Esto se debe a que la formación genética de los espermatozoides cambia a medida que un hombre envejece y desarrolla un código de ADN que favorece una vida más larga.
Desde hace tiempo se sabe que la perspectiva de vida de un individuo está vinculada a la longitud de unas estructuras llamadas telómeros, que se ubican en las terminaciones de los cromosomas que alberga el ADN y ofrecen protección a las células, que se están continuamente dividiendo a lo largo de la vida de una persona.
De este modo, cada vez que una célula se divide los telómeros se hacen más cortos, de ahí que los telómeros más largos estén relacionados con un envejecimiento más lento y con una vida más larga.
Sin embargo, los científicos descubrieron que en el esperma los telómeros se alargan con la edad y pueden heredarse a sus descendientes.
Por lo tanto, los investigadores creen que, más allá de los riesgos que conlleva tener hijos a una edad avanzada, puede tener beneficios para la salud a largo plazo.