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    La primera radio uruguaya en Internet

 Lunes, 12 de Marzo de 2001       

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Frase del día: “Si había un río en el lugar donde crecimos, probablemente lo oiremos siempre”

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Max Dextre (Perú)

A mi madre le decían loca,
pero no era loca, no.

Hablaba diferente,
era profesora, decía “los ojos sirven para escuchar”.
Yo tenía diez años,

Un niño no comprende el lenguaje vertical y pensaba que quizá, mi madre estaba loca.

Cierta vez me armé de valor y le pregunté: ¿con qué miramos madre?

“Con el corazón”, me respondió.
Cuando mi madre se levantaba de buen humor, cantaba “hoy me puse mi vestido, mi vestido de los veinte años”.
Yo sabía que no tenía veinte años y la miraba nada más.
¿Qué puede hacer un niño sino mirar y escuchar en silencio?.

Si mi madre estaba triste decía estar vestida de niebla.
”Hoy tengo ochenta años”, dijo cuando desaprobé un curso.

Pero al fin, después de muchos tumbos, pude terminar la educación Primaria. 
El día de la clausura llegó tarde y se disculpó diciendo: “hijito, me demoré porque estuve buscando mi vestido de primera comunión. ¿No ves mi vestido de primera comunión?”.

Miré a mi madre y no estaba vestida de primera comunión.
Después tuvo ese accidente fatal, me llamó a su lado, tomó fuerte mis manos y dijo: “no tengas penas, la muerte no es para siempre”.
Pensé. “mi madre no se da cuenta de lo que habla”. Si uno muere es para siempre.
Era niño y no entendía sus palabras.

Ahora tengo cincuenta años y recién comprendo sus enseñanzas.
Sí, madre, sí. Podemos tener veinte años y al día siguiente ochenta. Todo depende de nuestro estado de ánimo.
Los ojos sirven para escuchar porque debemos mirar con atención a quien nos habla.
Y para conocer la realidad esencial de una persona, tenemos que mirarla con los ojos del alma.
La muerte no es para siempre, solo muere lo que se olvida y a mi madre la recuerdo con el corazón.
Ahora, ahora hablamos en sueños. Nos reímos de su método de enseñanza. Una noche me dijo: “He notado que te molesta si tus amigos te dicen loco. ¿Y eso no está bien?. Es natural que el hijo de una loca sea loco”.
Entonces por primera vez repliqué a mi madre y le dije: “usted se equivoca madre, no siempre el hijo de una loca tiene que ser loco. A veces es poeta”.
Por eso, hoy puedo decir con orgullo a mi madre le decían loca, pero no lo era. Era profesora y me enseñó a descubrir la vida después de la muerte.

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Emitido 12.03.2001