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    La primera radio uruguaya en Internet

 Jueves, 15 de Febrero de 2001       

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YEHUDA PESAJ (PERU)


Mientras esperaba que el patrón lo llamara, Manuel miraba los maizales altos y robustos, sentado al borde de la acequia que pasaba por la puerta de la casa.

Apoyados los antebrazos sobre las rodillas, jugaba con sus dedos como acariciando las densas trenzas negras de la Juana.

Iban a vivir juntos.

Los tres años anteriores, las nubes habían pasado altas con su carga de lluvia que no cayó.

Ahora, oportunas, frecuentes y apropiadas, las aguas despertaban el verdor de las chacras.

No habría sequía.

Los pequeños propietarios se alegraban con la promesa de buenos choclos para febrero.

Este año no se harían insistentes rogativas a los santos, no se cargarían los trajines de pálidos silencios, no se morirían las criaturas prendidas de los secos pezones de pechos vacíos y todos comerían, beberían y bailarían en los carnavales.

Desmenuzaba Manuel un puñado de tierra entre los dedos. Tierra ajena, como el trabajo de sus días. ]
Ajena, como el fruto de las manos.

Ajena, como su vida inútilmente madurada, como lo fueron las vidas de sus mayores y lo eran las de los otros indios como él.

Porque todo, chacras, semillas, yuntas y hombres pertenecían al patrón.

El lo vivía desde niño y no sabía por qué tenía que ser así.

Los peones envejecidos decían que era una maldición de siglos sin remedio.

Los universitarios de la ciudad, perseguidos, excomulgados, jugando a las escondidas venían para incitarlos a que invadieran las tierras de los hacendados.

Anunciaban una ley de reforma agraria que habría de ampararlos y dejaban volantes que eran distribuidos...pero apenas comprendidos.

A muchas leguas, detrás de los cerros por donde el sol se esconde, otros indios (según decían) habían invadido tierras y habían caído baleados.

Cinco muertos, abrazados a la tierra ajena, daban testimonio.

El miedo se esparcía acallando rumores y fermentando odios escondidos.

Dura es esta vida perra, rezaban los peones.

El huaino venía desde lejos:

Cansado estoy de vivir la vida que voy pasando, ¡carajo!.
La vida es triste y la vivo soportando.

Y así era, aunque para Manuel lo era menos dura, pues, se ocupaba de las tareas domésticas de la casa-hacienda.

Intermediario entre los dueños y la servidumbre, estaba liberado en parte de los trabajos del capo.

-Tu eres un sirviente, le dijo su primo José en cierta ocasión. Tu estás vendido al patrón y ya no sientes como nosotros.

De un puñetazo, Manuel le rompió la boca, pero le quedaron ardiendo esas palabras. Ahora que él y la Juana iban a juntarse, la esperanza borraba de sus recuerdos los agravios y mucho le costaba poner freno a su alegría.

De pronto escuchó el silbido del patrón y acudió al llamado.

- Mira, muchacho, hay un gavilán que se está llevando los pollos de la señora, vamos a buscarlo; lévame la carabina.

El patrón caminaba delante atisbando la arboleda, buscando al gavilán en las altas copas de los eucaliptos.

- Vamos a buscar por el bosque, del otro lado del río.

Manuel se alegró.
Sabía que por esos lados acostumbraba ir a lavar la Juana.
Con la carabina protegida bajo el poncho, siguió detrás de su patrón.
El cielo se iba cargando de nubes oscuras y espesas.
Pronto llegaría la lluvia.

En busca del gavilán, llegaron a un claro del bosque, al borde de un manantial donde la Juana estaba lavando.

Los dos la miraron.
Llamas de lujuria en los ojos del patrón.
Ternura esperanzada en los ojos de Manuel.
El patrón se acercó a la Juana.
Manuel acarició la carabina bajo el poncho.
La Juana trató de incorporarse.

El patrón la tomó por los hombros y la tendió sobre el montón de ropa sucia.
Manuel se quitó el poncho y levantó la carabina.

Gordas y temblorosas las gotas de la lluvia comenzaron a caer.
El patrón sujetaba la Juana por las trenzas.

Manuel le apuntó a la cabeza con la carabina.
El patrón, ya doblado sobre la Juana, giró de pronto y gritó...

-¡Qué hacés, indio de mierda!.

Manuel dejó caer la carabina.
Se acercó a su patrón y le cubrió la espalda con su poncho.

- Te estás mojando, patroncito.

Caminando de espaldas se alejó.
Cuando el grito de la Juana destempló el aire, Manuel echó a correr...huyendo con aquel grito a cuestas.

Cansado estoy de vivir,
La vida que voy pasando
¡carajo!. La vida es triste

Y la vivo soportando.

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 Emitido 14.02.2001