el mate entre los pies y buscando la mirada ensoñada de mormazo de la infeliz gurisa chorreosa en salitre propio, mientras el tatadiós agradecido buscaba su hembrita como a tres pasos de hombre, bajo el paraíso del patio.

"Si nos vamos ahora, cruzamos el Río Negro y buscamos conchabo por nueve meses en la estancia de Vrazaina.

Así nos podemos privar de sentir dolores que corresponde que nos privemos ", fue lo que dijo el negro Epiro buscando con el ojo el suelo recién barrido, sin querer mirar el susto de los calentones en la cocina, cuando Manuelita se enderezó y pasó una palma por la nalga que seguro ya estaba ardiendo, para patear luego el suelo como una potranca fastidiada por el tábano.

Pero si se va antes de que se haga el mediodía, se salva ", se esperanzó Nelina.

"El mediodía ya es.... salvación no hay, mi negra....a menos que apronte las maletas y nos vayamos lejos de esa putita, que después de todo poca culpa tiene, porque cuando el sol quiere, el sol es todo, usted bien sabe", dijo Epiro levantándose y secándose el pescuezo con el pañuelo colorado que a veces usaba para las trillas.

Demás, nadie se levantó, ni dijo palabra. Apenas si se fastidiaron cuando vieron desde la cocina a los dos
viejos cruzar el patio, mirando lejos y volando pedidos imaginarios de caseros y cocineras sobre la pelambre del monte, buscando urgente otro destino de trabajo, Nelina acomodándose el sombrero de paja, Epiro deseando que se le hiciera breve la espera a la negrada que rogaba para que Manuelita se quedara un rato mas dando vueltas por el patio.

Aunque salvarse, ya no se iban a salvar.

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Emitido 19.03.2001