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Agro

La venta de grandes extensiones de tierra a extranjeros

El tema genera preocupación no solo en Uruguay sino también en otros puntos del planeta. La venta de tierras a extranjeros, ya sean personas, empresas o estados, ¿es un problema para el país? ¿Debería estar limitada? ¿Cómo afecta la estructura social del sector productivo? ¿Corre riesgos la soberanía? Para analizar el tema, La Tertulia Agropecuaria reunió, por un lado, a los tertulianos habituales Guillermo Villa y Rodolfo “Catalán” Irigoyen. Además, participaron Carlos Vicente, vocero de la ONG Grain, desde Argentina, y Cesário Ramalho, presidente de la Sociedad Rural Brasileña. Como es habitual, la mesa fue coordinada por Rosanna Dellazoppa y conducida por Emiliano Cotelo.

La venta de grandes extensiones de tierra a extranjeros


(emitido a las 9.35 Hs.)

EMILIANO COTELO:
En general, en estas tertulias agropecuarias todos hemos coincidido en que la inversión extranjera es beneficiosa para el país porque trae tecnología, puestos de trabajo, desarrollo, etcétera.

Pero ¿qué pasaría si llegara una empresa extranjera y quisiera comprar, por ejemplo, todo un departamento, por mencionar uno, Paysandú? ¿Y si quisiera comprar más de un departamento, o buena parte del país, porque Uruguay no es muy grande que digamos?

Esta situación hipotética, que a muchos puede parecerles absurda, no tiene nada de irreal. Ya ha ocurrido en otras partes del mundo. Por ejemplo, en Madagascar hace dos años una compañía surcoreana alcanzó un acuerdo con el Gobierno de ese país por el cual adquiría por 99 años 1.300.000 hectáreas de campo. Esa es, casi, la superficie del departamento de Paysandú.

Este tipo de negocios, que se ha repetido en otros países de África y también en Asia, ha comenzado a preocupar a autoridades y organismos internacionales.

Aquí en En Perspectiva ya les hemos contado cómo han reaccionado Nueva Zelanda y Brasil donde los Gobiernos están reformando el marco legal para limitar la compra de tierras por empresas extranjeras o estados.

Mientras tanto, en Uruguay esa inquietud fue planteada por el presidente José Mujica, que el mes pasado lo discutió con la Asociación Rural del Uruguay (ARU), y, por otro lado, les encomendó el estudio del tema a los senadores Enrique Rubio, Ernesto Agazzi y Jorge Saravia. Este trabajo, según informó el diario El País, se realizará en forma paralela al que está haciendo otro grupo en el Ministerio de Ganadería.

Teniendo en cuenta esos y otros antecedentes, hoy vamos a discutir sobre esta cuestión a partir de una serie de preguntas.

Por ejemplo, la venta de grandes extensiones de tierra a extranjeros, ya sean personas, empresas o estados ¿es un problema para el país?, ¿debería estar limitada? En caso de darse, ¿cómo afecta la estructura social del sector productivo? ¿Corre riesgos la soberanía?

***

EC - La mesa de hoy tendrá algunas características especiales. Por un lado, contaremos con nuestros tertulianos agropecuarios habituales, Guillermo Villa y Rodolfo “Catalán” Irigoyen. Pero, además, vamos a incluir voces de fuera del país que, espero, van a enriquecer esta charla.

Vamos a tomar contacto en primer lugar con la ciudad de Marcos Paz, en la provincia de Buenos Aires, donde se encuentra Carlos Vicente, que es integrante y vocero de la ONG Grain.

Para empezar, ¿qué es Grain? La palabra viene del inglés y significa ‘grano’. Pero ¿qué es la institución?

CARLOS VICENTE:
Grain es una pequeña organización no gubernamental internacional que hoy trabaja básicamente para que los campesinos, los pequeños productores y los países puedan tener control sobre su sistema alimentario, y no que este esté en manos de grandes corporaciones, de intereses financieros. Básicamente trabajamos en defensa de la soberanía alimentaria de los pueblos.

EC - ¿Qué importancia le adjudican ustedes a esta tendencia de los últimos años de compras de grandes extensiones de tierras en el hemisferio sur por estados y empresas extranjeras, a veces privadas y a veces estatales?

 
 Carlos Vicente, integrante y vocero de la ONG Grain (Foto: www.marcospaz.com.ar)

CV - Hace dos años, a partir del ejemplo que ustedes nombraban de Madagascar, al darnos cuenta de que esto se empezaba a multiplicar, y viendo que hoy en el mundo se están negociando entre 40 y 60 millones de hectáreas con este objetivo por países que supuestamente buscan garantizar su seguridad alimentaria, como China, los países árabes, Japón, adquiriendo o arrendando tierras en otras partes del para producir alimentos, empezamos a analizar este fenómeno y lo vemos con mucha preocupación. Es un fenómeno que ha crecido, y este último año también la FAO y la Organización Mundial del Comercio han empezado a mirarlo con preocupación desde otra perspectiva.

ROSANNA DELLAZOPPA:
Una consulta. Decías recién “supuestamente están buscando garantizar seguridad alimentaria”. ¿Por qué decís “supuestamente”?

CV - Hace dos años, cuando empezó esta crisis alimentaria mundial, empezó a haber una fuerte preocupación por garantizar la seguridad alimentaria de los países.

EC - Te refieres al momento en que se produjo esa suba repentina del precio de los commodities.

CV - Exacto, que se dio en todo el mundo, y en más de 50 países hubo movilizaciones de la gente, preocupada porque los precios de los alimentos subieron muchísimo. El caso de México fue paradigmático en América Latina, porque allí subió el precio de la tortilla, a partir del aumento del precio del maíz, y eso puso en jaque la alimentación básica. Los países empezaron a preocuparse, y los países más poderosos empezaron a comprar o arrendar tierras en otras partes para garantizar la producción de alimentos para sus países. Pero a lo largo de estos dos años se ha visto cómo eso, que ya de por sí era una amenaza, porque, como ustedes decían, que un país destine un millón de hectáreas a producir alimentos para otros significa que se dejan de producir alimentos allí para la población local o para la misma soberanía alimentaria.

Pero a lo largo de los años se fue convirtiendo, como pasa en con casi todos los commodities globales, en un negocio especulativo en el cual empezaron a jugar un papel muy importante empresas privadas, y en este último año ha empezado a jugar un papel muy importante el capital financiero internacional, que especula con los precios de estos commodities. Finalmente ha dejado de ser una cuestión de seguridad alimentaria, que de por sí podría ser cuestionable por el impacto local que tiene, para ser un negocio especulativo. Y esto se torna mucho más grave porque se está jugando nada menos que con la alimentación de buena parte del planeta, y en nuestro caso, Brasil, Uruguay, Argentina, con la situación alimentaria de nuestros países, en los que hay fuertes inversiones extranjeras en este sentido.

RD - En todos los casos el análisis de ustedes es que los fines son especulativos, las inversiones nunca pueden traer prosperidad, desarrollo laboral, desarrollo del país donde se realiza la inversión. Los fines siempre son otros.

CV - El fin para el país, como en este caso China, que está invirtiendo en Argentina por ejemplo en Río Negro para manejar 200.000 hectáreas para producir soja –este es uno solo de los muchos ejemplos que hay– es garantizarse su producción de este grano. Vemos que, además de la especulación financiera, que por supuesto en el tema de los alimentos es grave, esto se repite en todos los casos en nuestros países, es la producción de un monocultivo en grandes superficies con una tecnología que en el caso de la soja es producción transgénica, con alto uso de agroquímicos, y que a nivel local únicamente significa el desplazamiento de otras producciones, porque no significa para nada mano de obra.

El cálculo en Argentina es que hacen falta más o menos dos personas por cada 1.000 hectáreas de soja que se produce. Es fácil hacer números. Y todo esto es para exportación, entonces hay un fuerte impacto local con desplazamiento de comunidades, con desplazamiento de producciones locales, y un commodity que se va absolutamente y no deja casi nada. En el caso de Argentina deja la cuestión de las retenciones, que no existen ni en Uruguay ni en Brasil, pero que desde nuestra perspectiva tampoco son un gran beneficio en la medida en que, supongamos, en Río Negro se produce una cantidad de alimentos, de frutas, que van a ser desplazados para producir soja.

EC - Vamos a incorporar ahora a quienes se encuentran con nosotros en la mesa, Rodolfo y Guillermo.

GUILLERMO VILLA:
Me quedan dos dudas básicamente de los comentarios. Primero, el ejemplo que usted puso de China, 200.000 hectáreas, hablando de cultivo de soja. ¿Piensa que ese cultivo de soja con transgénicos, con uso de herbicidas y demás es privativo de los chinos, o es lo que está pasando en el interior de Argentina y en Uruguay y demás? Si fuera así, no lo vamos a solucionar evitando que los chinos inviertan, sino que creo que hay problemas a nivel de país en cuanto al control y la regulación de la producción.

Segundo punto, esos países que supuestamente van a comprar tierras son poderosos desde el punto de vista económico. Ellos quieren asegurarse el alimento con inversión en tierras, básicamente la preocupación viene por la suba de los commodities. Esos países se van a asegurar el alimento de todas formas porque son los que tienen plata y cuando falte el alimento y suba van a poder comprar. Los que van a terminar pagando la falta de alimentos van a ser los mismos países de siempre, los que no tienen plata. Entonces me cuestiono: ¿cuál es la forma de asegurar la alimentación del mundo? Indudablemente hacer producir eficientemente al mundo. Ese millón de hectáreas que compraron en Madagascar ¿producían o no producían? De repente después de que alguien las compró e invirtió pasaron a producir. Creo que asegura mucho más la alimentación del mundo el hecho de que las tierras improductivas produzcan –por supuesto que hablamos de producir en un sistema sustentable en el tiempo– que prohibir esa inversión y seguir con un millón de hectáreas improductivas.

CV - En primer lugar, es muy claro que nuestro cuestionamiento no va a esta cuestión del acaparamiento de tierras global, sino a todo un modelo de producción que ha reducido nuestra alimentación a una mercancía. Todo el tema de la sojización en el Cono Sur –en Argentina estamos por sembrar 20 millones de hectáreas de soja con aplicación de 200 millones de litros de glifosato– es un problema que venimos cuestionando desde el año 96, cuando se inició aquí la siembra de la soja transgénica.

EC - Guillermo iba a que eso en todo caso se puede enfrentar con buenos controles del Estado, del Gobierno sobre los sistemas de producción. La pregunta se refiere a qué diferencia implica que en estas operaciones empiecen a tallar por ejemplo estados que compran tierras o grandes empresas de origen estatal.

RODOLFO IRIGOYEN:
Una primera cosa para que alcancemos una discusión conducente a algo es que fijemos bien sobre qué vamos a discutir. Una primera gran diferenciación que debemos hacer son las inversiones extranjeras que existen en un país como Uruguay, que son inversiones a nivel microeconómicos con fines obviamente productivos. La especulación siempre existe, se gana y se pierde con ella, no es un seguro de vida para nadie. La especulación inmobiliaria, la valorización o desvalorización de los activos son cuestiones inherentes a la actividad económica, no creo que vengan al caso.

Si vamos a discutir ese tema, que es interesante, o si vamos a discutir los grandes temas globalizados, esas compras masivas de tierra por parte de estados o de grandes corporaciones que representan a los estados, que se están denunciando, creo que no tienen ninguna posibilidad de realizarse en Uruguay por una serie de razones. Podríamos decir que esos estados están en estadios precapitalistas de desarrollo, allí la tierra no vale nada, no produce nada y es muy fácil adquirirla.

GV - Y pertenece al Estado, en muchos casos.

RI - Por supuesto, son tierras fiscales y demás.

EC - Ese es uno de los argumentos que manejó el presidente de la ARU, Manuel Lussich, cuando lo entrevistamos sobre este tema el mes pasado. Él decía que en varios de esos países donde se han concretado estas compras eran tierras pertenecientes a su vez al Estado. Era una negociación Estado-Estado o entre una corporación perteneciente a tal Estado con el Estado del país receptor de la inversión.

RI - En Uruguay existe un mercado de tierras que funciona con transparencia, el que quiera comprar un metro cuadrado de tierra va a tener que comprarlo a precios de mercado, en condiciones de mercado. Entonces no es viable, además de que por la extensión del país estaríamos últimos en los objetivos de estas empresas o de estos estados. Me parece que esa discusión no va a aportar nada, nos vamos a perder en disquisiciones genéricas de fondo mucho más filosófico de otro tipo, como estar contra los transgénicos, contra el glifosato, contra el eucalipto, contra la celulosa, contra la empresa extranjera, contra las trasnacionales.

Y hay que estar a favor de cosas. Yo pensé que ese discurso después de la autorización definitiva de Botnia, de la apertura del puente y demás, el discurso Gualeguaychú, por llamarlo de alguna forma, había quedado perimido en el país. Veo que no, y veo que todas esas cosas que se satanizan son las que están haciendo que cientos de millones de personas en todo el mundo salgan de la pobreza, mejoren su alimentación, mejoren la calidad de su administración. Por supuesto que eso va a tener costos sociales, toda revolución –esta es una revolución productiva histórica en el mundo– tiene costos sociales, vamos a ver cómo los mitigamos sin ponerles palos a la rueda a revoluciones que han mejorado enormemente el ingreso del conjunto de los pueblos del mundo.

CV - Lamentablemente, y sin entrar en ningún tipo de chauvinismo nacionalista con relación al tema Gualeguaychú y Botnia, para nosotros el debate –y no el debate filosófico, sino el debate político y tecnológico, si se quiere– tiene que ver con este cuestionamiento a quiénes controlan la alimentación en el mundo. Básicamente quiero remarcar que toda esta revolución tecnológica no ha estado a favor de la alimentación. Simplemente tomemos un dato, para hablar de datos y no de especulaciones: en el mundo hemos llegado a tener mil millones de hambrientos, ahora la cifra se ha reducido un poco, como nunca hubo antes en la historia. Entonces lo que debemos pensar de manera objetiva es ¿quiénes alimentan al mundo? Y lo real es que estas corporaciones y la soja transgénica y el maíz transgénico no están alimentando a las personas sino el negocio de un puñado de corporaciones que cada vez son menos y que está produciendo –justamente por este esquema de que no producen alimentos– mercancías para una industria globalizada que alimenta pollos aquí o vacas allá, Unión Europea o China, pero no a las personas. Lo real es que el 70 u 80% de la alimentación en el mundo, de nuestros alimentos, sigue siendo producido por pequeños agricultores, por campesinos, por productores familiares.

Creemos que el enfoque crítico que necesitamos es volver a mirar esta agricultura que no solo puede y está alimentando al mundo, sino que también es una respuesta a este otro grave problema, que miremos o no la realidad está ocurriendo, que es la crisis climática, se están produciendo transformaciones debidas a este modelo de agricultura industrial. Hemos hecho cálculos de que casi el 50% de los gases con efecto invernadero es producido por este modelo, entonces hay que cambiar, el mundo necesita cambiar, y mirar hacia delante no es volver a una agricultura de hace 200 años, sino que hay un modelo de agricultura que puede alimentar al mundo.

GV - Se imagina que si a mí, que estoy en el tema, me cuesta entender la explicación, lo que debe ser para un oyente normal. Creí entender que todo lo que producen de granos, carne, leche y lo que sea estas grandes corporaciones o multinacionales nunca llega a la alimentación de un ser humano, se pierde. Pero si llega a una vaca en China, esa vaca algún día se va a convertir en leche o en carne, esos granos se van a convertir en proteína, terminan alimentando a algún ser humano en el mundo. Si tenemos que discutir si esa producción de granos se debe hacer con grandes corporaciones o con pequeños productores, es otra discusión, y quizás ahí tengamos algunas coincidencias. La realidad es que Uruguay, por ejemplo, gracias a la inversión extranjera multiplicó por 100 su producción de soja, y no creo que esa producción se haya tirado al océano, creo que sirvió para alimentar a algunas personas. Ahí es donde debemos focalizar la discusión.

CV - Por supuesto que sirve para alimentar, como vos decís muy claramente, “a algunas personas”. Yo lo planteo con números, ustedes tienen datos sobre Uruguay, yo no los tengo, pero ¿quién produce los alimentos para los uruguayos, lo que comen realmente los uruguayos? ¿Es esa inversión extranjera la que los produce?

RI - Hay una serie de afirmaciones de tono catastrofista que no tienen correlato con la realidad porque son apenas una parte de la verdad, como lo de los mil millones de hambrientos, pero nunca antes hubo 6.500 millones de habitantes. Si vemos cuánto aumentó el número de los que comen y antes no comían, es muchísimo mayor que el número de hambrientos. Proporcionalmente y en términos relativos, que es lo que interesa, el hambre en el mundo ha disminuido enormemente, y eso es gracias a estas tecnologías.

Claro que son mercancías, obvio, funciona el capitalismo. Yo he conocido otros sistemas, todos peores, probadamente peores, y en el capitalismo los alimentos en la mayoría de los casos son mercancías. Los que no son mercancías, los que no acceden al mercado, al menos en el caso de Uruguay, son una ínfima minoría, porque los productores de subsistencia son un porcentaje muy bajo, e incluso los productores de subsistencia acceden al mercado con su producción.

Entonces no sé de qué mundo estamos hablando, si entramos en este terreno me parece que la discusión sobre la extranjerización pierde todo sentido y volvemos a las discusiones sobre si Uruguay va a ser el basurero de la celulosa del mundo, como se decía cuando estaba el tema de Botnia arriba de la mesa, y ese tipo de afirmaciones que me parecen absolutamente inconducentes.


***

EC - La venta de grandes extensiones de tierras a extranjeros, ya sean personas físicas, empresas o estados, ese es el tema que estamos discutiendo en la Tertulia Agropecuaria. Ahí queremos poner el foco, ahí apuntábamos con las preguntas que formulamos al principio, que no iban al método de producción. Porque la intervención de Carlos Vicente, de la ONG Grain, hacía un análisis mucho más amplio del asunto, incorporaba otro tipo de consideraciones, por ejemplo sobre lo que implica, en su concepción, necesariamente que se lleven adelante en un país grandes plantaciones de soja o de otros granos. Parece claro que acá en Uruguay el resultado hasta ahora no tiene ese carácter negativo.

GV - Yo creo que no, pero si lo tuviera, abarcaría por igual las grandes extensiones, los productores chicos y las inversiones que eventualmente puedan hacer países. Es un análisis del sistema productivo, y en eso Uruguay hasta el día de hoy tiene reglamentaciones claras que no se cumplían, pero aparentemente a partir del año que viene va a empezar con un plan piloto que apunta a controlar los sistemas productivos de forma que esas situaciones no pasen, que los monocultivos se roten según los suelos, algo que no se está haciendo al menos en América Latina, y Uruguay va a empezar a hacer cumplir. Eso es muy plausible y se aplica al productor de 10 hectáreas, a las corporaciones y si eventualmente invirtieran en tierras países, también los abarcaría.

EC - El asunto es si además de controlar el sistema productivo, además de monitorear y plantear reglas al sistema productivo, hay que observar o no el origen de la inversión.

RI - Sería bueno que alguna vez alguien argumentara por qué hay que considerar el origen de la inversión. ¿Cuál es la razón? Este es un país de inmigrantes. Se dirá que el inmigrante del siglo XIX venía con su fuerza de trabajo, y ahora viene con otro factor productivo que es el capital, que es la tecnología, que es el acceso a determinados mercados. Entonces, ¿por qué hay que controlarlo? Si controlamos que los recursos son sustentables, si cuando se quiere disminuir la importancia del sector agropecuario de dice que agrega poco valor y lo que se llevan estas empresas es parte del valor agregado, si lo que agregan es poco y solo se llevan una parte, ¿dónde está el riesgo?

En Uruguay hemos experimentado, en los últimos 20 años, pero básicamente en los últimos 10 años, una revolución tecnológica que en gran medida fue aportada por los extranjeros que invirtieron con tecnología de punta, que nos enseñaron –cosa que no sabíamos– a trabajar en redes. Hay muchos empresarios que no tienen un activo físico, y sin embargo generan una enorme cantidad de riqueza que se distribuye entre una enorme cantidad de agentes, obviamente con ellos también. Entonces, ¿por qué hay que cuestionar esas cosas? Habría que empezar por ahí y no partir de la base de que son “malos”, por los argumentos que daba este señor que habló recién, y entonces se los asocia a los transgénicos, a la celulosa, a toda una serie de fantasmas que se nos están agitando con fines que trascienden en mucho esta reunión. La dejo por acá.

***

EC - En agosto de este año el Gobierno del presidente Lula decidió aplicar restricciones a las compras de tierras por empresas extranjeras. Según lo que se informó en la prensa, el motivo fue el incremento de las adquisiciones de tierras agropecuarias por grandes empresas chinas, sobre todo, aunque también japonesas.

En primer lugar, la medida adoptada no es una disposición retroactiva, es una resolución que rige de ahora en adelante, que limita la superficie total que una empresa extranjera puede tener, que puede ir de 250 a 5.000 hectáreas según la región, y establece además que la suma de las áreas adquiridas no puede superar el 25% del tamaño de cada municipio.

Para charlar a propósito del caso de Brasil, estamos en contacto con el presidente de la Sociedad Rural Brasileña, Cesário Ramalho, teléfono mediante.

CESÁRIO RAMALHO:
Estoy en Santiago de Chile en un seminario del campo.

 
 Presidente de la Sociedad Rural Brasileña, Cesário Ramalho. (Foto: www.srb.org.br)
EC - Cuéntenos en primer lugar qué es la Sociedad Rural Brasileña, a qué tipo de productores reúne, a cuántos productores.

CR - La Sociedad Rural Brasileña es una entidad de defensa de la agricultura y de la pecuaria brasileña; fue fundada hace 91 años, tiene las oficinas en la ciudad de San Pablo y una amplitud nacional, en defensa de todo el campo de Brasil. No hay un productor específico, abarca toda la agricultura y toda la pecuaria brasileñas. La Sociedad Rural tiene entre 2.500 y 3.000 asociados.

EC - ¿Cómo observan la resolución del Gobierno del presidente Lula sobre las compras de tierras agropecuarias por empresas extranjeras?

CR - Estamos en contra. Lula se rodeó de malos consejeros que hicieron las cosas muy mal para el crecimiento de la agricultura en Brasil, el crecimiento de inversiones, porque hay mucho a invertir para crecer, para mejorar la agenda de los productores. Es una decisión del Gobierno y del presidente Lula que se cerró totalmente a las inversiones. Es una cosa que nos preocupa mucho. Estamos estudiando cuestionar esta medida del presidente ante el Supremo Tribunal Federal, la corte mayor de la justicia brasileña. Porque la agricultura brasileña si es buena, si es grande, si Brasil es el segundo mayor país del mundo en producción de alimentos es porque tenemos una contribución extraordinaria de inmigrantes alemanes, franceses, polacos, italianos, japoneses, hay una vinculación muy grande principalmente en el sur del país. Y el presidente Lula quiebra una tradición de libre acceso al territorio brasileño.

EC - Cuando se dio a conocer esta medida, el procurador general de la República, Luiz Lucem Adams, aclaró “no vamos a excluir la participación extranjera, lo que queremos es preservar el control nacional en la posesión de tierras. Las compañías se tendrán que adaptar y cooperar más con empresas locales”, y descartó que se esté poniendo fin a inversiones foráneas. ¿Qué dice usted?

CR - Yo no pienso como la asesoría, pensamos que debe ser libre, porque tenemos también muchos brasileños en Uruguay, en Bolivia, en Paraguay. Por tanto no queda bien este comportamiento del Gobierno brasileño, es una medida provocada por una probable compra del Gobierno de China, que nos causa un poco de preocupación, es el Gobierno de un país que va a comprar tierras, pero la economía brasileña tiene que estar abierta a los capitales internacionales.

EC - En el caso concreto de que hubiera interés de un Gobierno, como el de China, o de empresas de origen estatal chino, ¿ustedes entienden que habría que actuar, que habría que poner freno?

CR - No, primero debemos hablar sobre esto. No entiendo muy bien cómo puede un Gobierno llegar a Brasil. Nosotros tenemos dificultades con China, porque China no tiene un comportamiento [positivo] en la OMC, tiene un comportamiento de un país que no tiene una democracia plena, que no tiene reglas sociales, que no tiene reglas laborales, por tanto China nos preocupa mucho, el comercio con China nos preocupa. Y me preocupa mucho la cuestión de tierras, que venga el Gobierno chino a comprar. Si vienen empresarios, y vienen empresarios de todo el mundo, el país tiene que estar abierto, tenemos reglas muy claras para el comportamiento de los extranjeros en Brasil. Por ejemplo, un área periférica –creo son 25 kilómetros– de todo el país está protegida, allí solamente se pueden radicar brasileños, no se pueden quedar extranjeros. Entonces hay reglas, y no se acepta, no es inteligente en el momento en que el campo brasileño hay mucha necesidad de capital, de inversiones muy grandes, frenar el capital extranjero por un Estado que no tiene reglas, como tiene Uruguay, reglas laborales, reglas sociales.

RD - Usted dijo que está en Chile reunido con otras entidades agropecuarias del Mercosur. ¿Este tema de venta de tierras a extranjeros o a estados extranjeros ha sido manejado en la agenda?

CR - No, no está en la pauta, no se habla de esto acá. Es una cosa que pasa solamente en Brasil, no hay ninguna conversación, esta compra por extranjeros no está en la agenda de reunión del Mercosur.

América del Sur le está probando a todo el mundo que el agro es importante para el desarrollo de un país. Entonces hay que proteger al agro, y esta no es la manera de protegerlo. La producción agropecuaria hoy es muy importante, tal vez la cosa más importante que tenemos es la tecnología, la ciencia que tenemos para producir, no solamente la tierra. Crecemos en un sentido vertical, apoyados fuertemente en una tecnología que cada día implementa una cosa más. Por lo tanto cualquier cosa que cierre en este momento no es buena. China no es un país compañero, no tiene las mismas reglas que todos nosotros. Por tanto tratamos el caso de China, pero nunca vamos a limitar la tierra a todos los otros extranjeros que tanto hicieron por el país.

***

EC - Después de escuchar al segundo invitado, volvemos al tema de hoy.

RI - Había quedado colgado un comentario sobre el tema concentración, yo quería decir un par de cosas sobre eso. Se habla mucho de la concentración de la tierra asociada con la extranjerización. Son cosas independientes. La inversión extranjera se ha dado mucho en Uruguay en la agricultura, y la agricultura requiere escalas crecientes de producción, entonces está bien. Las empresas extranjeras llevan a cierta concentración, pero lo mismo que las uruguayas, las mixtas o las que sea, porque es inherente al sistema productivo, no pasa eso en otras producciones, por ejemplo la ganadera responde mucho menos a economías de escala, y por lo tanto ese problema es mucho menor.

El otro punto es que se asocia concentración con propiedad, cosa que también es falsa. Las grandes concentraciones han sido en nuestro caso en la gestión mucho más que en la propiedad. Es decir, empresas que gestionan superficies de 100.000 hectáreas de agricultura, pero de repente no tienen ninguna o tienen 5.000 en propiedad. Son cosas diferentes. Creo que esa gestión centralizada de empresas grandes puede ser y en general es mucho más eficiente que la que se centra en escalas muy reducidas que no permiten disminuir costos significativamente.

GV - Alguna aclaración. En Uruguay toda la vida hubo inversiones de extranjeros, aunque quizás proporcionalmente muchísimo menos que hoy, y el crecimiento que tuvo la agropecuaria en los últimos años vino de la mano de inversiones extranjeras, y hasta ahora no se había demonizado el tema. Hoy basta con que un país tire un globo sonda para ver si puede invertir en Uruguay para que todos nos pongamos como erizos y en alerta.

EC - Porque ha habido dos ejemplos, el caso de Arabia Saudita y el del Emirato de Qatar. Sondeos, averiguaciones…

RI - ...Oferta, ninguna.

EC - Nadie sabe que hayan ido con una oferta concreta a comprar tantas hectáreas de tierra. Pero el propio Gobierno maneja esos casos.

GV - Ahí hay que hacer dos aclaraciones. ¿Por qué demonizamos el hecho de que un país venga a comprar? Porque la gente inconsciente o conscientemente asocia que un país no viene a comprar 500 hectáreas, viene a comprar grandes áreas, entonces lo que se cuestiona en realidad no es quién es el comprador, porque es tan extranjero como todos los extranjeros que están comprando, sino que va a comprar mucho volumen. Y después la gente piensa que si la compró un país vamos a perder la soberanía, que van a poner “Bienvenido a Arabia Saudita” en la portera de entrada y ese campo se va a regir por las leyes árabes, cosa que es totalmente impensable. Uruguay nunca va a perder la soberanía, la tierra va a seguir siendo uruguaya, esté quien esté arriba, y todo lo que se produzca en esa tierra, que es lo más importante –porque la gente dice “van a producir lo que quieran y se lo van a llevar”– va a estar reglamentado por las leyes uruguayas. Pongo el ejemplo de Argentina, si los árabes hubieran comprado tierras y Argentina prohíbe exportar trigo, aunque tuvieran trigo no se lo podrían a llevar para Arabia, entrarían en las leyes del país donde están y se lo podrían llevar el día que se lo permitieran. Acá es exactamente igual, no perdemos el control ni de lo que se haga en ese campo ni de lo que se produzca en ese campo.

Volviendo a tu ejemplo de si quisieran comprar Paysandú. Hace 10 años en Uruguay la tierra valía en promedio en el entorno de 400, 450 dólares. Uruguay tiene 18 millones y pico de hectáreas, vamos a poner 20 millones para hacer cuentas redondas; hace 10 años el Uruguay se compraba con 8.000 millones de dólares. Hace 10 años era más barato comprar Uruguay que invadirlo, lo compraban y ganaban plata. Hoy gracias a que se empezó a abrir, a que el mundo nos dejó de mirar como caníbales y empezó a agarrar confianza e invertir en Uruguay, la globalización famosa de la que tanto escuchamos y mucha gente no entiende qué es, Uruguay en promedio debe de valer 4.000 dólares. Quien quiera comprar Uruguay no lo va a hacer con 8.000, va a tener que poner 80.000 millones de dólares.

EC - Tampoco es una cifra imposible en los movimientos de capitales que se están dando en el mundo.

GV - Con 8.000 millones de dólares no precisabas países, había muchas personas individuales que podían haber comprado el Uruguay. Pero el hecho de que el Uruguay sea no del Estado sino de privados es porque es reactivo al mercado, si alguien quiere comprar el mercado reacciona y se posiciona a un precio. Pongo un ejemplo que pasó no hace mucho tiempo: cuando Stora Enso en una total ingenuidad de su director salió a decir públicamente que quería comprar 100.000 hectáreas en el centro del país antes de comprar una, el centro del país en dos meses multiplicó por dos el precio de la tierra.

EC - De todos modos hay países, no es solo el caso de Brasil, que tienen regulación a los efectos de filtrar las compras de tierras realizadas por extranjeros. Hace pocos días hablábamos con el embajador de Nueva Zelanda para Uruguay y Argentina, y él detallaba la normativa que tienen vigente en ese país desde el año 73 para las compras de una serie de bienes sensibles. En esas categorías una es la de las tierras destinadas a la producción agrícola. Lo primero que está establecido en Nueva Zelanda desde el 73 es que cualquier compra de ese tipo que aluda a un predio de más de cinco hectáreas debe ser examinada. La Oficina de Inversiones Extranjeras tiene que manejarse con una serie de criterios a los efectos de aprobar esas compras. Por ejemplo, si esa inversión contribuye positivamente al desarrollo económico y el bienestar social de Nueva Zelanda; si la inversión va a crear nuevas oportunidades laborales; si va a introducir nuevas tecnologías o habilidades comerciales; si va a desarrollar o incrementar los mercados de exportación; si va a mejorar la competencia, la eficiencia o la productividad del mercado; si va a mejorar los servicios domésticos; si va a introducir nuevas inversiones con fines de desarrollo o si va a incrementar el procesamiento de productos primarios de Nueva Zelanda. A raíz de estos debates, a esa normativa ahora se le van a incorporar dos criterios más: uno, la necesidad de proteger e impulsar los intereses económicos nacionales –todavía tienen que definir este término, eso se va a conocer ahora en noviembre–, y en segundo lugar si la inversión permite alguna medida de control regulatorio por parte de Nueva Zelanda; esto podría darse, por ejemplo, si la empresa nominara directores neocelandeses o mantuviera la sede de la compañía en territorio neocelandés.

¿Qué dicen de este tipo de experiencia?

RI - Yo empezaría por reforzar el tema del desarrollo institucional del país. África no es lo mismo que Brasil, claramente, y Brasil no es lo mismo que Uruguay o que Nueva Zelanda. El riesgo no son los extranjeros, el riesgo es la falta de institucionalidad, que hace que las inversiones puedan ser con cualquier fin y a cualquier precio. No es nuestro caso.

Si analizamos esas condiciones de Nueva Zelanda, creo que la mayoría de las inversiones extranjeras que se están dando en Uruguay cumplen con todas ellas o con el 90%. Esas condiciones no me dan miedo, me da miedo la gestión de esas condiciones.

EC - Hoy este tipo de controles no existe, no hay un análisis que pase por este filtro de requisitos.

RI - Generalmente no. Hubo por el lado de las sociedades anónimas, que después se hizo genérico para todo el mundo, independientemente de su nacionalidad, también demonizando a las sociedades anónimas.

Creo que todas esas condiciones, que son de sentido común, en general se cumplen, las cumplen todas las empresas. Yo le tengo miedo a la gestión de eso, que eso pase a ser dirigido por una dirección o una comisión que demore tres años en expedirse, porque eso implica matar la inversión extranjera, que es absolutamente beneficiosa en el caso de Uruguay.

GV - Coincido con el Catalán, a mí me parece estupendo lo de Nueva Zelanda, pero con la cabeza de los neocelandeses. En Uruguay hacer eso implica automáticamente prohibir, lo vivimos hace pocos días con el tema del agua, fue clarísimo.

EC - Te referís a cómo está funcionando en el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente la Dirección Nacional de Aguas y Saneamiento, por la cual deben pasar los proyectos de riego.

GV - En los últimos dos años no se aprobó ninguno porque no había gente para estudiarlos. Una inversión no espera dos años a que contratemos gente para estudiarla. Eso no pasa en Nueva Zelanda.

El tema es mucho más de fondo en esto, Uruguay es un mercado chico, con poco capital se logra una buena participación, sea comprando tierra, sea comprando industrias, sea plantando. Uruguay se jacta –y yo soy un gran defensor– de tener al menos en los rubros agropecuarios un libre mercado que debe funcionar en su sano equilibrio. Uruguay debe regular, controlar y monitorear la concentración de inversiones, ya sea en campo, en áreas a plantar, en industrias frigoríficas, en la industria de la celulosa, en la industria láctea; nos pasó que tuvimos casi monopolios en la industria molinera y así nos fue a los agricultores, y tuvimos monopolio completo en la industria aceitera y así nos fue, no se plantaba una hectárea de soja en el país. Lo que se debe hacer es monitorear que esas concentraciones de cualquier cosa no actúen sobre el libre mercado. Es ahí que Uruguay debe generar instancias de control. Esas grandes concentraciones pueden ser de capitales uruguayos, pueden ser de extranjeros o pueden ser de países, no debemos restringir el control solamente porque sean países. Y cuando digo control no es prohibir, es controlar gestión, controlar lo que se produce y controlar sobre todo que la concentración no afecte el libre mercado.

***

EC - Da la impresión de que apenas si estamos entrándole al tema, que por otro lado es muy complejo y muy abierto, se cuelan argumentos distintos e inquietudes diferentes.

RD - Sobre todo se mezclan mucho.

EC - Vamos a retomarlo con otras voces, con otros enfoques, eventualmente en otras tertulias en En Perspectiva.

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Transcripción: María Lila Ltaif


Apoyaron esta Tertulia Agropecuaria: 


Laboratorios Santa Elena
Tanzi
Barraca Erro
Botnia UPM


Próxima Tertulia Agropecuaria, desde el congreso “Del campo al Plato”, en el Latu.
"La innovación ganando competitividad en el agronegocio cárnico".
Martes 23 de noviembre, a las 9.30 Hs.


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